En esta época comenzamos a pensar y a anticipar todas las obligaciones que surgen a fin del año. Es normal que nos acordemos de poner en la agenda las reuniones que deberemos hacer para cerrar el balance laboral. Es sabido que estas reuniones requieren de planificación y de un trabajo extra que se manifiesta en carpetas, power points y otros dispositivos que se elaboran para explicar lo que hemos hecho.

Junto con estas cuestiones nos planteamos los objetivos y las metas futuras. Pensarlas ya es un trabajo que requiere concentración. Son momentos especiales porque inauguran una nueva etapa en la que es inevitable poner en la balanza lo que se ha logrado y lo que no.

Es a través de esta evaluación que nos damos cuenta si estamos en el camino correcto para lograr nuestros objetivos.

Muchas veces nos ocurre que el trabajo absorbe la mayor cantidad del tiempo del día, todo lo que hacemos está sujeto a los restos de horas que nos dejan nuestras actividades laborales. Aun así y con todas estas tareas a cuestas deberemos enfrentarnos a otras ocupaciones que se presentan con ocasión de fin de año. Los festejos de Navidad y Año Nuevo traen consigo algunas actividades extras que debemos hacer, como son la compra de regalos y la organización de reuniones familiares. Nos veremos con algunas personas en ocasión de estas fiestas. Por esa razón, las reuniones familiares son las que suelen poner al descubierto conflictos.

¿Cuál es la manera de detectar si estamos estresados? Algunas señales a las que hay que estar atentos:

- Si estamos: ansiosos, irritables, si tenemos fluctuaciones en nuestro estado del ánimo, si tenemos una excesiva autocrítica y dificultad para concentrarnos y tomar decisiones.

- También debemos prestar atención si estamos constantemente preocupados por el futuro y con miedo a fracasar.

- Si observamos que tenemos conductas impulsivas, tratamos bruscamente a los demás, si apretamos las mandíbulas o hacemos rechinar los dientes, si aumentamos el consumo de tabaco alcohol y otras drogas, si notamos cambios en el apetito como aumento o disminución.

- Y si observamos cambios físicos como tensión muscular, dolor de cabeza, perturbaciones en el sueño, fatiga, problemas de espalda o cuello, malestar estomacal o palpitaciones.

Todos estos son síntomas de estrés que aparecen cuando el estrés se prolonga o se intensifica. En general tendemos a “acumular” eventos externos hasta que llegamos a un límite. Por esa razón debemos automonitoriarnos y estar atentos a las señales que mencione con anterioridad. Si las pasamos por alto nuestro sistema puede colapsar y como consecuencia puede aparecer alguna enfermedad, accidente o sintomatología que afecte directamente nuestra calidad de vida.

Los nervios de las vacaciones

Fin de año convoca nuevas decisiones. Además de cierres laborales y fiestas deberemos pensar en organizar nuestras vacaciones. Será normal que tengamos que conjugar los deseos de todo el grupo familiar.

Surgirán desencuentros y desavenencias que generaran tensiones extras. Las vacaciones están cerca y hay que trabajar para que las disfrutemos en su momento. Planificar las vacaciones requiere de la realización de un sinfín de tareas, sin incluir los inconvenientes que pueden surgir en el camino. Todo esto implica un esfuerzo que debe incluirse en el tiempo de las actividades diarias.
 

 

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