Conmovedoras historias de los  ancianos acorralados por el olvido

Carmen Petrini locales@eltribuno.com.ar

Margarita es baja, camina lento y apenas si se le escucha la voz. A pesar de la soledad y la dura que vida con la que le tocó lidiar no abandona su coquetería.

Sus canas están teñidas de castaño oscuro y sus largas uñas están cuidadas. Es una de las ocho ancianas que vive desde hace algunos años en el Hogar Santa Ana, ubicado en Villa Mitre, al este de la ciudad.

Margarita, quien nació y creció en Campo Santo, no ha tenido una vida fácil. Cursaba segundo grado cuando murió su madre. Hasta allí llegó su infancia.

Su padre la sacó de la escuela y la dio a una familia como criada, "me daban desayuno y comida", cuenta con tristeza, a cambio ella ayudaba en los quehaceres de la casa.

Cuando fue más grandecita se especializó en lavado y planchado. "Trabajé para todas las casas del pueblo. Me pagaban muy poco, pero estuve muchos años", relató

Tímidamente cuenta que tuvo un hijo cuando era muy jovencita, ese niño ahora tiene 55 años y sufre una enfermedad mental compleja, por lo que está institucionalizado.

Cuando Margarita cumplió los 50 años formó pareja con Miguel, hasta que él falleció hace unos años.

Mientras sus fuerzas se lo permitieron siguió lavando y planchando.

Trabajo intenso

"Una patrona me ayudó con los trámites de jubilación de ama de casa", dijo Margarita a El Tribuno, por eso cuenta con un pequeño ingreso.

Después de más de 60 años de lavar y planchar ropa ajena, se jubiló como ama de casa.

Hace tres años ingresó al Hogar de Ancianos Santa Ana. Pero su tristeza sigue, porque está sola. Ahora su familia son sus compañeros del hogar y Graciela Arias, la directora de la institución, y el equipo operativo.

Historias de soledad

La de Margarita es una de las 28 historias que hay en el Hogar de Ancianos Santa Ana de Villa Mitre. Una más triste que otra. En estos momentos hay 28 ancianos internados, 20 son varones.

"Los varones son los primeros en ser expulsados por la familia, sobre todo si tienen algún problema de salud", comentó Graciela Arias, directora del hogar. "En cambio las mujeres, como son más útiles, quedan más tiempo en la familia. Ellas cocinan, cuidan los nietos, limpian"

El problema más grave que tienen estos ancianos, es la soledad. "Aquí los internan y, salvo excepciones, nunca más vienen a verlos", agregó Arias. El promedio de edad de los abuelos es de 80 años. Hay adultos mayores que han llegado a estar 20 años, de todos modos esto es muy variable. "Aquí la mayoría de las veces nos toca cerrarles los ojitos", dijo Arias.

A pesar de la dedicación del equipo de trabajo, los abuelos están solos. Les falta lo más importante, el afecto de sus seres queridos, quienes al final de sus vidas decidieron dejarlos solos e indefensos.

"Fueron abandonados", son contados con los dedos de una mano los que son retirados de vez en cuando por sus familiares, para las fiestas navideñas o para su cumpleaños.

La mayoría de los ancianos internados están judicializados. "Llegan aquí por alguna denuncia de maltrato que realiza algún vecino, en algunos casos, ellos mismos se presentan en la Justicia", dijo Arias.

Los equipos técnicos de la Asesoría de Incapaces decide el mejor lugar para ellos. En Salta hay cuatro hogares dependientes del Gobierno de la Provincia: San Vicente de Paul, de la ciudad de Orán; Hogar Padre Pedro Borghini, de Tartagal; Hogar Las Moras, de Chicoana, y Santa Ana en Salta.

Estas instituciones son gratuitas y es para los adultos mayores carenciados.

El hogar

El hogar está enclavado en un predio de 4.100 metros cuadrados con una superficie cubierta de 679 metros cuadrados y 28,27 semicubierta. "Aquí los abuelos están cuidados y contenidos por el equipo de operadores y enfermeros", dijo Graciela Arias.

"Todos los meses la Cooperadora Asistencial nos da un cheque con el que compramos la mercadería que se necesita para los abuelos, desde sal hasta pañales" Además, si necesitan movilizarlos, también la Cooperadora los asiste.

Por otro lado, la mayoría de los ancianos recibe la pensión no contributiva, en el caso de las mujeres la jubilación de ama de casa.

En general ellos trabajaron toda su vida, pero muchos dentro de la informalidad, lo que deriva en la falta de aportes al sistema jubilatorio. "Cuando tienen que cobrar sus pequeños ingresos van acompañados por quien ellos prefieran, generalmente es alguno de los operadores, a los que ellos sienten más cercanos", dijo Arias.

Después que cobran se dan algunos gustos, por ejemplo se compran prendas de vestir, van a comer a algún restaurante su comida preferida o dan un pequeño paseo.

 

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