“Es la economía, estúpido” es una famosa frase que pertenece a James Carville, estratega electoral de Bill Clinton, que cambió la lógica de la elección del año 1992 en los Estados Unidos de Norteamérica. Recordemos que colgó un cartel en el comando demócrata con esa seductora leyenda, pronosticando que una probable recesión en ese país podría impedir que George Bush padre, que contaba con un 90% de aprobación por haber ganado la Guerra del Golfo, sea reelecto.

Al ganar Clinton demostró que una economía tambaleante está por encima de los asuntos militares. Podríamos decir que “billetera mata cañón”, o en otros realidades, que “billetera mata galán”. Pero veamos cómo se adapta esta maravillosa frase a nuestro país.

“Es la política, estúpido”

Si analizamos los problemas que actualmente tiene nuestro país, como la inflación, estadísticas oficiales no confiables, inseguridad, crisis en el sistema energético, caída de la inversión, cepo cambiario por la falta de dólares, problemas para importar, alta presión tributaria, amesetamiento en la creación de nuevas fuentes de trabajo, entre otros, pensamos que es la política la que genera todas estas dificultades. Y si comparamos con la realidad de países latinoamericanos como Brasil, Chile, Uruguay, Perú o Colombia, vemos que ninguno de estos tienen tan agudizados los mencionados problemas. Esto nos lleva a pensar que es la política la que nos llevó a esta realidad.

Hoy la política no es construida sobre ideas para gobernar, sino con elementos ajenos a ésta, que solamente tienen como objetivo el poder. Veamos algunos hechos que ratifican lo afirmado:

A) Los candidatos se buscan en la farándula y entre los familiares.

B) Los partidos políticos lamentablemente solo se identifican por medio de nombres propios, colores o slogans.

C) La falta de grupos técnicos políticos o intelectuales que generen propuestas para el mediano y largo plazo.

D) La utilización de los fondos públicos para intereses personales o corporativos que llegan a producir malversaciones.

Argentina necesita construir una democracia participativa y más directa, considerando normas que contemplen el interés general y no de una elite política que lo único que le interesa es la mayor concentración de poder. Aportando algunas sugerencias para que esto no ocurra me he permitido detallar unas ideas:

1) Poner límites a las reelecciones para favorecer la alternancia.

2) Obligar a los candidatos a debatir públicamente sus propuestas para posteriormente controlar si han cumplido con las mismas.

3) Evitar la publicidad personal en el uso de medios del Estado, que son financiados con recursos públicos.

4) Suprimir el clientelismo que se realiza en la asignación de algunos planes sociales

5) Las provincias deben evitar que la Nación se quede con los recursos provinciales

6) Los partidos políticos deben crear escuelas de formación política apoyadas en la investigación y capacitación de esos recursos humanos.

7) Castigar a la corrupción no solo administrativa o penalmente, sino como una violación a los derechos humanos.

Estas son algunas de las pautas que se podrían aplicar en la práctica para evitar que la política se transforme en la actividad de unos pocos; serían reglas para la política y el poder y no para los políticos que solo buscan perpetuarse en el poder.

La economía y el marketing

Son muchos los estudios que reconocidos analistas económicos y políticos han realizado analizando las variables económicas y la propensión a emitir un voto.

Richard Easterlin publicó en 1974 lo que hoy se considera un trabajo pionero que marcó el rumbo en el estudio de las ciencias económicas y es “la economía de la felicidad”. Demostró allí que cuando crece la economía de un país, la población puede llegar a satisfacer sus necesidades primarias, pero no necesariamente aumentará su bienestar.

Los economistas Martin Tetaz y Pablo Shiaffino demostraron que la felicidad promedio de la población no correlaciona necesariamente con la evolución del PBI. Por ejemplo, en Argentina entre el 2006 y 2012 la economía creció un 41,6% y durante los años 1999 y 2006 el PBI real solo creció un 18,7%; pero la felicidad creció más en este período.

Otro estudio también relacionado con la economía de la felicidad determinó que la gente prioriza la creación de empleo por sobre la inflación. El mismo fue realizado por el argentino Rafael Di Tella, quien junto a Robert Mac Culloch y Andrew Oswald, y en base a encuestas realizadas en 12 países europeos y los Estados Unidos, descubrieron que la gente valora un 70% más cada caída en el desempleo frente a cada punto que baja la inflación.

Crecimiento y corrupción

Los economistas argentinos Luciano Kohan y Eduardo Levy Yeyati escribieron en 2012 en su libro llamado “La Economía de la Política” lo siguiente: “El crecimiento hace a los gobiernos más eficientes y transparentes a los ojos de los votantes. Y viceversa: el malestar económico suele ser culpa de los funcionarios “chorros y coimeros”.

Con estas afirmaciones se adelantaron a lo que ocurre actualmente en nuestro país, donde las denuncias públicas sobre corrupción han iniciado un ciclo testimonialista que perjudica fundamentalmente al Gobierno, ya que las mismas están realizadas con la participación de funcionarios públicos y preocupa seriamente al elector a la hora de votar.

Es más que interesante estudiar el comportamiento de los votantes en situaciones económicas distintas. Solo resta esperar que en los próximos comicios se cumplan las reglas aquí comentadas o serán la excepción. Los hechos lo demostrarán.

 

 

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