Junto a Raúl Artola, de Río Negro, y Sergio De Matteo, de La Pampa, Miguel Angel Pérez inauguró el quinto ciclo de música y poesía en la Casa de Salta, en pleno microcentro porteño, con melodías a cargo de Antonio Tarragó Ros. En exclusiva para El Tribuno, el hombre histórico de La Carpa recordó aquella agrupación como “un milagro” y reflexionó sobre su vida y la poesía.

La Carpa fue un movimiento distinto por su constitución y por su trascendencia surgido en el noroeste del país en los años 40. Aglutinó a grandes poetas y prosistas como Raúl Galán, Manuel J. Castilla, Julio Ardiles Gray, María Adela Agudo, María Elvira Juárez, Sara San Martín de Dávalos, entre otros, todos ellos interesados en marcarle un nuevo rumbo a la literatura regional.

Inauguró, hace pocos días, el quinto ciclo de poesía y música en la Casa de Salta, en Buenos Aires...

Primero puedo decir que estoy gozando tal vez de un honor inmerecido, de tanta generosidad al invitarme para una cosa tan linda, tan importante como es el anuncio de los ciclos de poesía que está haciendo la Casa de Salta. Estoy muy agradecido y muy emocionado. Ha sido para mí una jornada inolvidable, con el apoyo que la gente le da a un hombre que ha dedicado su vida a tratar de rimar palabras. Estoy muy emocionado.

¿Qué le ha dado la poesía, qué le ha aportado a su vida?

La poesía me ha dado todo lo que soy, todo lo que anhelaba. Y me ha dado lo más hermoso que puede recibir un ser humano: felicidad. Me ha mostrado la felicidad, me la ha regalado.

Algunas personas asocian la poesía a la tristeza, usted habla de felicidad ¿tiene la poesía que ser melancólica o puede uno hace una poesía de la alegría?

Es que la poesía es todo. Así como es la vida. La vida tiene algunas páginas bastante fuertes, dolorosas, pero que pertenecen a la vida. Y eso sigue siendo vida. Qué hay de malo. Sí, pasamos momentos duros los seres humanos. Nos suceden cosas feas... pero nos suceden cosas muy lindas. Y lo que yo entiendo por felicidad es conocer y amar todo lo que somos, no tener rencor contra el dolor. El dolor es parte de nuestra vida. Somos finitos -hay otros, como yo, delgaditos- (dice y sonríe). Somos todos finitos. Nos vamos. Venimos a una maravilla que es mundo, la vida. No sé si generalmente así y todo los seres humanos merecen semejante regalo. Todo lo que nos regala vida, todo eso, hay que tenerlo como una joya. Y lo otro, aceptarlo, tal vez en pago de esa joya ¿por qué no?. Sufrimos, sí, claro que sufrimos: sufrimos olvido, malos momentos, pero esos malos momentos cuántas cosas nos dan ¿no?. Todo lo que nos enseñan los malos momentos. Y sobre todo el equilibrio que tener para vivir. Creo que eso es la felicidad: una aceptación, no una humilde aceptación, sino una aceptación de fondo, de decir “sí, esto es mío. Y amo esto, quiero esto”. Dejaremos de amar y de querer cuando nos vamos. Y vendrán otros que amarán y querrán todo lo que nos ha hecho doler.

Y seguiremos vivos en el recuerdo...

Claro, seguiremos vivos en aquellos que nos quieren, que nos han querido, que nos han conocido. Pero eso de los que se van... yo creo que la poesía nos enseña que está bien, está bien que sea así. Porque somos eso, somos mortales. ¿Quién nos ha inventado? Esas son preguntas demasiado retóricas que no entran dentro del sentimiento profundo nuestro. Yo soy muy feliz, soy feliz. La poesía me ha dado la felicidad. Tengo mis fracasos, tengo mis aciertos, tengo mis metidas de pata como todos los seres humanos-. Y de mis metidas de pata me arrepiento, pero dulcemente. No me castigo. Porque son parte mía. Soy así, como dice el tango (risas). Eso es lo que siento de la poesía y de la vida. Me ha enseñado ha vivir. He sufrido cuando no sabía muchas cosas, igual que todos. El tiempo y la poesía me han ido enseñando que el sufrimiento es parte de la existencia y es algo que nos pertenece. Pero todo que no sea demasiado goloso, que no se meta demasiado con uno. No hay que busca el sufrimiento, eso es una reverenda tontera. Agarrar una piedrita y golpearme los tobillos para que me duela, no. Cuando me resbale, me caigo y me duele el tobillo y me duele, pero qué voy a hacer (risas)

¿Qué recuerdos tiene de La Carpa?

Eso fue un milagro, un milagro que se dio justo en el momento en que estaban las personas elegidas, no sé por quién. Estaban las personas elegidas. Y formaron un grupo que ha hecho algo nuevo sobre el arte de la palabra y en este país. La carpa ha sido un milagro. No sé si lo merecíamos o no, pero al final se hizo. Los nombres de la gente de La Carpa son inolvidables: gente decidida a hacer poesía, con una decisión total y terminante, cueste lo que cueste. Ha sido un milagro, no sé más. Cada uno de los poetas de Jujuy, de Salta, de Tucumán... una época gloriosa de la cultura del país.

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