Si el juez confirma el sobreseimiento para los acusados por el vicepresidente, Amado Boudou habrá sufrido uno de los baldazos de agua fría más potentes desde que se desató el escándalo por la ex-Ciccone, y eso que ya había padecido varios.


Las denuncias del exministro de Economía contra el Estudio Righi, Adelmo Gabbi y Antonio Tabanelli fueron literalmente la única argumentación que esgrimió Boudou para defenderse. Después hubo solo silencio. Silencio sobre porqué Alejandro Vandenbroele pagaba las expensas y el cable de un departamento suyo. Silencio sobre porqué el misterioso The Old Fun financió pasajes a su hermano y a su socio José Núñez Carmona. Silencio sobre su eventual reunión con Héctor Ciccone antes de la llegada de Vandenbroele a la compañía. Silencio sobre porqué le pidió a la Afip que le dé a la empresa una moratoria de 148 cuotas a un interés muy por debajo de la inflación oficial. Silencio total y absoluto.

Por las denuncias de Boudou se fue el Procurador General de la Nación, el juez del caso y el fiscal que llevaba adelante la investigación. Luego se expropió en tiempo récord a la ex-Ciccone, cuando todavía siguen sin conocerse sus dueños reales ni sus números contables. A la luz de los hechos, ninguna de esas medidas parece haber logrado el objetivo central del vicepresidente: paralizar la causa.

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