La clave para proteger a los chicos es la educación digital 

María Belén Zannier
El desconocimiento de parte de los adultos, la falta de diálogo con los hijos y la ausencia de supervisación de la rutina que tienen los chicos en la web vuelven extremadamente vulnerables a los chicos y abonan el terreno para el accionar de los delincuentes.
“Con las redes se produce la doble victimización: primero en el momento en que ocurren los hechos, desde insultos, una pelea o una violación, y luego en el mundo virtual, con la viralización de fotos, chats o videos”, aclaró Navarro.
La mejor prevención es el diálogo constante con los hijos. Pero, lamentablemente, las cifras son alarmantes. En nuestro país, más del 70% no sabe qué es el “grooming” o nunca escuchó el término. Tan solo el 28,4% de los consultados sabe que se trata de un acoso sexual a los menores a través de internet, según datos aportados por Grooming Argentina.
“Los adultos no toman conciencia de los vulnerables que son los chicos en este contexto, ya que están expuestos a contenidos que pueden afectar su psiquis, como los sexuales y demás. Hay muy poco diálogo en las familias sobre los entornos digitales y muy poca percepción de los riesgos por parte de los grandes. Un niño de 10 años que accede a internet, puede acceder a páginas inadecuadas para su edad. Permitir eso es quitarles su inocencia”, sentenció dijo Hernán Navarro.

Falta de contención
A la falta de diálogo e información, se suma la ausencia de contención emocional de los chicos y las eventuales carencias afectivas, lo cual los hace aún más vulnerables al accionar de terceros. 
“Cuando un chico tiene falencias afectivas se aferra al primero que les dice algo bonito. Los papás deben trabajar en la inteligencia emocional de los niños y en su autoestima. Hoy de 10 casos de grooming se denuncian solo tres, especialmente en el norte, por el machismo que aún impera en nuestra sociedad. Esta cifra aumenta con los años porque son cada vez más los chicos y a menor edad que acceden a la web”, afirmó en tanto Viviana Moreno.
“El acoso en las redes comienza cuando los chicos están desprotegidos, porque nadie controla lo que hacen, pasan demasiado tiempo en las redes y nadie se da cuenta de eso. El adulto siempre debe saber qué está haciendo su hijo en la web. La clave está en supervisarlos por lo menos hasta los 18 años”, acotó Matías Arroz.

Cómo prevenir
Para los especialistas, prohibir el uso de tecnologías o bien del celular es casi imposible en el mundo actual. La clave: informar, dialogar y educar. “Hay que hablar y darles información a los chicos sobre los riesgos de la web y explicarles por qué los padres deben supervisarlos. Hay que educar a los chicos para el buen uso de internet. Pretender que no manejen dispositivos es imposible en la actualidad y prohibirlo aumenta el deseo y además favorece la ingenuidad”, señaló Matías Arroz.
Por su parte, Navarro destacó que lo fundamental es tomar medidas que van más allá del mundo virtual. “Hay que pautar horarios y espacios en familia y desintoxicarlos digitalmente a los chicos. El control físico de los dispositivos no alcanza. El mejor software de control parental es el diálogo. No hay que prohibir, pero sí supervisar constantemente”. 

Cuándo abrir un perfil
Los expertos aconsejan que la apertura de una cuenta en las diferentes redes sociales también sea a partir de los 13 años, pero siempre con supervisión de los adultos sobre los contenidos que se publican.
Es fundamental que los chicos no suban a la web datos o fotos personales ni de su entorno. Lamentablemente, la realidad arroja datos alarmantes. “Ocho de cada diez chicos brindan información personal a desconocidos. Incluso hay menores de 8 años que ya tienen un perfil y en muchos casos incluso más de uno. Esto es grave, porque el primer contacto con un desconocido es en las redes, porque la web favorece el anonimato y el chico no dimensiona el riesgo”, advirtió el licenciado Arroz. 
En la misma sintonía, el director de Grooming Argentina fue categórico: “Un chico con un smartphone está más expuesto a sufrir abusos que otro que no lo tiene. Por eso sugerimos que nunca pongan fotos ni información personal en los perfiles de WhatsApp, Facebook y demás redes”. 
Por su parte, Viviana Morales contó su experiencia desde su rol de madre. “No hay que tenerles miendo a los hijos. Hay que amarlos, pero de forma responsable. Cuando mi hijo tenía 12 años comenzó a hablar como adulto, chequeé su Facebook y no me gustaron para nada sus posteos. Uno se da cuenta cuando hay algo que no anda bien. Le anulé la cuenta, a pesar de que él protestó un año entero. Después de muchas charlas, recién abrió otro a los 14, pero él ya tenía otra mirada”, recordó.
Un aspecto a tener en cuenta es que, al ser menores de edad, los chicos no tienen privacidad con respecto a sus padres o tutores, porque, justamente, son menores. “Por ello es necesario saber todas las contraseñas para supervisar de manera constante el correo y los perfiles de las redes sociales para ver qué publicaciones tienen los chicos y con quiénes chatean. También qué páginas visitan”, finalizó el psicólogo Matías Arroz.


