Reconocida por su trayectoria en materia de derechos humanos, la senadora nacional por el FAP Norma Morandini visitó Salta para presentar su libro “De la culpa al perdón”. Exiliada durante la última dictadura militar y con dos hermanos desaparecidos, retornó al país tras la vuelta de la democracia y estrechó fuertes lazos con organismos de derechos humanos. Su obra está basada en esos años de oscuridad y fue escrita “hace 10 años, cuando no era la Argentina de hoy”.

En diálogo con El Tribuno, la periodista y legisladora nacional hizo referencia a los derechos humanos, los recientes casos de tortura en Salta, las salidas transitorias de presos y el rol de la oposición en este complejo contexto político.

¿Cómo analiza la actualidad argentina en materia de derechos humanos?

Me remontó a una pregunta- obsesión que siempre me hago: ¿qué vamos a hacer con el pasado? Entiendo que no alcanza con no tener un general en la presidencia para decir que tenemos democracia. La democracia hay que construirla. Tenemos una Constitución de avanzada porque ha incorporado toda la normativa de derechos humanos que en términos jurídicos y filosóficos es una maravilla, porque son los seres humanos los que portan los derechos. Todas las personas por la condición de personas tenemos derechos. Pero los derechos no dependen de ningún gobernante bueno que concede salud, educación, libertad, etc. El gobernante debe garantizar los derechos y la ciudadanía ejercerlos. Y en este proceso, vamos alejándonos del miedo en un momento de enorme contradicción pero confío en que podemos entender el valor de vivir en libertad y el valor de vivir en democracia.

¿Dónde entiende que yace la contradicción?

Tenemos una concepción de poder político que cree que hay que tener poder para distribuir riqueza, derecho y demás, y una concepción democrática que no termina de cerrar. Sobrevuela una concepción personalista. Todavía tenemos naturalizados una cantidad de comportamientos que son antidemocráticos, como que no tengamos la división de poder funcionando. Es decir, no es un problema de tradición “presidencialista”. ¿No será que nuestra tradición de autoritarismo ha impregnado al presidencialismo? Y se hace cada vez más fuerte porque debilita a los otros poderes. Cancela al Parlamento y subordina a la Justicia.

Es decir que pese a los avances en derechos humanos aún hay fuertes resabios de autoritarismo...

Por suerte sabemos reconocer los avances. Hemos denunciado la violación de los mismos pero no falta enunciar cuáles son los derechos. Nos falta construir vida. Siempre estamos dominados por la muerte. Siempre son las muertes las que nos ponen en evidencia. Si hay tortura, si nos falta educación, lo que está pasando ahora con los presos que tienen derecho a ser reinsertados, pero no dar beneficios a unos pocos porque se tiene el poder.

Es decir, no logramos una reinstalación democrática. Hablamos de los precios, de la inflación, de la crisis, pero no hubo ningún Gobierno que tuviera claro que había que tener políticas de educación cívica, políticas de qué es una democracia.

Este es un momento difícil. Se cree que porque se tiene la mayoría de votos uno hace cualquier cosa. La mayoría no es un plebiscito. La democracia es alternancia. Los que hoy son minoría, oposición, mañana son gobierno, y esta es la riqueza. Hoy uno gobierna y otro controla. Todavía no hemos logrado el control. El Parlamento no es solo la sanción de las leyes.

En las últimas semanas se puso en discusión el sistema carcelario en el país por los apremios ilegales en Salta y las salidas transitorias a actos oficialistas de algunos presos, ¿qué opina al respecto?

Las torturas son incompatibles con la democracia. Porque hay democracia y hay derechos. Tortura hay cuando no existe la legalidad. En este marco, como la inseguridad urbana lleva a que mucha gente, antes decía “por algo será” ahora pareciera ser que hay una corriente subterránea que dice “esa gente no merece vivir”. No, la dignidad de lo humano es garantizar los derechos. Cometió un delito, tiene que cumplir con su condena porque así lo determina la Constitución. Pero las prisiones no deben agravar esas penas con hacinamiento, maltrato y tortura. Como nuestro país se subordinó a todos los tratados internacionales de derechos humanos nosotros estamos obligados a una cantidad de cosas importantes. En lo que ayuda la democracia es que pone a la luz pública lo que siempre ha sido oculto. Lo que pasó en Salta tuvo que haber un video y poner luz en lo que se está haciendo. Y todos sabemos que no solo sucede en Salta. En cuanto a las salidas transitorias, por supuesto que el preso tiene que ser rehabilitado, pero no como beneficio de algunos sino como derechos de todos. La ley lo dice claramente. Después de que se haya cumplido la mitad de la condena. No puede ser como dice el ministro Alak que esto es una campaña contra el sistema penitenciario. ¿Quién ayuda más al sistema penitenciario? ¿Los que advierten que se tortura o aquellos que siguen poniendo bajo la alfombra lo que esta mal? Tenemos que terminar con esa idea de que cuando uno dice la verdad está delatando. Si uno sirve a la democracia, a la cultura democrática basada en los derechos, tenemos que contribuir a que la ciudadanía entienda que lo mejor que podemos hacer es respetar la dignidad del preso. Respetar que pueda ser rehabilitado. Las cárceles no pueden seguir siendo un depósito de personas a las que la sociedad no quiere ver. Argentina ya recibió un llamado de atención por la Comisión Iberoamericana de Derechos Humanos por la situación de sus cárceles. Lo que pasó en Mendoza, tenemos un chico desaparecido en Córdoba. Tenemos un residuo autoritario porque no hemos conformado una autoridad democrática que garantice derechos universales para todos y no solo beneficios para algunos.

Con muchos de los elementos que usted expuso la oposición tiene muchas dificultades para posicionarse frente al Gobierno...

No hay oposición, sino opositores, porque de nada vale amontonarnos. Hay miradas de centroizquierda, de centroderecha y todas tenemos derecho a expresarnos. Y la legalidad democrática nos hace a todos iguales. Los partidos tradicionales están en crisis. Ahora, la debilidad de la oposición desnuda el ejercicio del poder. Eso se ve en el Senado. Nos imponen la mayoría, los pedidos de informe no son tramitados. Los periodistas dicen queremos preguntar. Los legisladores queremos que nos respondan. Entonces es muy difícil que nosotros tengamos voz. Observe usted lo que va pasando con los medios, esta concentración de medios públicos que responden Gobierno. La debilidad de la oposición desnuda un ejercicio de poder que se concentra, que humilla a los gobernadores.

Entonces, en parte hay responsabilidades de los gobernadores...

Los gobernadores deben representar a sus provincias, sin importar colores ni banderas políticas. No puede ser que cedan tanto. Van cediendo y un día están ahorcados financieramente. Yo me pregunto ¿a quién sirve un legislador? ¿A una provincia o a su partido? Todas estas cosas hay que debatir. Los partidos políticos no pueden tener mando y obedezco, esto es propio de los cuarteles. La riqueza de la libertad es que uno pueda ir construyendo consenso porque usted piensa de una manera y yo de otra.

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