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Alquileres millonarios, tarifas impagables, ventas en caída y baja en el turismo golpea a los comercios con una crisis inédita de consumo. "Para el que mira sin ver, la tierra es tierra nomás", dice Atahualpa Yupanqui. Para el que camina sin ver, el paisaje del centro de la ciudad de Salta es tan cotidiano que ya no se advierten determinados fenómenos.
Por estos tiempos de crisis de consumo, cada vez son más los locales vacíos o con carteles de alquiler, mientras los comerciantes que aún resisten buscan estrategias para sostener sus negocios.
Otro indicio lo dio un informe de CEPA (Centro de Economía Política de Argentina): "Análisis de la dinámica laboral y de empleadores en la provincia de Salta", donde se indica un marcado retroceso en los indicadores clave del empleo formal, en los últimos dos años, con caídas significativas tanto en la cantidad de empleadores como en el volumen de puestos de trabajo registrados. En ese informe se remarca que el sector más afectado fue el Comercio, con una pérdida de 203 empleadores. Mientras que el sindicato del sector afirma que se perdieron más de mil puestos de trabajo sólo en 2025.
Locales cerrados
Entonces sale el ejercicio de contar los negocios cerrados o con carteles de "alquiler" por cada cuadra. En algunas hay dos o tres, en algunas hay hasta 5 locales cerrados. Muchos comercios se mudan a zonas del macrocentro, pero muchos ya están cerrados. En la mitad de la peatonal Alberdi hay tres locales, uno al lado del otro que cerraron. Una famosa y tradicional zapatería de la Urquiza al 600 también anuncia su cierre. Hay incontable cantidad de vidrieras con "liquidación por cierre". Hay precios muy baratos, pero nadie entra a comprar.
"Hoy mantener un local abierto es cada vez más difícil. Muchos ya están entregando los locales porque no llegan a pagar", resumió un comerciante de la Urquiza.
Los comercios del centro de Salta atraviesan un escenario cada vez más complejo. El aumento de los alquileres, el peso de las tarifas de servicios y la fuerte caída en las ventas están generando un panorama de cierre de locales, refinanciaciones de deudas y comerciantes que luchan por sostener sus negocios.
Dura realidad del comerciante
Un comerciante del microcentro describió una realidad que se repite en distintos rubros: "para abrir un pequeño local comercial hoy se necesita una inversión inicial que supera ampliamente los ingresos promedio de muchos emprendimientos.
Hoy, para alquilar un local tipo kiosco, pequeño, existen contratos que superan los dos millones de pesos en el microcentro, según relatan los comerciantes.
"Un local chiquito, donde apenas entran dos heladeras y un freezer, ya está en dos millones de pesos", explicó una proveedora consultada.
Pero el problema no termina en el alquiler mensual. Para ingresar a un local se exige normalmente depósito, garantía y adelantos que elevan el monto inicial a cifras muy difíciles de afrontar.
"Cuando vas a alquilar te piden depósito y garantía. Terminás necesitando unos seis millones para entrar. Y si le sumás el IVA, estamos hablando de ocho millones para empezar", detalló.
Las tarifas
Otro de los factores que más golpea a los comerciantes es el costo de la energía eléctrica. En algunos casos, la factura de luz llega a ser tan alta como el propio alquiler.
"Si pagás dos millones de alquiler, la boleta de luz puede ser también de dos millones", relató la empresaria.
Esto es porque se suman tasas e impuestos municipales que llegan en la misma factura, elevando el costo fijo mensual de mantener abierto un local.
Vidrieras apagadas
Para los negocios que dependen de heladeras, freezers o iluminación permanente, la situación es todavía más delicada. "La luz es lo que no podés dejar de pagar. Si te la cortan, perdés toda la mercadería", explicó.
El impacto de la crisis ya se refleja en el paisaje del microcentro. Algunos locales mantienen las vidrieras apagadas para reducir gastos, mientras otros directamente bajan las persianas.
Sí, aunque parezca una escena holocáustica, hoy en plena peatonal Alberdi, una de las zonas comerciales más transitadas, ya se observan negocios funcionando sin iluminación en las vidrieras.
"En la cuadra del medio hay dos negocios de ropa sin luz. No prenden la vidriera por la boleta", relató un vendedor ambulante.
Las galerías comerciales también muestran señales de retracción. "Entrás a algunas galerías y parecen un desierto", describió el hombre que vende repasadores.
Deudas y refinanciaciones
Ante la imposibilidad de cubrir todos los gastos, muchos comerciantes optan por refinanciar alquileres o acumular deudas. "Muchos deben seis meses, ocho meses de alquiler. Después refinancian", comentó una mujer que ya dejó de estar afectada por las deudas; no porque las haya cancelado sino porque sabe que todo comerciante vive y convive con deudas y que lo mejor es la salud mental.
Sin embargo, esa salida suele tener consecuencias a largo plazo. "Después llega un momento en que terminás perdiendo todo o sacando préstamos para pagar".
También está el fenómeno de la mercadería que se vence. La caída del consumo también provoca otro problema: productos que no logran venderse antes de su fecha de vencimiento.
"Estamos tirando mercadería que se vence. Fideos, gaseosas... cosas que antes se vendían rápido", explicó un gastronómico. Incluso comprando en pequeñas cantidades, muchos productos terminan perdiéndose por falta de demanda.
Cadenas nacionales, locales pequeños
A la crisis económica se suma la presión de las grandes cadenas comerciales. En los últimos años, supermercados de cadenas nacionales expandieron sus formatos de cercanía con locales pequeños en distintos barrios. "Cerraron los Carrefour grandes y ahora abrieron Carrefour Express por todos lados", señala el dueño de un comedor pequeño.
Estos comercios ofrecen promociones y cuotas sin interés con tarjeta, algo difícil de igualar para los pequeños negocios.
El clima de incertidumbre también alcanza a grandes comercios y mayoristas. Según trabajadores del sector, supermercados y distribuidores están reduciendo personal o reorganizando sus plantillas.
"En los mayoristas están asustados. Están despidiendo a los empleados más antiguos", comentó un repositor de góndola.
Ante la caída del consumo, muchos comerciantes intentan atraer clientes con promociones o nuevos productos. Algunos optan por vender comida económica o ampliar la oferta con pequeños artículos de alto movimiento.
"Yo vendo un sándwich grande de pollo a 1.500 pesos. No le gano casi nada, pero sirve para atraer gente", explicó una hotelera que diversificó su oferta ante la llegada nula de turistas.
El dato también es clave: la sensible baja en la cantidad de visitantes que llegan a la ciudad. El turismo le da otra dinámica al centro de la ciudad que no se ve. La zona de calle Buenos Aires, primera cuadra, presenta una realidad que duele por la cantidad de negocios, vinculados al turismo, que están con las puertas cerradas.
Otros intentan vender productos por internet o traer artículos desde Bolivia para comercializarlos online. Sin embargo, la competencia en ese rubro también creció exponencialmente. "Hay miles de personas vendiendo por redes", describió la mujer.