Daniel Toro: “Intenté echar raíces en la cultura y sembrar en los campos de la poesía”

Pareciera ayer cuando la plaza Próspero Molina de Cosquín se emocionaba con ese jovencito de contextura pequeña y rasgos de esta tierra. Fue su consagración como solista allá en 1967, subió para cantar solo dos canciones y terminó interpretando catorce, con un público que lo aplaudió de pie.Solo basta mencionar el nombre de Daniel Toro para darnos cuenta de que se trata de una leyenda viviente, de un provocador de sentimientos, un exacto “traficante” de ilusiones y vendedor de fantasías.
Ahora, Daniel Toro con más de 50 años de trayectoria, siente que Dios le dio un poder cautivo, que hay que saberlo usar, y es la energía del alma, por medio de la mente.
“Soy una energía que llegó a la vida y tomó forma humana, sé que alguna vez no voy a estar. Creo que al otro lado de la vida hay otra cosa donde nuestra energía y alma iniciarán una nueva tarea, para mi indeciblemente misteriosa, lo cual lamentablemente no puedo decir porque no sé que es, pero intuyo que está”, aseguró Toro. 
Con pasos lentos pero con palabras sabias, este grande del folclore se reunió con El Tribuno para abrir su corazón.

¿Cuál es el secreto para mantenerse en el corazón de la gente?

Siempre me consideré un decidor, un cantor que compuso con sentimientos, creo que ahí nació la fórmula para una excelente comunión, y que lógicamente mantiene ese imán a través del tiempo. Jamás abrí la boca si no era para expresar un claro mensaje, a mi criterio es la obligación que debe mantener una persona popular. Intenté echar raíces en la cultura y sembrar en los campos de la poesía.

Le aportaste grandes obras al cancionero popular...

Yo vine con cosas incorporadas de mis ancestros a este mundo, además tuve un maestro como Ariel Petrocelli, quien me enriqueció con la poesía. Tuve el honor de tener a mi lado a grandes hombres... y no a hombres grandes. Además, debemos agregar que esta pintoresca provincia es una inspiración permanente para activar la pluma.

¿En algún momento de tu carrera artística quisieron silenciar tu voz?

En aquellos años tuve una década maravillosa, en la que compartí y disfruté con la gente de mi país. Mi canto se extendió hacia todos los horizontes y mis canciones se hicieron piel en los argentinos. Pero aparecieron los milicos, y me refiero a ellos con este término, porque entiendo que la palabra militar se refiere a aquellas personas que defienden a su pueblo y a nosotros no nos tocó vivir esa realidad. A mi me censuraron por ver la vida a mi modo, por amar la paz y la justicia. Se creyeron dueños de la verdad. Mi madre siempre me decía: “no hagas algo que luego tengas que pagar más caro”, y eso lo prediqué en cada instante de mi vida. Los milicos fueron despreciables. A pesar de las amenazas constantes de muerte, jamás abandoné el país, cerraron mi boca pero me aferré aún más a mi tierra. Mis composiciones las registraba con el seudónimo de Casimiro Cobos.

¿Qué cosas te ponen triste?

El egoísmo que reina en el mundo. Yo viví otra época. Más allá de las grandes problemáticas, como el alcohol, la droga y la corrupción, tenemos la obligación de concientizar a los jóvenes que deben encaminarse en un sendero de orden y respeto. También me pone triste la falta de verdaderos argentinos, por la enorme cantidad de genética europea. Esta realidad le hace mucho daño a nuestra tierra, es erróneo admirar las cosas de afuera. En nuestro país hay gente que quiere hacer cosas y no la dejan..., y otros que solo hacen macanas.

¿Cómo ves la situación del mundo?

Creo en Dios, el mismo que me inculcaron mis padres, es algo grande y poderoso. Si algo le pasa al mundo, el gran responsable será el hombre.

Tus genes siguen echando raíces en el folclore...

De una manera u otra, por mis venas corre sangre del canto popular. Cinco de mis hijos (Claudio, Carlos, Facundo, Daniela y Miguel) están vinculados de forma profesional al folclore. Solo Isabel (abogada) se desentiende del tema.

¿Y el cáncer de tu garganta?

Ya no está, se curó definitivamente, es la bendición de Dios. Varias veces estuve cerca de la muerte, pero jamás me asustó el más allá y siempre salí airoso de todas esas pruebas

Sus grandes éxitos conforman el repertorio de artistas consagrados.

