Fernando tiene 30 años y divide su tiempo entre su trabajo como empleado público y su hobbie: armar las estructuras que darán vida a decenas de tocados y vestuarios de distintas agrupaciones carnestolendas locales.
Su trabajo no se ve, pero es el que permite desplegar el encanto y el color del carnaval.
Todo comenzó hace 5 años, cuando Fernando incursionó en la herrería, aunque su interés por la cultura carnavalera salteña empezó en su niñez.
En primera persona
Ya desde chico participó en varias agrupaciones y vio desde adentro la organización de los desfiles, desde la elección de la temática, hasta el engranaje que se pone en marcha meses antes del carnaval.
"De chico estuve en diferentes agrupaciones y pude ver la forma en que se organizaban y preparaban los atuendos. Es muchísima la gente la que está detrás de escena", contó a El Tribuno Fernando.
En su labor, emplea alambres de diferentes medidas, soldadura de punto y soldadura halógena. Se trata de un trabajo a pequeña escala, detallado y minucioso. "Un tocado me lleva hasta tres días. Es un trabajo preciso y milimétrico. Un error implica empezar todo de nuevo. Por eso hay que ser exacto con las formas, el peso, la altura, la comodidad y el impacto visual que se le quiere dar. Hay que saber jugar con los pesos y las medidas".
Fernando define su quehacer como un arte bohemio y carnestolendo. "Es uno más de los tantos que hay en todas las agrupaciones de las villas y barrios de Salta. Hay mucho talento que no se conoce".
Con el paso de los años, este joven comenzó a interesarse en mejorar la calidad de los trajes de las comparsas tradicionales y las agrupaciones, especialmente aquellas que evocan el carnaval carioca.
"Los conjuntos con los que trabajo siempre buscan actualizarse para brindar un espectáculo de calidad", afirma y destaca que esa actitud le permite incursionar en nuevas ideas todo el tiempo y darle lugar a la innovación en el diseño de las estructuras del vestuario carnestolendo.
"Como soy muy inquieto, comencé en este arte curioseando, como quien dice, y observando mucho el trabajo de las agrupaciones salteñas y los corsos que se realizan en otras provincias. En el Litoral, por ejemplo, las cosas son distintas. Las agrupaciones reciben ayudas económicas. En mis inicios, todo fue a prueba y error y, con el pasar de los años, me fui perfeccionando", contó.
Capacitación
Fernando eligió Corrientes, para capacitarse. Sus maestros son quienes hoy en día lo asesoran y les dan el visto bueno a las obras de Fernando.
"Sigo siendo un aprendiz y me gusta perfeccionarme. Eso hizo que cosechara muchos amigos en el medio y que año a año aumentaran los encargos", relata.
Actualmente Fernando se encuentra trabajando con 70 tocados para la escuela de samba Oxoum. Pero su fama traspasó los límites del ámbito local: también está elaborando 15 cabezas de águilas para una comparsa de la ciudad de Tartagal y 15 tocados para una agrupación de San Pedro de Jujuy.
El toque festivo de lo carnestolendo unido a su talento hacen que reciba encargos de tocados para casamientos, fiestas de quince años y shows de academias de danzas.
"Los trabajos más demandados son, sin duda, para el carnaval. Piden formas de animales, como águilas y cóndores; cabezales para máscaras de brujos y tocados para las agrupaciones que evocan al carnaval carioca. Éstos requieren de mucho tiempo para el armado, ya que llevan varios detalles.
También trabajo bastante con las escuelas de danzas árabes y para algunas obras de teatro", puntualizó.
Para este artista, poder dedicarse a lo que le gusta no es una tarea fácil, dado el esfuerzo que demanda. "Se requiere mucho tiempo, dedicación y horas y horas frente a la máquina de soldar. Pero es una forma de desconectarse del estrés".
De padres a hijos
La cultura carnavalera se transmite de generación en generación, de manera oral. "Armar y emplumar un gorro, diseñar una máscara, pintar una tumbadora, soldar un tocado, bordar un aplique... todo es arte, todo tiene una explicación, una investigación previa y una transferencia de conocimientos de padres a hijos. Así lo viví yo desde dentro de las diferentes agrupaciones. Los chicos aprenden en talleres montados en las casas...Eso es arte y cultura en estado puro".
Uno de los anhelos de este artista es que la soldadura hecha arte pudiera ser incluida en la currícula de los chicos. "Sería muy lindo que desde chicos los alumnos pudieran tener contacto no solo con lo técnico, sino con la cultura carnavalera. ¡A qué chico no les gusta el carnaval! ¿Quién, de niño, no ha quedado maravillado con los gorros de alguna comparsa o anduvo golpeando tarros por las calles del barrio? Es una forma de forma de valorizar y mantener viva esta parte de nuestra cultura", finalizó, esperanzado, este joven artista dedicado al mundo del carnaval.
 

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