Las cimas siempre conmueven. Hasta los más duros se arrodillan ante la grandeza de la cumbre. Es una emoción que quebranta, que supera todo lo vivido antes y que enseña sobre la capacidad humana para cumplir los sueños. Griselda Moreno, Mercedes López y Mariela del Valle Flores abrazaron en su cumbre al Nevado de Cachi, se abrazaron entre ellas, y la montaña les regaló también su abrazo.
Picos emblemáticos si los hay. En el corazón de los Valles Calchaquíes, el Nevado de Cachi tiene una altura de 6.380 msnm y está conformado por nueve cumbres. Fue adoratorio de altura de los Incas, existiendo en dos de sus cimas: La Hoyada y San Miguel de Palermo, construcciones relacionadas con ritos ancestrales.
Estas tres intrépidas salteñas se lanzaron al culto peregrino de trepar sin mengua. No dudaron de la fortaleza de su género y apenas una semana alcanzó para darles la razón. La Primera Expedición Femenina a la montaña más alta de los Valles Calchaquíes, ascendida por primera vez en 1950, resultó un éxito, una hazaña sin paréntesis. Ellas aprendieron de la montaña que las dejó ascender y descender por sus escarpadas laderas, recibieron el perdón de las implacables ráfagas heladas, fueron discretamente espiadas por la fauna de altura, y volvieron hace unos días para relatar aquello que pocos en su vida podrán ver y contar.
“Tenía guardado un deseo desde hacía un tiempo en mi corazón: que un grupo de mujeres salteñas ascendieran a una montaña de más de 6.000 metros en forma totalmente autónoma. Ese deseo cobró finalmente cuerpo y realidad. La primera expedición femenina al Nevado de Cachi empezó el miércoles 10 y culminó el martes 16 de octubre de 2012 con la felicidad de haber llegado a la cumbre Hoygaard. El Nevado de Cachi fue el elegido por ser una montaña emblemática del norte argentino y el vigía esencial de nuestros Valles Calchaquíes. La ruta elegida fue la Sureste o La Pailas, conocida como la ruta deportiva. Cargamos todo el equipamiento necesario (ropa de abrigo, comida, elementos de cocina, carpa, grampones, piquetas) en mochilas de unos 16 a 18 kilogramos aproximadamente cada una. El ascenso demandó cuatro campamentos que localizamos a los 4.175mts, 4.775mts, 5.256mts, y 5.650mts respectivamente y un campamento en nuestro descenso. Todo el camino fue de una gran belleza escénica, donde caminamos a la vera de ríos, bebimos agua de las vegas con hierbas aromáticas de la Puna, nos cruzamos con vizcachas andinas, atravesamos cascadas de hielo y asistimos a la maravilla de un circo glaciar que nos dejó extasiadas y llenas de emoción cuando localizamos el último campamento antes de caminar hacia la ilusión cumbrera. Así salimos de la vertiginosa canaleta que develaría la impactante base nívea del glaciar del Khun”, describió Griselda Moreno, periodista y fotógrafa de aventuras, además de experimentada montañista.

El tramo final

A los 5.650 msnm está el cuarto campamento, último antes de la cumbre. Griselda narró así la llegada: “Madrugada bajo cero; el viento sacudía la carpa doblegando sus parantes en nuestras bolsas de dormir. El sonido del calentador para un té, capas y capas de ropa encima y todas las ansias por empezar la trepada. La nieve que brilla vertical, los grampones que se clavan en ella, el viento como una pared deteniendo cada paso y el aire gélido que se clava en la cara. Más de 6.000 msnm, la alegría y el homenaje a las mujeres montañistas argentinas”.
Las mujeres que conformaron esta expedición (todas con variados y distintos ascensos a montañas) corresponden a tres generaciones diferentes con la ilusión de motivar al género a iniciativas semejantes sin importar el momento de la vida que atraviesen. Mariela de Valle Flores en sus 20, intentando entender y aprender sobre la alta montaña; Mercedes López en sus 40, madre de dos hijos, queriendo cumplir sueños postergados; y la cronista de esta expedición, Griselda Moreno, en sus 30, aspirando a transmitir pasión y ganas de concretar objetivos. Las personalidades y caracteres de cada una, lograron una sólida amalgama de experiencia, resistencia y juventud. “Montañista no es solo aquel que va a las montañas en busca de las cumbres de la tierra y del espíritu, sino también, aquel que lleva en las mochilas el fuego encendido de la amistad y las banderas desplegadas del abrazo fraterno”. (José Fadel, en su libro Mi Amiga la Montaña).

Un logro y un homenaje a las mujeres montañistas

Ser mujer en las montañas es cada vez más aceptado. “Quisimos homenajear a las mujeres montañistas argentinas y en especial a las salteñas, que con gran potencial vienen caminando las montañas de nuestro norte. Hay una lista interesante de mujeres capaces de generar buenas iniciativas, como Julieta Balza y María Laura Figueroa que semanas atrás concretaron la travesía de la Cumbres Blanca (5.600mts) y Navaja (5.580mts) perteneciente al cordón montañoso del Nevado de Acay. También recientemente se inauguró la Escuela de Montaña de San Antonio de los Cobres dirigida por Jaime Soriano, donde las niñas entusiasman la palestra y se animan a la alta montaña”, expresó Griselda en su nombre y el de sus compañeras de travesía. “De las montañas he aprendido cuán ancha se observa la vida cuando descendemos de las alturas donde parecemos desaparecer. Ellas me han enseñado el valor de la existencia. Me han mostrado que no solo son moles de roca y nieve, que la historia de nuestra raza palpita en ellas”, describió con maestría y agregó: “Posiblemente hoy contemplamos estas cimas con otra mirada de como lo hicieron las romerías incas. Pero, por cierto, convocan extrañas sensaciones que trascienden la ascensión en sí misma e inyectan el embrujo de una necesidad. Acaso la de regresar una y otra vez para respirar el aire enrarecido y puro de las alturas, la de caminar contiguo al silencio, la de abrazar la soledad. Si, la de honrar a la montaña en cada paso, la de saber que allí arriba un hilo invisible de atemporalidad comunica mundos distantes y elimina todo tipo de fronteras”.

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