Desde hace un tiempo atrás los perros han invadido la ciudad y, más allá de cualquier valoración a favor o en contra que merece esta realidad, lo cierto es que se hace imprescindible la intervención urgente por parte de las autoridades para definir, de alguna manera, los derechos y las obligaciones que a cada quien le cabe al respecto.
Cariño y desprecio se manifiestan con la misma intensidad por parte de vecinos y foráneos que se topan con estos cuadrúpedos que pululan por todas partes.
Vale la pena mencionar una nueva costumbre que adoptaron los benefactores con modalidad cama afuera: es la de darles de comer en algún rincón de las calles o veredas de la ciudad, lo que los mantiene vigorosos y libres.
En este contexto, la venta de comida para mascotas se ha multiplicado de manera geométrica en cualquier almacén o súper de cada zona de la ciudad y esto ha permitido que afloren los corazones solidarios por un periodo de tiempo que determina el bolsillo y la voluntad, pero con esto no alcanza.
El más desprevenido protector de las mascotas sabe que los animales domésticos merecen ciertas atenciones tales como alimentación, techo, atención sanitaria, abrigo, cariño, etc.; pero sobre todo, responsabilidad.
Si esta premisa no se cumple con el rigor que merece una vida, algo está pasando.
Hace unos días atrás, el gerente del Hospital Papa Francisco, en la zona sudeste, comentaba que las mordeduras de los perros llevan la delantera en las atenciones del nosocomio, superando incluso a las infecciones respiratorias de la temporada invernal.
La cría de perros de peleas ha potenciado de manera significativa el peligro que representa la especie y la necesidad de nuevas normativas, que contemplen esta situación, son una necesidad impostergable que debemos plantearnos.
Si no existen responsables a la vista, son las autoridades comunales las que deben tomar las debidas cartas en el asunto.
No es posible que la situación se siga extendiendo sin límites en el tiempo porque, con certeza, alguien puede no compartir una decisión al respecto; pero pese a quien le pese, hay una necesidad de enfocar con la responsabilidad que merece el problema.

Ernesto Echeverría
Salta capital

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Sección Editorial

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