La llegada de las reliquias de Santa Mama Antula a la parroquia San José de Cerrillos le da un marco especial a la historia de una mujer que caminó la fe hasta convertirse en la primera santa argentina. La comunidad parroquial recibirá este signo de profunda devoción el domingo 1 de febrero desde el mediodía y las reliquias permanecerán en el templo hasta el lunes 2 de febrero a las 8, con una invitación abierta a acompañar durante toda la noche en oración, especialmente por los enfermos.
De Santiago del Estero al corazón del país, María Antonia de Paz y Figueroa desafió prejuicios, recorrió miles de kilómetros a pie y sostuvo la misión jesuita cuando fue expulsada. Su vida de entrega y perseverancia la llevó a la canonización en 2024 y hoy su testimonio vuelve a hacerse presente, de manera concreta, en cada comunidad que recibe sus reliquias.
En la Iglesia católica se llama reliquias a los restos de los santos después de su muer te. En un sentido más amplio, una reliquia constituye el cuerpo entero o cada una de las partes en que se haya dividido, aunque sean muy pequeñas.
La historia de Mama Antula es la de una mujer adelantada a su tiempo, marcada por una fe inquebrantable y una vocación misionera que atravesó fronteras, prohibiciones y resistencias. Nacida en 1730 en Santiago del Estero, en el seno de una familia aristocrática, recibió una educación poco común para una mujer de su época: aprendió a leer y escribir en español y francés, y adquirió sólidos conocimientos religiosos, sociales y políticos bajo la guía de los jesuitas.
Desde muy joven sintió un profundo llamado espiritual. A los 15 años comenzó a acompañar a la Compañía de Jesús como beata, participando activamente en la evangelización de los pueblos originarios santiagueños. Enseñaba la Palabra de Dios, promovía la alfabetización y colaboraba en el desarrollo de técnicas agrícolas y ganaderas, combinando fe y compromiso social.
El punto de quiebre llegó en 1767, cuando la Corona española expulsó a los jesuitas de América. Lejos de abandonar la misión, Mama Antula asumió el desafío de continuar los Ejercicios Espirituales ignacianos. A los 38 años inició un extenso peregrinaje a pie y descalza por el Noroeste argentino, llevando consigo apenas una Biblia, un rosario y una convicción inquebrantable.
Recorrió Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y Córdoba, organizando retiros espirituales y fundando casas de recogimiento para hombres y mujeres. En cada lugar, su palabra y su ejemplo convocaban multitudes. En 1779 llegó a Buenos Aires, donde fundó la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, abierta a todos los sectores sociales y sostenida a fuerza de perseverancia.
Beatificada en 2016 por el Papa Francisco y canonizada en 2024, Mama Antula se convirtió en la primera santa argentina. La visita de sus reliquias a Cerrillos renueva ese legado y convoca a la comunidad a vivir una experiencia de fe, oración y encuentro, recordando a una mujer que hizo de su vida un camino al servicio de Dios y de los más humildes.