El despertar de un Indiecito dormido

“Yo no sé de que mundo vino mi niño, yo no sé de que mundo de fantasías”, se lee en alguna estrofa de El Principito, y parece cristalizar la figura de su autor: Daniel Toro, uno de los más grandes en la historia del folclore nacional. Fama, éxito, y alegrías, se emparentaron con él, a lo largo de su carrera, pero también se vislumbró tristeza, dolor y desilusión, en la humanidad de este “Indiecito dormido”, que jamás se rindió a la vida, y se encargó de hacer realidad su promesa: “Cuando tenga la tierra sembraré las palabras que mi padre Martín Fierro puso al viento”.
“Mis inicios fueron cantando tango, fui un admirador de Magaldi, me sabía todas las canciones. Después me maravillé con las obras de Carlos Gardel y Lepera, con letras de una profunda poesía, que se comparaban con las grandes creaciones del cancionero popular de aquella época”, dijo el salteño.
“No sé para que volviste, si yo empezaba a olvidar”, dijo alguna vez con un dejo de resignación este cantor salteño, en relación a su romance con el folclore, tras un inesperado cáncer en su garganta. Pero felizmente la voz jamás se calló, ni siquiera los militares pudieron apagar sus verdades, y la “Mariposa triste” le dio vuelo para constituirse en uno de los más notables compositores del país. “Mi canto es la liberación de voces que callan”.
Más de 500 obras y 40 discos grabados, dejan al “desnudo” la brillante carrera artística del salteño, que jamás dejó pasar desapercibido al amor, y cuando pudo aprovechó en sus canciones para apuntar al corazón. A su provincia también la “desnudó en cada una de sus notables obras.
 Su amigo entrañable Ariel Petrocelli no dudó en decirle “Para ir a buscarte he vestido de rojo mi guitarra”, y juntos sellaron esta preciosa canción, que recorrió Latinoamérica.

Canción que recorre todos los continentes: "Zamba para olvidarte" es uno de los temas con mayor preferencia entre la gente

 

"Te voy a revelar un secreto. Cuando transcurría 1977, el gran maestro César Fermín Perdiguero me entregó dos letras para que les pusiera música. Una de ellas era la zamba ‘Esta noche canta Salta’. A los pocos días completé esta obra, pero antes de entregársela a Perdiguero, me llamaron justo de Cosquín para que presentara una canción en el concurso del tema inédito. Yo no tenía nada preparado, solo restaban dos días para el certamen, así que decidí recurrir a la música que estaba destinada para la zamba de Don Fermín. Lo llamé a Julio Fontana, quien fue un gran compositor bonaerense, y me dijo que no le daban los tiempos, pero le insistí tanto, que me hizo tararear la melodía por teléfono, y me prometió que me llamaría en los próximas horas. Así fue, al otro día me envió una letra maravillosa. Esta es la historia de Zamba para olvidarte. Ganamos el concurso de punta a punta, y a la brevedad tuve que buscar una nueva música para ‘Esta noche canta Salta’. Lógicamente que, jamás se lo comenté a Perdiguero. A esta anécdota se la podría llamar: la historia de las zambas mellizas.

Entre los éxitos de Toro (algunos en binomio), se destacan: Mi mariposa triste, Escríbeme una carta, Zamba para olvidarte, El antigal, Mi principito, Para ir a buscarte, Cuando tenga la tierra, Cien farolitos volando, Será siempre igual, Las cosas de mi sobrina, Entre el mandarinal, La vida siempre empieza, Rencor, Por amor se da la vida, A veces, No la quieras tanto, Corazón, Ay amor, amante no y Canción para no perderte.

Una familia humilde pero llena de amor

“Vengo de una familia muy humilde. Yo le ayudaba a mi mamá en los quehaceres de la casa y también con el cuidado de mis siete hermanos menores. Mi papá trabajaba de mozo y era un hombre muy bohemio. Vivíamos todos en una sola habitación. Mientras colaboraba en el hogar, me gustaba tararear canciones, así empecé a introducirme en el canto, pero en el género del tango. La directora de mi escuela primaria Benaldina Tula me decía que yo cantaba lindo pero que debía interpretar folclore. Gané numerosos concursos y festivales de aquella época. Me habían apodado: Magaldi con pantalón corto”.
También recordó su paso por Los Nombradores en la década del 60. “Fuimos muy audaces para los años que corrían, era un conjunto con armonía y notables voces, pero los poderosos del folclore centraban su atención en las grandes figuras de esos años, no había cabida para nosotros. En Cosquín éramos los mimados del público”.

 

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