Cristina Garros Martínez fue la primera mujer que entró en la Corte de Justicia de Salta y dejó su cargo la semana pasada, después de 12 años.

Desde la vicepresidencia del Alto Tribunal participó en las decisiones más importantes del Poder Judicial, en una época caracterizada por el aumento constante de causas y la llegada de cada vez más problemas sociales a los juzgados.

No cuestionó al Gobernador por no renovar el acuerdo que le hubiera permitido seguir en la Corte seis años más, pero admitió que hubiera esperado que la llamara para informarle su decisión.

Su cargo se venció el 2 de febrero y el mismo día se conoció que la candidata de Juan Manuel Urtubey para ocupar su lugar era la jueza de la Cámara en lo Civil y Comercial, Susana Kauffman de Martinelli.

Horas después de dejar su puesto en la Corte se afilió al Partido Justicialista para retomar la militancia peronista que había iniciado cuando era estudiante.

Tras ser parte de una Justicia que tuvo que responder al crecimiento exponencial de los casos de violencia de género dijo que ahora quiere seguir involucrada en el tema desde afuera. “Hay que trabajar para empoderar a las mujeres”, aseguró, en un balance de su carrera y de las cosas que la marcaron en un espacio que, hasta 2000, sólo habían ocupado los hombres.

¿Cuál es su balance después de 12 años en una organización de tradición tan masculina como la Justicia?

Tan masculina y conservadora. Para mí significó un gran desafío ser mujer y entrar en una estructura que era esencialmente machista y clasicista. Además, llegar con una trayectoria de militancia en el peronismo como yo tenía y después de haber estado exiliada, era una situación compleja.

Todo eso me ponía en un punto de observación muy marcado. Yo tenía que demostrar que podía desempeñar el cargo.

Cuando llegué a la Corte de Justicia, no había un baño para mujeres. Eso demuestra que hasta el edificio estaba preparado para los hombres.

Ahora que ya se conoció la nominación de Susana Kauffman de Martinelli para el cargo que usted ocupaba en la Corte...

Sí, yo ya lo sabía porque ella tuvo la gentileza de llamarme. Somos amigas desde hace muchos años. Es una excelente jueza. Creo que lo va a hacer muy bien.

¿Cree que hubo algún motivo en particular por el que no se renovó su acuerdo?

No lo sé porque la renovación del acuerdo depende siempre de que el Gobernador quiera proponerte al Senado. Después el Senado podrá dar o no el acuerdo.

Soy clara. Era una facultad del Gobernador. Quizás uno pueda esperar una conversación, a nivel de respeto hacia alguien que desempeñó una función. Una conversación en la que me dijeran “doctora no vamos a renovar o sí, le agradecemos”...

No se tiene que agradecer que uno cumpla bien una función porque es una obligación, pero a nivel humano, suele hacerse.

¿Hubiera esperado que el Gobernador la llamara para hacerle saber que su acuerdo no se renovaba?

Me parece... pero es un criterio mío muy personal. Me parece que él puede tener otro criterio y eso no lo descalifica. Es su modalidad y es respetable.

¿Fue sorpresivo para usted no continuar en la Corte de Justicia?

No. Pienso que el Gobernador... No hemos dialogado en privado nunca. No conoce mi parecer, no conoce mi formación. Lo escuché cuando anunció el nombre de la doctora Kauffman. Dijo que yo había hecho una buena gestión.

Creo que no conoce mi capacitación y qué hice. O a lo mejor lo que hice no le gustó.

¿Qué podría no haberle gustado? No lo sé. Quizás la personalidad. Él dijo que quería a alguien de carrera. Yo estaba en la Justicia (antes de la última dictadura) pero no pude seguir porque me exilié.

A lo mejor al Gobernador no le interesaba mi perfil. O a lo mejor, por último, quería renovar.

No quiero hacer de ninguna manera una descalificación y decir que yo era más apta. La doctora Kauffman es totalmente apta. Es una persona comprometida con la Justicia.

Lo que quiero decir es que desconozco las razones. Si hablamos de capacitación, me he encargado de capacitarme. Me formé en violencia en la Corte Suprema. Tengo un posgrado en derecho ambiental. He dado clases en México, Brasil y Argentina... También dirijo el Instituto de Derecho Ambiental de la Universidad Católica.

Los problemas de violencia de género fueron casi un símbolo de la última década en la Justicia ¿Cómo se vivió desde su lugar?

