La importancia de educar y los riesgos en la prohibición

A nivel global, existe una preocupación genuina por sobre el cuidado del medio ambiente, siendo éste nuestro hábitat y fuente de vida. Bajo esta concepción, tanto los gobiernos provinciales como el ciudadano común, en muchos casos intentan recurrir a medidas drásticas, y a veces poco racionales, para retribuir todo el daño que se le hizo al planeta durante los últimos cientos de años. 

En Argentina, hay provincias que desde enero del 2017 prohibieron las bolsas plásticas como medida para bajar el consumo del plástico y disminuir la basura que, en muchos casos, termina contaminando los océanos y afectando la vida de los animales. Sin embargo, esta medida ataca la problemática a partir de una prohibición que elude trabajar sobre un cambio de hábito posconsumo. La solución está en fomentar un consumo responsable de materiales plásticos y una concientización de sus cualidades de reciclado y reutilización. 
 
Salta es una de las pocas provincias que detectaron el inconveniente que proveía una prohibición de bolsas pláticas sin una genuina capacitación por detrás. Durante 2017 observaron los efectos negativos que producía una prohibición de bolsas plásticas: los ciudadanos dejaron de separar los residuos mezclando los deshechos orgánicos con los reciclables, aumentó la cantidad de residuos que recibían en los basurales y observaron como algunos empezaron a reemplazar materiales plásticos por otros más contaminantes. 

Desde hace más de un año, tanto Salta como Córdoba optaron por promover la utilización de la bolsa verde y negra normalizada por el IRAM para la separación de los residuos. Existen entidades técnico profesionales como Ecoplas, especializada en plástico y medio ambiente, que brindan soporte a la provincia capacitando a docentes de las escuelas y a los recuperadores urbanos para que reconozcan los tipos de plástico y puedan separar y enfardar para su posterior envío a la industria recicladora. Ecoplas ha capacitado a más de 2000 alumnos, 150 docentes y 500 recicladores urbanos.

“Vemos que existe un gran desconocimiento y prejuicio acerca de los plásticos. En nuestro país, es más fácil prohibir que educar. Las bolsas plásticas y films se pueden reciclar si las separarnos en el hogar y se transforman en bancos de plaza, mobiliarios para escuelas, bolsas de consorcio, madera plástica para decks, caños para uso agrícola”, indica Verónica Ramos, Gerente de Comunicación y Asuntos Públicos de Ecoplas. 

 

Estas capacitaciones están alineadas con el interés del cuidado del medio ambiente a través de un incentivo a la industria recicladora, que actualmente está trabajando al 50% de su capacidad ociosa por la baja separación de los residuos y la ausencia de voluntad política de los Municipios en involucrarse en la gestión de los Residuos Sólidos Urbanos. Esto no solo perjudica al medio ambiente, sino que también indica que las políticas públicas necesitan ser más activas y constantes para educar al ciudadano, colaborando en crear el hábito.

Prohibir no es la solución. La industria productora de bolsas plásticas sufrió la pérdida de más de 1200 familias que quedaron sin trabajo, 3600 empleos indirectos afectados y $700 millones en pérdidas económicas. Reducir, reutilizar y reciclar continúan siendo las claves para que la llamada economía circular funcione.  

Acerca de Ecoplas:

Asociación civil sin fines de lucro, especializada en el tratamiento plásticos y medio ambiente que impulsa el desarrollo sustentable de la industria plástica. Conformada por profesionales y técnicos con una sólida trayectoria en el estudio y asesoramiento en las temáticas relacionadas a los plásticos y el medio ambiente. www.ecoplas.org.ar
 

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