“Nuestra vocación es formar el primer presidente arquitecto del país”

El arquitecto Pablo Ferreiro vino el jueves último a Salta, invitado por el Instituto Güemesiano y por la Universidad Católica de Salta, a dar una charla en esta casa de estudios titulada “¿Hacia dónde vamos los arquitectos?”. Ferreiro es uno de los socios del estudio AFRa, que ganó concursos de relevancia, entre los que se destacan el mausoleo de Juan Domingo Perón y de Eva Duarte, el Parque Lineal Sur y el Ecoparque (ex-zoológico) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). 

Junto a sus socios, lidera Taller Nación, un espacio académico dentro de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires. Según explicó, esta cátedra busca mirar el país, no desde los límites políticos que se establecieron en siglos anteriores, sino desde la lógica propia de los territorios. Ferreiro aprovechó su viaje por el noroeste argentino para visitar Jujuy, donde en Tilcara en abril del año próximo habrá un encuentro proyectual para estudiantes de arquitectura de todo el país, y se buscará aprender de las “inteligencias” de este sitio histórico y simbólico precolombino.

¿Hacia dónde van los arquitectos? 

Es interesante porque, al leer la consigna de la charla, parece que uno tiene la solución y, en realidad, esto es un pedido de ayuda y, más que eso, una convocatoria para colectivamente pensarnos. Me parece que es un momento en que, en general, pero en la disciplina en particular todos tratamos de entender qué está pasando. Esta convocatoria es a pensarnos como época, como colectivo y como disciplina. No es lo mismo esa pregunta en Buenos Aires, en Salta o en Shanghái, pero la primera parte creo que es pararse en un lugar y ver el escenario para entender a qué época pertenece uno y a que lugar y, en función de eso, si se hacen lecturas correctas colectivas e individuales, se puede elegir cómo insertarse, por dónde ir y cuál es la misión, el rol o las posibilidades en lo que se decida ser. Esta charla la planteé en Buenos Aires porque había una cosa en el aire de que teníamos que juntarnos a pensarnos. Parece que acá también estaba esa necesidad.

¿Cómo surgió esa pregunta?

La mayoría de la gente entiende que un arquitecto es la dimensión edilicia, que es hacer edificios o casas. Esa es una parte histórica del rol del arquitecto. Con el paso del tiempo, las demandas de las distintas épocas hicieron que este tuviera que afrontar nuevos desafíos y creo que en estos momentos la dimensión edilicia de la arquitectura, que es necesaria, es una parte de incumbencias mucho más grandes, que tienen que ver con los crecimientos de nuestras ciudades. Más de la mitad de la humanidad ya vive en áreas urbanas y lo harán cada vez más por los cambios tecnológicos, las formas de trabajar y las comunicaciones. Por eso, hoy la dimensión urbana y territorial exige muchas más inteligencias y la arquitectura debe desplazarse hacia esas dimensiones mucho más complejas. Yo apelo a la figura del arquitecto como proyector. Es la disciplina de la cultura que puede mostrar cómo pueden estar las cosas, casi como una verificación, como se hace ahora con los modelos que extrapolan y permiten visualizar cosas para tomar decisiones a escala en un territorio. 

¿Cómo trabajan esto desde el estudio?

Consideramos que buena parte de la estructura legal que regula todas nuestras vidas -los códigos y las normas, hechas hace 100, 80 o 60 años e incluso muchas tomadas de estructuras legales anteriores- ya no administra bien los conflictos del territorio. Hay muchas normas que fueron hechas detrás de intereses que ya no son los que la época pone en juego, sobre todo en relación con la naturaleza. Nosotros tenemos una estrategia que es ir detrás de la legitimidad del territorio, a su comportamiento antes de la llegada de la cultura; o sea, cómo se comporta el territorio en su lógica propia. Todo el tiempo, al tomar decisiones proyectuales de dónde habilitar territorios, cómo construir o dónde habitar, conviene ver si la legalidad que existe está en línea con esa legitimidad y, si no, ir modificándola. Lo último que hicimos en esa dirección fue una consultoría en la Agencia de Protección Ambiental (APRA) de CABA. Propusimos dividir el territorio no por la lógica política, sino en función de las cuencas urbanas. De golpe, en vez de hacer edificios, como arquitectos empezamos a hacer mapas. 