Muy angustiosamente. Y yo traté de bajar la angustia, comprender que era un tema que se iba a quedar y que debíamos trabajar en ello con marcada decisión.

Dije en reiteradas oportunidades que no era sólo tarea de la Justicia. El Poder Judicial tomó el problema y los jueces estaban atiborrados de expedientes. Nos habíamos capacitado. Pero hacían falta casas de contención y prevención, además de un tratamiento posterior para las víctimas.

¿Hay algo de lo que se arrepienta?

Yo he dedicado casi todo el día a la Justicia. Traté siempre de votar a conciencia, viendo mis expedientes.

Lo que quizás no logramos es que todos los jueces se adhirieran a un sistema de capacitación. Tampoco se logró imponer una carrera judicial (con concursos) porque el gremio se oponía.

Pero hicimos mucho, incluyendo el edificio nuevo y el avance en la informatización para usar menos papel.

Fueron 12 años importantes y coincidieron con una democratización de la Justicia.

¿Hay algún caso en particular que vaya a recordar porque le resultó difícil?

Sí, el caso de la niña wichi (que había sufrido un abuso por parte de su padrastro en una comunidad aborigen de Tartagal y la defensa del hombre sostenía que esta conducta era parte de las costumbres aceptadas en su cultura).

Fue un caso importante, emblemático y muy interesante que me marcó.

Visitaba frecuentemente Tartagal. Pude ver la cantidad de niñas embarazadas que había y el abuso que sufren los más desposeídos.

Fue un expediente en el que trabajé mucho. También recibí mucho asesoramiento de gente de la universidad.

Cuando decidí, lo hice totalmente a conciencia, a pesar de que quedé sola con mi voto (en contra del hombre acusado) Muchos apoyaron mi postura y otros no.

¿Cómo fueron sus años de exilio en Bolivia?
 

Muy duros. Elegí un país cercano por la posibilidad de que mis tres hijas me pudieran ver. Las dejé muy chiquitas.
A nivel laboral, revalidé el título y trabajé muy bien en Bolivia. Pero el desarraigo, el sentir crecer los hijos a través de las fotos...
En esa época existían los casetes. Yo grababa cintas y se las mandaba a mis hijas para que me escucharan y mi madre las grababa a ellas. Fueron 10 años.
 

¿Tenía relación con el gobernador Miguel Ragone?
 

Sí. Pertenecíamos los dos a la lista verde del Partido Justicialista. Además, éramos amigos. Él fue el padrino de mi hija menor. Tuvimos un estrecho vínculo con su señora y sus hijos. Sufrí su desaparición. Después, como consecuencia de esa relación y de mi involucramiento político es que fui detenida y luego me exilié.
 

¿Desde qué año pertenecía al Partido Justicialista?
 

Pertenecía al Partido Justicialista desde que era estudiante. Me desafilié poco antes de ser jueza de Corte.
No podemos tener actividad partidaria, lo que no quiere decir que uno se borre la ideología.
Mi ideología justicialista, que es esencialmente humanista, cristiana y comprometida con lo más vulnerables, creo que la llevé a la Justicia.
 

¿Ahora que ya no es jueza piensa en volver a la militancia política?
 

Hoy (por el jueves) me acabo de afiliar al Partido Justicialista.
 

¿Piensa en la posibilidad de aspirar a algún cargo político?
 

No. Por ahora lo que me interesa es continuar contribuyendo para que la gente conozca más sus derechos. Quiero trabajar en empoderar a las mujeres para que no se dejen violentar.
Todavía no tengo 24 horas desde que salí de la Justicia. Por lo pronto sigo trabajando en la Universidad Católica y tengo algunas propuestas.
No me enriquecí en la Justicia... Algo tendré que hacer para seguir viviendo.
 

¿Está garantizada la independencia de la Justicia?
 

La independencia judicial se presenta, a nivel institucional, con los presupuestos que se le asignan.
Después está la independencia de cada juez. Creo que los jueces salteños son éticos e independientes en general. De ahí, cada uno de ellos sabrá si es frágil ante las presiones. Eso se ve en las sentencias.
 

¿En su caso ¿sufrió concretamente estas presiones?

...Conmigo, no. Creo que mis sentencias son demasiado claras. De mí se decía que era... “jodida”, y yo me vanaglorio de eso.
Siempre hice lo que tenía que hacer y un poco más. Son 12 años que se cumplieron. Siempre es bueno empezar una nueva etapa.
 

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