Huella de carbono: procesos textiles ancestrales se alían a tecnología 3D

Afirma el artista franco-chileno Alejandro Jodorowsky: “El camino es tan importante como la meta”. Y de este espíritu se nutre la exposición “Huella de carbono. Experimentación textil”, que se inaugurará mañana en el primer piso del Centro Cultural América (Mitre 23). Con entrada libre y gratuita, permanecerá abierta hasta el 20 de este mes y se la podrá visitar de 9 a 21. Desde hace siete años, con su emprendimiento de indumentaria femenina Maloca, Patricia Piccardo viene instalando el debate de la sustentabilidad en los procesos productivos textiles, y específicamente con “Huella de carbono...” las distintas prácticas y procesos. Así, a través de esta muestra trae a debate si las aplicaciones tecnológicas pueden generar una mayor inclusión social.

Desde su trabajo en red con tres comunidades -la cooperativa Puna, de Abrapampa (Jujuy); Taxara, de Tarija (Bolivia); y familias de la quebrada de Escoipe, en Salta- ha hecho hincapié en el comercio justo y el código de sustentabilidad no solo a nivel ambiental, sino social. Ahora, enfocada en la mejora del stock -un problema neurálgico de muchos diseñadores salteños justamente por la delicadeza puesta en la elaboración de las prendas-, comenzó una investigación sobre la impresión en 3D. “Creemos que son muchas las bondades que tenemos como producción local y regional, pero que sí nos es necesario darle una vuelta de rosca a la capacidad productiva y de la mano de la tecnología buscamos llegar a ser más competitivos a nivel internacional”, definió. Agregó que si bien las artesanías son muy valoradas en todo el mundo, un paso más allá y conforme con la creación de productos funcionales para la vida actual sería aplicar tecnología conservando algunos valores del trabajo artesanal. Con este planteo se postuló al programa Plataforma Futuro, dependiente del Ministerio de Cultura de la Nación, y obtuvo un apoyo económico y tutorial al ganar la línea Gen 4 en representación del Noroeste Argentino. Este programa ofrece apoyo al proceso creativo experimental promoviendo el cruce de disciplinas, y alcanza a seis regiones del país, entre las que está el NOA. El objetivo de Patricia Piccardo es llegar a un prototipo de telar funcional que imprima en 3D y más adelante poder transferirlo a las comunidades para que empiecen a experimentar más allá del telar común.

“Con esta aplicación se acortarían los pasos del hilado, que se inician a partir del ganado, de ahí se hacen la tela y los recortes y se construye a través de moldería en 3D. Es decir, que tejeríamos en 3D, pero con fibras de camélidos”, clarificó. De acuerdo con su mirada de ingeniera en Recursos Naturales, pero también de diseñadora, la investigación y experimentación con tecnología de impresión 3D está en ciernes, pero su aplicación en el campo de la moda y textil será tan revolucionaria como en su momento lo fue la irrupción de la máquina de coser. “Hoy ya se imprimen vestidos en 3D. Nosotros estudiamos algunos polímeros que vienen de origen orgánico, pero la mayoría por ahora deriva del polietileno, entonces son una variedad del petróleo. La tecnología es muy buena, pero cuestionamos un poco el uso de materiales porque la tendencia es que pase a materiales derivados de productos orgánicos, biodegradables, y esto está en un proceso que llevará su tiempo”, detalló. Actualmente se teje en 3D con derivados de plástico para reutilizarlos, por ejemplo, en la producción de zapatillas o zapatos. Aquí la idea no es reutilizar, sino seguir trabajando con fibras locales sustentables, degradables, naturales y orgánicas.

Patricia propone pensar en telas con un tercer eje, más allá de trama y urdiembre

Patricia Patocco recordó que trabajan en base al comercio justo con cooperativas pastoras de ovejas y llamas (exactamente de Abrapampa, Jujuy; Tarija, Bolivia, y Escoipe, Salta). “Utilizamos recursos locales y los resignificamos en nuestros productos desde una mirada contemporánea que envuelve todos los valores ancestrales, vinculando sociedades rurales con las urbanas en una relación que beneficie a ambas”, expresó. Acerca de las potencialidades de cada zona, destacó que para ella si bien existen límites geográficos, estos se desdibujan cuando se analizan los aspectos culturales. “Cada comunidad trabaja distinto. Por ejemplo, los tejidos de alpaca los hacen en Tarija, porque nosotros tenemos llamas y vicuñas, pero no la alpaca, que es la especie que está entre medio de ambas en calidad. También hacemos intercambios, porque aquí en la Argentina se ha perdido mucho el telar como práctica, entonces se hace lo básico”, expresó. Luego señaló que trabaja con el picote de lana de oveja, hilado a mano y tejido en telar de piso, y el de fibra de llama, que al ser fina y larga permite un hilado de buena calidad y su posterior tejido en telares de pie. “Su peculiar característica de ‘fibra hueca’ la hace más térmica que las otras fibras animales y puede ser teñida por tintes naturales y artificiales”, especificó.

Ahora si todo va sobre rieles irrumpirá en este proceso la tecnología en 3D, que se caracteriza por su gran precisión para hacer estructuras, módulos y pensando en hacer en algún momento un telar que teja en 3D, del que ya tienen cuatro prototipos. Patricia propone olvidar la tela plana, trama y urdiembre, y empezar a pensar en telas con un tercer eje. “Vengo de las Ciencias Naturales y sería como un esbozo de una tela tipo membrana celular con las mismas características que tiene cualquier membrana citoplasmática y esto es una composición de distintos materiales, pero lo que hace es como un espesor que genera un intercambio gaseoso. En este caso al aplicarlo al textil y trabajar con tres hilos en vez de dos y en plano generaríamos una cámara de aire y eso sería más térmico para la piel”, expuso. Por ello la intención de la exposición es mostrar que si bien existen avances tecnológicos cómo estos tendrían que ser y qué principios deberían cumplir para generar más inclusión social.

“El diseño textil siempre ha generado mucha esclavitud, trabajo marginal, mucha precarización laboral, y nosotros queríamos mostrar este proceso creativo en red, en el que están involucrados diseñadores, artesanos e hilanderos desde la parte científica, artística y experimental”, concluyó Patricia.

Maloca

Para los pueblos originarios del Amazonas, la maloca es un espacio sagrado concebido como el vientre de formación del ser. En esa construcción rústica la comunidad limpia colectivamente el corazón y se libera el espíritu. Se planifica, se organiza y se comparte la sabiduría. Se sanan el cuerpo, la mente y el espíritu de la gente y del medio ambiente. Se legisla y se imparte justicia restaurativa. Hace 7 años Patricia Piccardo estimó que el nombre traía las resonancias e implicancias correctas para su emprendimiento. Ella es ingeniera en Recursos Naturales y mientras trabajaba para la Administración de Parques Nacionales en la Puna jujeña recorría zonas áridas y semiáridas, acompañando la trashumancia y la vida de los pastores, a la que halló muy significativa. Durante esa labor de campo también sintió el llamado a emprender. Mientras estudiaba diseño de moda y textil se interesó en la resignificación de productos textiles saludables y responsables, y luego buscó comunicar un sistema de valores “como seres de la tierra y promotores de la cultura viva”.

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