¿Cómo controlar lo que pasa en la web?

Computadoras y tablets cuentan con varios programas de control parental para evitar que los chicos accedan a páginas inadecuadas. Con el celular es más complicado, al tratarse de un dispositivo móvil más personal. No obstante, ya hay aplicaciones y hasta modelos de smartphones destinados a la supervisión de los adultos.
Un ejemplo es el Coradir Kids CS400, un celular lanzado en 2016 exclusivo para chicos. Posee GPS para que los padres siempre sepan dónde están sus hijos, con alarma SOS para utilizar en caso de emergencia de los niños. Está liberado para ser usado con cualquier compañía de telefonía móvil y tiene Android. Cuenta con un control de aplicaciones no deseadas y un sistema de administración de dispositivos para saber qué aplicaciones están siendo usadas o fueron instaladas, y así bloquearlas, de ser necesario, desde una PC, notebook, tablet o smartphone parental.
El sistema SOS envía alertas a un grupo de contactos de confianza preestablecidos vía internet o SMS. Su precio aproximado es de $8.500.
Por su parte, Apple ofrece una sección de controles para los iPhone que los padres pueden activar o desactivar. Permiten restringir el acceso a contenidos para adultos en Safari o evitar que las aplicaciones utilicen los datos del teléfono celular. Los controles del iPhone se encuentran en la sección “ajustes”, en el menú “restricciones”.
Los Android carecen de ajustes de control parental, aunque hay aplicaciones en la tienda Google Play para que los padres agreguen restricciones. Qustodio, por ejemplo, monitorea los mensajes de texto, desactiva aplicaciones en determinado momento o incluso se apaga un teléfono vía remota. 
Por su parte, la versión infantil de YouTube, YouTube Kids, impide que los chicos accedan a otras páginas y se centra solo en contenidos infantiles de todo tipo.


Las tendencias del mercado

El mercado tiene cada día más ofertas destinadas al segmento compuesto por niños de entre 7 y 16 años. Este grupo etario representa el 30% del mercado de teléfonos inteligentes de la Argentina, según datos de la consultora Ipsos.
Entre los 10 y 12 años los chicos suelen conformarse con un celular de gama baja, mientras entre los 13 y 14 suelen utilizar uno de gama media. Por último entre los 15 y 16 años se inclinan por la gama alta, informaron desde Samsung Argentina.
De acuerdo a las estadísticas divulgadas por esta empresa, entre los 7 y los 9 años los niños experimentan sus inicios en la cultura “touch” con objetivos recreativos con juegos y aplicaciones. 
A los 10 años ya comienzan a tejer relaciones y deseos de pertenecer a su entorno cercano, por lo que complementan su entretenimiento casero con estrenos en redes sociales. 


¿Generan adicción los dispositivos?

El licenciado Arroz afirma que ningún dispositivo genera por sí mismo una adicción. “La actitud adictiva surge como un síntoma que denota,en realidad, otros problemas más profundos, como por ejemplo la falta de límites de los padres o bien en la sociabilización. Nadie les dice a los chicos cuándo parar en el uso de los dispositivos. 
Esta conducta es un llamado de atención y un indicador de otros problemas más profundos”.
Destacó que lo más aconsejable es que los más pequeños no estén más de un par de horas por día frente a los dispositivos, para que éstos no reemplacen otras actividades, como estar en familia o jugar. “Es fundamental el ejemplo de los adultos”.
 

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