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La era de la fuerza bruta como toda Ley

Domingo, 11 de enero de 2026 01:54
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Liú Cíx n es un escritor chino de ciencia ficción mundialmente conocido por la "Trilogía de los Tres Cuerpos". Otro libro menor de Liú -aunque interesante- es "La era de la supernova"; una ficción en la que tras la muerte de una estrella a ocho años luz de distancia de laTierra surge una supernova de alta energía, que se hace visible en nuestro firmamento tras ocho largos años, hasta que su luz y energía alcanzan la Tierra. El cielo brilla con dos soles y, al poco tiempo, se sabe que dada la enorme radiación que portan estos nuevos rayos, en apenas un año todos los adultos mayores a trece años habrán muerto por el nivel de radiación. Comienza entonces, una cuenta regresiva hacia un mundo sin adultos.

Estos intentarán transmitir a los niños todo el conocimiento posible como para que puedan mantener el mundo en funcionamiento. Pero esta última generación no tiene interés en dar continuidad al legado de sus progenitores. Y, aun deseando un futuro distinto; todavía no tienen ni la madurez ni el grado de pensamiento requerido para sostener una civilización. Tampoco son capaces de dejar de jugar. Así, mientras comparten algunos rasgos comunes cada sociedad "juega" de maneras distintas. Algunos decantan por la violencia extrema; otros por un letargo impasible.

En una especie de reversionado tecnológico y gran escala de la novela de William Golding, "El señor de las Moscas"; esta fantasía muestra cómo podría ser una humanidad infantilizada; sin manuales de usuario ni tutores que la guíen ni controlen. Notable pero el paralelismo con nuestra situación actual no podría ser más sorprendente.

Poder de fuego, poder real

En el mundo infantilizado de Liú el único poder que importa es el de las armas. Y la guerra es un juego más. Uno que los niños en la novela llevan hasta extremos inimaginables. En el mundo actual nuestro, también.

Pocas personas pueden sentir alguna simpatía -menos empatía- por Nicolás Maduro o por Cilia Flores. Tampoco por Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello o Vladimiro Padrino López; criminales que siguen en libertad. Maduro es una persona horrible; un dictador con todas las letras; un hombre que sembró y alimentó un régimen salvaje que durante más de dos décadas persiguió, proscribió, torturó, violó y asesinó a toda clase de opositor; civil, militar, estudiante o extranjero. Una persona siniestra que alimentó una disrupción económica y política sin igual que provocó la diáspora de más de ocho millones de migrantes.

Gracias al chavismo, la autodeterminación de los pueblos es un eufemismo para los venezolanos. Es verdad.

Pero, si hay una lección que aprender del último siglo, es que cada vez que Estados Unidos intentó derrocar por la fuerza incluso al régimen más deplorable imaginable; resultó en algo peor. Estados Unidos pasó 20 años sin lograr crear un gobierno estable en Afganistán y, al final, la abandonó a su suerte de la peor manera posible. Todavía están frescas las imágenes de los aviones militares abandonando a la población civil "colaboracionista" en la pista, a merced de los contrarrevolucionarios. En Libia reemplazó la atroz dictadura de Muamar Khadafi por un Estado fracturado que, aún hoy, sigue sin funcionar. Y aún resuenan -tanto en Estados Unidos como en el Medio Oriente- las consecuencias de la guerra de Irak de 2003. En nuestra región, Estados Unidos ha desestabilizado a países como Chile, Cuba, Guatemala, Panamá y Nicaragua derrocando sus gobiernos por la fuerza.

Esta vez, la justificación nominal del nuevo aventurerismo militar de Trump es "destruir a los narcoterroristas que arruinan a Estados Unidos". Es llamativo. Venezuela no produce ni el fentanilo ni ninguna de las otras drogas responsables de la "epidemia zombi" que aqueja y destruye a Estados Unidos. Si, en cambio, produce la cocaína que va a Europa; esa misma Europa que Trump dejó librada a su suerte ante la preocupante ambición rusa.

En su accionar, la "Presidencia Imperial" que encarna Trump viola la propia ley norteamericana al actuar sin conocimiento ni aprobación del Congreso. Pero ya Trump actuaba fuera de la Ley en el Caribe cada vez que bombardeaba supuestas embarcaciones venezolanas narco sin detención previa; juicio ni posibilidad de defensa. ¿Cuántas fueron, de verdad, embarcaciones dedicadas al narcotráfico? ¿Habrán muerto civiles inocentes en esos bombardeos; tan mediatizados? ¿Lo sabremos alguna vez?

Un duro editorial de "The New York Times" dijo: "Al avanzar sin ninguna apariencia de legitimidad internacional, autoridad legal válida o respaldo interno, el señor Trump corre el riesgo de proporcionar una justificación a autoritarios en China, Rusia y otros lugares que buscan dominar a sus propios vecinos. Más inmediatamente, amenaza con replicar la soberbia estadounidense que condujo a la invasión de Irak en 2003".

