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Familia y trabajo, dos cuestiones integradas

Viernes, 17 de mayo de 2013 23:52

Algunas escenas de la vida cotidiana me llaman poderosamente la atención, quedan grabadas y se repiten en mi memoria hasta que resuelvo ponerlas por escrito.

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Algunas escenas de la vida cotidiana me llaman poderosamente la atención, quedan grabadas y se repiten en mi memoria hasta que resuelvo ponerlas por escrito.

Sábado por la mañana. Niños de rostros radiantes. Peinados a la gomina, de pantalón gris impecable, camisa blanca e infaltable moño en el brazo. Las chicas semejan princesas vestidas de blanco. Para ellos, es un día especial. Los padres, abuelos, tíos, amigos y allegados se reúnen para celebrar la Primera Comunión.

Me acerco a saludar a Juan y, de repente, noto que su expresión no es la misma del resto. Sus ojos no brillan y pareciera que buscaran algo más. Qué raro, pienso para mis adentros. ¿Habrá tenido algún contratiempo antes de salir de su casa? ¿Estará nervioso por la ceremonia?

Cuando logro acercarme a su madre, me comenta que su marido no estará presente, porque los sábados tiene que cubrir un turno en la empresa. Entonces comprendo esa mirada distante. Pregunto cómo no pidió permiso para asistir a un acontecimiento que tendrá lugar una sola vez en la vida de Juan. Una sola vez.

Hay vivencias que no se repiten. Unicas. La respuesta es la misma de siempre: “Tenía que trabajar”.

Creo que los momentos con la familia y los amigos deberían ser señalados con resaltador en la agenda, no como una cita cualquiera, sino como un compromiso impostergable.

David Isaacs, destacado psiquiatra español, dice que en la actualidad las personas no se hacen un lugar para ver a sus amigos, y sostiene que ello no es lógico ni humano.

Comparto la idea de que el trabajo es como un gas: se esparce por toda la agenda, y si nos descuidamos, ocupa sin piedad cualquier hueco de tiempo libre. No intento con ello contraponer la familia al trabajo. Ambas realidades se enriquecen mutuamente. Cuando hay un equilibrio entre ellas, lo que se aprende en un ámbito puede ser aplicado en el otro.

La otra anécdota se refiere a un socio de un estudio jurídico de Buenos Aires, que en una reunión de trabajo con sus abogados sostenía, con todo orgullo, que nunca había asistido a un acto del colegio donde iban sus hijos. Lo sorprendente no fue tanto el tenor de su declaración, sino los aplausos que le dedicaron sus empleados.

Algunos países de Europa analizan medidas para apoyar a la familia mediante la conciliación de la vida familiar y laboral. En España, por ejemplo, ­hay una Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles! Su objetivo es acabar con los horarios irracionales y jornadas eternas que solo fomentan el ausentismo y la falta de compromiso. Utilizan criterios como “flexibilidad” y “teletrabajo”, un recurso que puede ayudar mucho a las mujeres que trabajan y no quieren resignar ni postergar su maternidad. Un dato llamativo: salir a trabajar cuando Dios manda, y volver a trabajar cuando Dios quiera, es una de las razones por las que las mujeres confiesan aplazar su maternidad. La mayoría tiene su hijo a los treinta años.

Tal vez seríamos una sociedad de avanzada si dejáramos de hablar de trabajo y familia como dos realidades que se han de conciliar. El primer trabajo es el que permite que la familia sea ella misma. Es el trabajo orgánico del mundo de la intimidad de ese ser social llamado familia.

Ojalá podamos ver el día en el que hablemos de trabajo familiar y trabajo extrafamiliar, y ambos sean valorados en su particular riqueza.

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