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El presidente Milei, durante las últimas fiestas navideñas, obsequió a su gabinete un libro extraño (por calificarlo de alguna manera): "Defendiendo lo indefendible", del anarcocapitalista Walter Block. El título resultó premonitorio, una epifanía digna de las Fuerzas del Cielo y de la pitonisa Karina. Pocos días después, para darle un marco institucional a la pirueta retórica, el Gobierno presentó la Oficina de Respuesta Oficial (ODRO), cuyo objetivo declarado es "desmentir activamente la mentira" y "dejar en evidencia las operaciones de la casta". Irónicamente, su primera batalla no fue contra el socialismo internacional, sino contra el sentido común.
No transcurrieron ni 60 días para que el profético título de Block cobrara vida. Todo el gabinete debió salir en formación de falange a defender a su jefe, el ahora conocido como "el deslomado" Adorni. La prueba de fuego los dejó a todos chamuscados; las excusas eran tan pueriles que ni el manual más creativo de Block lograba rescatarlas. Karina salió con los tacones de punta, brindando su "apoyo total e incondicional frente a tanta basura mediática". Como fieles cachorritos, los imponentes ministros repitieron el mantra.
Sin embargo, nadie explicó qué era exactamente la "basura". ¿Acaso la esposa de Adorni no viajó a Nueva York? ¿No lo hizo en el avión presidencial? La ODRO, esa flamante Gestapo de la Verdad, mantuvo un silencio sepulcral, limitándose a denunciar como fake news una foto de la pareja con bolsas de Prada. Aparentemente, el pecado no es el uso del avión, sino el gusto por el lujo italiano.
Incluso el presidente, con su habitual humildad, trató de ignorantes a los economistas que cuestionaron el viaje, invocando el "costo marginal". Según esta nueva física libertaria, si un avión ya vuela, subir a la familia, al perro y a un par de primos tiene un costo de cero pesos. El argumento ignora detalles mundanos como seguros, catering y la física básica: el peso extra consume combustible. Pero el costo más evidente surge de que esa plaza "vacía" podría haber ahorrado los pasajes de línea de los funcionarios que sí viajaban a trabajar.
Sobre el viaje familiar a Punta del Este en vuelo privado, ya no hubo clases de microeconomía; se alegó que eran "cuestiones privadas". Una respuesta bien castiza (propia de la casta). Parece que la frase "No hay plata" tenía una letra chica: "No hay plata... para los que no tienen un pariente en el gabinete". Mientras el ciudadano promedio hace malabares con el costo marginal de un kilo de carne, los adalides de la libertad disfrutan del costo marginal de los cielos. La saga de "Defendiendo lo indefendible" tiene ahora su secuela en las revelaciones del caso $Libra.
Un capítulo que promete superar al original en niveles de audacia. Preparen el pochoclo, que la ética está por pedir el retiro voluntario.
"Galería de los horrores"
Al margen de la gravedad institucional del affaire del esforzado jefe de Gabinete, esta nota busca señalar un hecho que no puede pasar inadvertido: la entrega del subversivo y cuasi delictivo texto de Walter Block a la plana mayor del Estado. Más allá del sainete, el fondo de esta cuestión es sombrío: la entrega de este libro no es un gesto de cortesía, sino un intento deliberado de adoctrinar al gabinete en las tesis más abyectas y criminales de Block. Lo que Milei puso en manos de sus ministros es, en rigor, un compendio de apología del delito; una provocación que habría ameritado que el Congreso exigiera explicaciones formales por escrito al presidente.
Leer este perverso librito es como visitar los "freak shows" del Circo Barnum a principios del siglo pasado, donde se exhibían las más espeluznantes monstruosidades de la naturaleza.
Originalidad no le falta: el libro encomia la "labor social" de narcotraficantes, chantajistas, proxenetas y explotadores infantiles, a quienes considera héroes incomprendidos del mercado. Para Block, los villanos no son quienes contratan niños, sino quienes prohíben el mercado libre de trabajo infantil, condenándolos -según él - al desempleo. La clave sería la "voluntariedad": si un niño acepta el trato, hay beneficio mutuo. Un arcoíris de crueldad que dinamita siglos de avances en derechos humanos. Al final del día, la pedagogía presidencial es coherente. Si el gabinete aprendió a ver a un explotador infantil como un benefactor social, defender que un jefe de Gabinete use el avión presidencial como taxi familiar es apenas un ejercicio de calentamiento. Después de todo, en el universo de Milei y Block, la libertad no es otra cosa que el derecho de los elegidos a no tener que pedir perdón por los privilegios, mientras el resto de los mortales pagamos el "costo marginal" de su descaro.