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15 de Febrero,  Salta, Centro, Argentina
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Roberto Romero: El político que entendió el Estado como herramienta de progreso colectivo

Figura central en la historia de El Tribuno y ex gobernador de Salta, su memoria sigue viva en el pueblo y su proyecto de provincia y de integración regional, absolutamente vigentes.
Domingo, 15 de febrero de 2026 01:01
Roberto Romero (1927 - 1992).
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A 34 años de su muerte, la figura de Roberto Romero se agiganta y se proyecta mostrando el rumbo imprescindible para el desarrollo de Salta y del país.

En los sectores populares, el recuerdo de su gobierno, entre 1983 y 1987, se transmite de generación en generación. Su sensibilidad social le permitía comunicarse con fluidez con la gente más postergada, habitualmente sin acceso a funcionarios y legisladores.

Pero esa capacidad de comunicación no nacía solo de su carisma, sino también de su experiencia como hombre de trabajo, que además sabía cuánto duelen las carencias y los olvidos. Desde su adolescencia, Roberto madrugaba para hacer el reparto de los productos de la huerta familiar en un carro tirado por un caballo. Y sabía, asimismo, lo que era estar a tiempo para entrar puntualmente a la escuela después de trabajar.

Esa experiencia de superación personal ya se había puesto de manifiesto cuando, en 1958, asumió la dirección del diario El Tribuno y le imprimió la mística del trabajo, el respeto por la gente y el amor por Salta.

Durante su gobierno, se multiplicaron los colegios secundarios y terciarios en todos los rincones de la provincia, en un esfuerzo para que incluso los jóvenes de los pueblos más alejados de las grandes ciudades no se vieran encerrados en la disyuntiva entre la exclusión o la migración.

En la gestión de Roberto Romero, la política preventiva de salud pública fue absolutamente prioritaria y para eso se incorporaron centenares de agentes sanitarios que controlaban, casa por casa, el nivel nutricional de los niños y sus madres y el cumplimiento del programa de vacunación.

En esos años fue notable esfuerzo dirigido a optimizar la atención a la gente y el abastecimiento en hospitales y centros de salud de todo el territorio. Un símbolo de ese proyecto fue la incorporación del primer tomógrafo de todo el norte.

Con ese mismo impulso de la política social se construyeron más de nueve mil viviendas y se desarrolló un programa para ayudar a las familias de menores ingresos para realizar mejoras en sus casas.

El Programa de Viviendas Populares (Pro. Vi. Po), un plan para la sustitución de viviendas precarias, fue diseñado, dirigido y financiado por un organismo creado específicamente para ese objetivo, pero la mano de obra estuvo a cargo de las mismas familias, que también pagaron el costo en materiales. Las obras de Pro.Vi.Po marcaron un antes y un después para esos barrios.

La impronta de aquel gobierno fue la dinámica del Estado, imprescindible aún hoy, para el desarrollo y la relación armónica con el sector privado, que respaldó las iniciativas, incluso algunas que parecían utópicas, como la construcción del Teleférico o el centro polideportivo Delmi, destinadas a poner a Salta en un lugar privilegiado dentro de la agenda turística del país y del mundo.

El federalismo y la integración

Roberto Romero estaba convencido de que la vía para generar trabajo, ingresos y calidad de vida era la de impulsar proyectos productivos y construir infraestructura para alentar la inversión y la innovación en la actividad privada. Contaba, además, con una condición personal: una visión actualizada del mundo que, habitualmente, está ausente de la agenda de la política, las elecciones y el poder.

Por eso concebía al federalismo como condición esencial para el desarrollo regional. Pero un federalismo diferente del que mencionan las retóricas habituales, limitadas a que todo llegue desde la Pampa Húmeda y el puerto.

En primer lugar, sostenía que las provincias debían tener iniciativa, porque el poder central jamás se esmeraría en construir el federalismo real por impulso propio ni espontáneamente. De ese modo, Romero se puso al frente del proyecto del Norte Grande, para integrar a las nueve provincias del NOA y el NEA y al norte de Santa Fe en un proyecto ambicioso: generar un corredor interoceánico que vinculara a la gran región con el sudeste de Brasil, con Paraguay, Bolivia y el norte de Chile. El objetivo era producir una corriente de intercambio comercial formidable con los mercados del Atlántico y aprovechar los puertos chilenos para facilitar las operaciones de comercio exterior con los países asiáticos.

En los años '80, China estaba muy lejos de convertirse en la superpotencia que hoy conocemos, aunque era el país más poblado del mundo y ya insinuaba un cambio de rumbo significativo. Para entonces, Corea del Sur, Singapur, Hong Kong y Taiwán exhibían un crecimiento exponencial basado en la producción industrial y en la alta tecnología.

Hoy el mundo comercial tiene su centro de gravedad en el Océano Pacífico y la Argentina ha retrocedido, en términos generales. América latina tampoco ha sostenido las alianzas que ensayaba y, hacia adentro, el federalismo es cada vez más parecido a una expresión de deseos.

Por eso, la visión de Roberto Romero continúa estando absolutamente vigente. El creyó en el futuro y en la capacidad de superación de la sociedad y de la Patria. Y no lo creyó como una mera ilusión, sino como una posibilidad real, que sigue existiendo, pero que se realice depende de los gobernantes y las instituciones.

El nunca imaginó a las provincias como feudos, sino como depositarias de un enorme potencial, que incluye la producción minera y agroganadera, pero que requiere la aptitud para incorporar valor agregado a través de la industrialización y la modernización tecnológica.

Nunca se aferró al poder que otorga la función de gobernador, porque nunca consideró que la provincia le perteneciera. El pensó la gestión como una empresa, pero una empresa colectiva, cuyo propietario es el pueblo salteño. Y siempre sostuvo que el camino del federalismo se iba a recorrer defendiendo con firmeza los derechos de cada provincia, pero acordando con el poder central y contribuyendo, de ese modo, a la grandeza y la unidad de la Nación.

 

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