Reiteradas veces, Borges imaginó la muerte en un duelo en los suburbios de la ciudad o en el laberinto de una ingeniosa trama, hasta que por fin le llegó a él un 14 de junio de 1986.

En sus años de juventud, cuando daba los primeros pasos como escritor al calor de las vanguardias europeas, Borges tuvo la picardía de falsear su fecha de nacimiento. Venido al mundo en 1899, se presenta como nacido en 1900 para perfilarse como hombre moderno.

Más tarde terminaría corrigiendo sus vicios juveniles. No sólo la pretensión de ser moderno, que lo había llevado a exaltar la Revolución Rusa en una colección de poemas que después destruye, sino también aquella de ser argentino que lo conduce al abuso de criollismos. Olvida su simpatía por Rosas y el nacionalismo popular de Yrigoyen, así como el encendido prólogo que ofrece a un poema de Jauretche. Para entonces ya está en camino de convertirse en un clásico: rehúye la expresividad del artista romántico. Su antiperonismo, que en 1946 le cuesta su puesto de bibliotecario municipal por sus manifestaciones públicas, también puede leerse en el juego de contrastes que postularon sus páginas.

 

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