Verónica superó adversidades y ahora sueña con llegar al Arnold Classic

Buenos Aires, 16 septiembre de 2018. Ese día, Verónica Isasmendi comenzó a sentir que podía llegar más lejos. Ese fin de semana previo al inicio de la primavera, ganó la Copa Lion Force de Fitness, por ser la campeona absoluta en la categoría Bikini. Y se imaginó un futuro más grande. Ese logro contó con el aval de la FAM (Federación Argentina de Musculación) y la impulsa a fijar nuevas metas, a soñar sin límites. A luchar, como cuando desde muy chica se vio casi frustrada por su bajo peso. 
Vero es soltera, de 27 años, hoy es instructora y propietaria de un gimnasio; trabaja, enseña y compite. También es profesora de inglés, pero a nada le pone la misma pasión que a esta disciplina de excelencia física y salud entre mujeres y varones.
Antes de levantar la Copa Lion había logrado un meritorio tercer puesto en el Campeonato Argentino de Fitness en Córdoba (también avalado por la FAM y la IFBB). 
“Ojalá pueda seguir con estos resultados, la Copa Lion fue una buena competencia y ahora le apunto a un torneo nacional (en diciembre)”, contó Verónica en su visita a El Tribuno. Vero recordó luego que su primera participación fue en el torneo Miss y Mr. Músculos, hace dos años. “Estar arriba fue para mí importante, pero no me fue bien”, admitió. Luego compitió en un certamen en San Pedro de Jujuy y más tarde en su primer Inter Clasic, acá en Salta. “Ahí gané por primera vez el absoluto”, comentó, ya en la categoría bikini, que califica la manera de caminar, la presencia y la sensualidad, entre otras cuestiones. Casi un año pasó para volver a presentarse en un torneo y fue en el Argentino de agosto de 2017.

 
Para la deportista salteña, nada ha sido fácil desde sus inicios. Si bien comenzó a practicar fitness en el 2016, desde los quince años desfila entre las pesas y las máquinas del gimnasio. “Fue difícil llegar, pensé que no iba a poder, comencé con 40 kilos y mi mamá, que siempre fue al gimnasio, fue la que me impulsó. Yo la acompañaba y ella me decía que hiciera ejercicios. En siete meses subí siete kilos, entonces me interesé por el fitness pero nadie me aceptaba, porque decían que era muy delgadita, hasta que decidí estudiar para instructora, y así salí a competir. Mi mamá me ayudó, pero yo vendía termitos de agua para poder recaudar”, relató. Y explica que esta disciplina es “sacrificada y muy cara por las comidas y la suplementación”. La recompensa llega “cuando uno se siente bien en todo sentido, supersaludable y muy despierto”, contó.
Verónica abre los ojos diariamente a los 8 de la mañana y no para hasta las 2 del otro día. Come cada tres horas y dos o tres meses antes de cada competencia se vuelven más estrictos la dieta y los ejercicios. Y hay otras complejidades: Vero sostiene que el ambiente del fitness es complicado. “Hay mucha competencia, mucho egoísmo, poca humildad, por eso muchas veces mantengo distancia y participo poco en los torneos. Muchos trabajan más para el Instagram o Facebook y no para uno mismo. Y como es un deporte individual, no se recibe ayuda del Gobierno”, manifestó.
“Ahora trabajo con un couch de Córdoba, estamos en contacto siempre”, añadió Vero y cerró con su mayor deseo: “Me encantaría llegar al Arnold Classic”, esa competencia a la suele ir el mismísimo Schwarzenegger a entregar los premios y que está a la altura de un Olympia, el Mundial.
 

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