¿Y desde el ámbito académico?

Nosotros hace rato que trabajamos en la universidad. El paso que dimos fue construir espacios formales en el ámbito de la universidad pública, primero, en posgrado. Ahora ganamos un concurso de grado para tener una cátedra en los cinco años de la carrera. Este proyecto académico, que se llama Taller Nación, lleva estas ideas a la escala nacional para mirar el territorio en esta lógica. Se busca desdibujar los límites establecidos en el último siglo e investigar cuáles podrían ser las nuevas formas de abordar el territorio. Las Naciones Unidas dicen que va a haber que construir hasta el 2050 tanta urbanidad como construyó toda la historia de la humanidad en el mundo porque la curva de crecimiento poblacional es exponencial y la nuestra es una especie urbana. En Taller Nación queremos formar profesionales técnicos que estén preparados para enfrentar estos escenarios, que no sabemos muy bien cómo van a ser. Un tercer paso de ese proyecto, que tiene que ver con nuestra visita aquí, es un encuentro proyectual sobre el territorio, que se llama ADN, de facultades de arquitectura que van al territorio a buscar inteligencias y a proponer a los territorios que se visita dejar algunas ideas a cambio de que nos reciban. Todo eso empieza a conformar una red de inteligencias que se forma en la universidad para que en el futuro haya ideas comunes de cómo operar en un territorio integrado. La vocación desde el Taller Nación -lo decimos un poco en chiste pero cada vez menos en chiste- es formar el primer presidente arquitecto del país porque la arquitectura es una disciplina muy integradora de procesos.

¿Por qué eligieron el NOA?

Elegimos la Quebrada (de Humahuaca) y el Pucará de Tilcara como lugar del encuentro porque desde el Taller Nación entendemos que nuestra Nación, cuando se conformó, tuvo dos epicentros: uno, en el Río de la Plata, donde había un puerto y un fuerte, y otro, en la Quebrada, que era la puerta norte de un territorio que se defendió y que se consolidó. A nosotros nos gustaba, en este arranque del ADN, que la Quebrada fuera el lugar fundante simbólico.Vamos a buscar la inteligencia en nuestra historia, que es uno de los escenarios donde uno opera.

En Salta hay un proyecto para extender una autopista, en torno a la cual se hicieron muchos barrios privados y públicos en los últimos años. ¿Qué opina sobre esta forma de crecimiento de la ciudad?

No voy a hablar del caso en particular porque lo desconozco pero puedo hablar de ese modelo de hacer ciudad porque lo conozco. Es un modelo tipológico que existe, que son grandes operaciones sobre tierra a la que se accede barata y que una infraestructura, al habilitarla, aumenta muchísimo su valor. Eso, en principio, es muy bueno para quien maneja esa operación inmobiliaria. Sin embargo, construir urbanidad es complicado. Ese proceso construye un modelo de ciudad muy distinto al de la ciudad tradicional, que es peatonal, recorrible y diversa. Construye modelos cerrados, no integrados ni integradores, exclusivos, y construye una urbanidad que no es tan interesante y que, aparte, es cara porque hay que llevar infraestructura lejos. Está claro que todos los procesos de urbanizaciones por fuera de las áreas urbanas en Latinoamérica generan modos de habitar que, a la larga, son caros para quien vive ahí. El gran debate es cómo se habita y cómo se habilitan territorios. La Argentina y Latinoamérica tienen el conflicto de grandes polos que atraen y suburbios. Me parece que en esos suburbios está el gran conflicto a pensar y a resolver. 

¿Cómo se hace ante el crecimiento exponencial de la población y el déficit habitacional que hay?

Yo creo que el Estado debe, entre sus tres puntos más indispensables, garantizar salud, educación y acceso a la vivienda. Ahora, hay que ver cómo hacen los estados, que tienen sus cuentas siempre muy pulsadas, para tener políticas viables en relación con esto. El primer tema es conseguir suelo público para construir viviendas. Aunque parezca que el país está casi vacío, gran parte del suelo es privado. Las políticas de esos suelos demanda inteligencias nuevas para ver cómo usarlos y, después, cómo construir viviendas. Esas son peleas y pulsos que hay que disputar. Para mí, hay que hacerlo con inteligencia y evidenciando las cosas.

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