En un hecho aislado, a cientos de kilómetros del escenario que concentró todas las miradas en el polideportivo de Argentinos Juniors, en la otra orilla del Río de La Plata, un tal Jonathan Calleri, sin proponérselo, distraía el foco de atención de la presentación de Juan Román Riquelme como nuevo refuerzo del bicho de La Paternal y con su gol, a la distancia, opacaba al mismo Román, el protagonista del cuadro.
Paralelamente, mientras el máximo ídolo xeneize se presentaba en el club de sus orígenes, el equipo de Carlos Bianchi disputaba su último amistoso de pretemporada de cara a la doble competencia que afrontará hasta fin de año (torneo de Primera División y Copa Argentina). Y lo hacía en Uruguay, en la casa de Nacional de Montevideo, de donde se llevó una victoria por 1 a 0, sin brillar ni deslumbrar; y dejando muchos retazos para el análisis futbolístico.
Y en un contexto de chatura futbolística y de parsimonia lógica que ofrece un amistoso sin valores en juego, el gol de Jonathan Calleri -el joven designado por el Virrey para "cargarse la mochila" de ser el sucesor de Riquelme- fue lo más destacado de la tarde, en un día muy especial y que salpicó también al "mundo Boca". El tanto, que le valió al xeneize traerse de Uruguay la Copa Atilio García (en homenaje a un crack argentino que vistió ambas camisetas en la década del 30), llegó casi sobre el final del encuentro disputado en el mítico Centenario (47'' ST), luego de una eficaz jugada preparada que culminó con el gol del nuevo 10.
Boca formó con: Orión; Grana, Magallán, Forlín e Insúa; Castellani, Gago, Erbes y Carrizo; Calleri y Gigliotti. Los del Virrey estuvieron inconexos y sin generación de juego. Y el triunfo "no tapó el bosque".

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