"Esferas de influencia"

Para Trump el mundo está dividido en "esferas de influencia" y, según su visión, el hemisferio occidental es su área de dominio exclusivo; algo que puede ser visto como una recuperación y radicalización de la Doctrina Monroe del siglo XIX que estableció el lema "América para los americanos".

Bajo lo que se ha comenzado a llamar "Corolario Trump", el mensaje ahora es que Estados Unidos será el único que mande en su "patio trasero". O sea, nosotros. Con esta aspiración, Estados Unidos busca expulsar a todos sus adversarios de "su esfera de influencia"; y buscará alinear -como sea- a los gobiernos que quedan dentro de ella. Si necesita dictadores para hacerlo; lo hará. La vice-dictadora Delcy Rodríguez parece ser la mejor evidencia de esto.

Así, aunque la captura de Maduro pueda parecer a primera vista un mensaje a los aliados de Rusia y China en la región, el mensaje, en cambio, es bien recibido en Moscú y en Pekín. Bajo la lógica de "esferas de influencia", la acción de Washington en el Caribe valida la narrativa de Putin de que Rusia tiene derecho a controlar a Ucrania por pertenecer a su zona de influencia directa. Del mismo modo, los sectores más duros chinos que abogan por una acción similar sobre Taiwán ven en la operación en Caracas una prueba de que las grandes potencias pueden actuar en sus vecindades sin que la comunidad internacional pueda -o quiera- hacer nada por detenerlas.

Y aquí yace el mensaje más fuerte de todos; las agencias internacionales no sirven más; están muriéndose; como los adultos de la novela de Liú. Bajo el imperio de la Fuerza no vale más la Ley Internacional. Con la fuerza como ley, mueren las reglas internacionales que moldearon el mundo de la era anterior.

Lo que estamos viviendo hoy -tras la quirúrgica extracción y detención de Maduro-, es un tsunami geopolítico que pronto alcanzará y sacudirá a todo el mundo. Está naciendo una nueva Era: la de la fuerza y el poder como Ley. Y, también como en la novela de Liú, en este nuevo escenario las únicas potencias con derecho a decidir serán las nucleares. Al resto sólo le quedará alinearse como les corresponda. O como puedan.

Otro niño más

La secretaria general de Trump, Susie Wiles, dijo que Trump tenía "la personalidad de un alcohólico". Me parece que se equivocó. Trump muestra el comportamiento de un "bullying" de 13 años; uno con juguetes enormes y poderosos; y que juega a ser emperador. Trump es el niño de 13 años -Herman Davey- que quedó a cargo de los Estados Unidos cuando los adultos se retiraron a morir en la ficción de Liú.

Pero no es el único niño. Acá, en la esfera de influencia de Trump; Milei escribió: "Principio de revelación. En días históricos como el de hoy podemos ver realmente de qué están hechos algunos dirigentes y formadores de opinión. De un lado está la democracia, la defensa de la vida, la libertad y la propiedad. Esos valores que muchos dicen defender pero sólo defienden cuando les queda cómodo. Del otro lado están aquellos cómplices de una dictadura narcoterrorista y sangrienta que ha sido un cáncer para nuestra región sembrando la enfermedad del Socialismo del Siglo XXI, con su consecuente miseria y muerte. Aquí no hay medias tintas ni grises. Se está del lado del BIEN, o se está del lado del MAL. Y todos aquellos que hoy no defiendan con uñas y dientes la causa de la libertad son parte del problema y no de la solución. Celebramos la caída del dictador narcoterrorista Maduro. La Argentina está lista para ayudar en la transición a una Venezuela libre, democrática y próspera. Viva la libertad carajo ... !!!"

Voy a obviar comentarios; no hay nada que agregar. El señor presidente de la Nación no puede -nunca- dejar de hacer gala de su gran constipación intelectual y emocional. Es sólo otro adolescente más.

"La caída de un dictador es siempre una buena noticia. La intervención militar de una potencia extranjera, no" dijo, con tino, Pablo Avelluto. Que el derecho internacional "no sirva más" no puede ser tomado a la ligera ni con alegría y trivialidad. Que la Fuerza valga más que la Ley; tampoco. Que las chances de Venezuela de una transición a una democracia sustentable y duradera sean mucho menores que los riesgos a una implosión -un colapso del Estado sobre sí mismo-, o una explosión -irradiación de refugiados, droga y mayor inestabilidad a su vecindad-; tampoco es alentador. Que Colombia, Cuba y Groenlandia sigan en la "lista de deseos" del emperador amerita pensar sin mucho por celebrar.

 

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