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Durante meses, el nombre del operativo “Paga Dios” circuló en ámbitos judiciales y de investigación sin exposición pública. No era un caso cerrado ni una causa resuelta: era una búsqueda abierta, con pistas fragmentadas y un acusado que había logrado mantenerse fuera del radar. Esa situación cambió en las últimas horas, cuando un trabajo coordinado permitió detener a un ciudadano boliviano de 27 años, señalado como integrante de una organización criminal dedicada a robos agravados.
La captura fue realizada por efectivos del Departamento Federal de Investigaciones (DFI) de la Policía Federal Argentina (PFA), en el partido de Lomas de Zamora, en el marco de un procedimiento impulsado por el Ministerio de Seguridad Nacional. Sobre el imputado pesaba un pedido de captura nacional por el delito de robo agravado, vinculado a un violento asalto cometido en 2024.
Un asalto que reactivó la causa
Según consta en el expediente, uno de los hechos centrales de la investigación ocurrió en abril de 2024, cuando el acusado habría ingresado junto a un cómplice a una vivienda ubicada en Valentín Alsina, partido de Lanús. Una vez dentro del domicilio, y mediante el uso de un arma de fuego, los atacantes amenazaron a los moradores para apoderarse de dinero en efectivo, joyas, electrodomésticos y prendas de vestir. Tras concretar el robo, escaparon del lugar sin ser detenidos.
Ese episodio permitió reconstruir el accionar de una banda integrada por más de tres personas, dedicada a la planificación y ejecución de ilícitos con un mismo patrón: irrupciones violentas, amenazas armadas y una rápida huida con el botín.
Del estancamiento a la pista clave
En una primera etapa, la causa quedó en manos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, aunque con el paso de los meses no se lograron avances significativos para dar con el principal sospechoso. Frente a esa situación, la Unidad Funcional de Instrucción N° 5, a cargo del fiscal Martín Darío Rodríguez, resolvió transferir la investigación a la División Búsqueda de Prófugos de la PFA.
A partir de allí, el enfoque cambió. Los investigadores iniciaron tareas de ciberpatrullaje y análisis de fuentes abiertas, utilizando herramientas de inteligencia OSINT. Ese trabajo permitió identificar perfiles en redes sociales vinculados al acusado y reconstruir parte de su vida cotidiana durante el período en que permaneció prófugo.
Un rol inesperado
El dato que terminó por destrabar la causa fue tan llamativo como determinante: el sospechoso participaba activamente como predicador de un grupo de jóvenes en una iglesia evangélica de Llavallol, a pocas cuadras de su domicilio. Esa rutina, sostenida en el tiempo, permitió a los federales establecer patrones de movimiento y confirmar su identidad sin levantar sospechas.
Con esa información, se montó un operativo discreto y sigiloso en las inmediaciones del templo religioso. Allí, los efectivos detectaron a un individuo cuyas características físicas coincidían con las del prófugo buscado. Tras una identificación positiva, se procedió a su detención, sin que se registraran incidentes.
A disposición de la Justicia
El detenido quedó a disposición del Juzgado de Garantías N° 4 del Departamento Judicial de Avellaneda–Lanús, a cargo del juez Agustín Amatriain, que deberá resolver su situación procesal en el marco de la causa por robo agravado y presunta asociación delictiva.
El operativo cerró así una investigación que combinó inteligencia digital, trabajo de campo y seguimiento silencioso, y que permitió localizar al acusado en un contexto que, hasta último momento, parecía ajeno a cualquier sospecha.