Teuco Castilla fue protagonista de un homenaje a su obra y a la poesía

El destacado poeta salteño Leopoldo “Teuco” Castilla cerró el año en el marco de la serie Frost, un ciclo de lecturas organizado por la maestría de Escritura creativa de la Universidad de Tres de Febrero, en Buenos Aires. El evento, por el que pasaron anteriormente autores como Erri de Luca, Sylvia Molloy, Tununa Mercado y Nicolás Peyceré, contó con una amplia convocatoria: decenas de personas se reunieron para escuchar al Teuco, con silencio atento y admiración.
En ese contexto, la poeta María Negroni, responsable de la maestría- remarcó que “la idea de la serie es pedirle a los invitados que compartan con nosotros su modo de concebir esta tarea difícil, hermosa y terrible que es la escritura”, y dio paso a Ivonne Bordelois, crítica literaria y poeta, quien acompañó al homenajeado, y proclamó: “Yo estoy, de verdad, muy feliz y me creo privilegiada por estar en este preciso lugar y este preciso momento para enunciar algo que me parece necesario, pero que de algún modo parece resistirse a la evidencia. Quiero decir que cuando uno está frente a esa epifanía extraordinaria que es la presencia de una verdadera poesía, de un poeta cierto, un poeta no disfrazado, no inventado, cuando algo así encuentra un sitio auténtico y una escucha legítima, hay razones para alegrarse y para crecer en el convencimiento de que en esta ciudad donde se pretende reducir a andrajos a la cultura, todavía hay ocasiones de luz y de esperanza y de fe suficientes para sostenernos en nuestro diario y difícil vivir".
Bordelois acentuó: “El garante de esta felicidad es el Teuco y esa trayectoria suya que lo designa como un meteoro excepcional en la noche oscura que caracteriza a mi modo de ver a gran parte de la poesía de nuestra época”.
En la sala del rectorado de la Untref muchos poetas prestaron su silencio activo a los versos del Teuco: la salteña Lucila Lastero, el catamarqueño Alfredo Luna, Vicente Muleiro o Jorge Monteleone, solo por mencionar a algunos.

Su mirada
“Ya más changuito advertí que había sido favorecido con nacer en la casa de un poeta. Como ustedes saben, convocado por un golpe de emoción, de inocencia o asombro, se lanza el poeta como un ciego iluminado a ver si le es concedido el poema. Asido solo a esas certitudes entra en esa energía oscura, con la única brújula de su intuición. Para acceder a esos campos, uno debe dejar de ser uno, para que sea la poesía la que escribe. Y es que esa dama no juega con los dados cargados. Uno lanza al aire un dado blanco y si ella lo marca, cae legitimado por auténtica poesía. Si, por el contrario, el poeta lo marca a priori, el dado indefectiblemente cae blanco y desactiva la escritura. La intuición, no la intención, ni el cálculo, ni la astucia, impulsan ese salto hacia el abismo”, describió Castilla para iniciar una reflexión que cautivó y emocionó a todos.
Hacia la intimidad familiar declaró: “Son muchos y distintos los fuegos que alimentan la vigilia del ilusionado aspirante a lo largo de su vida. En mi caso -y pido que me disculpen, pero me han pedido que hable de mi experiencia-, creo que fue en mi infancia cuando ya tuve señales de esa hechicería. Con cuatro o cinco años -y esto lo relato en un poema- todas las noches, desvelado veía bajar la muerte por una escalera de mi casa, y dormido soñaba con la lluvia de fuego del fin del mundo. Recuerdo que mi curiosidad no cedía ante la visión de esos terrores”.
En seguida, el creador de “Manada”, “Gong, canto al Asia” y muchísimos más, desplegó los versos de “Oscuridad”, “Selva inundada” o “Balada de Auschwitz”, con su voz de mundo y de tierra. 
Tras la poesía, Bordelois abrió una peculiar conversación en la que el hijo de Manuel J. Castilla aseguró: “Yo he aprendido mucho de los poetas salteños. Los salteños tenemos una devoción extrema por Salta y cualquier traición puede significar la muerte instantánea. Ahí aprendí a cantar coplas, nunca te vas. Es una tonada esencial que te queda y te sale en los poemas. Por ahí estoy escribiendo sobre la India y de repente ves que ahí adentro hay una copla metida subrepticiamente”.

Poeta latinoamericano

Viajero incansable, señaló: “Es un honor ser latinoamericano, aunque en realidad somos unos bichitos que hemos caído sobre el planeta y la Tierra no tiene marca ni frontera. Por eso, cuando alguien le prohibe a otro instalarse en un lugar, es muy bruto. No podés caer en semejante injusticia, en negarle la tierra al hombre. América latina, no solo por la historia sino por el destino mismo, ha brindado a todos los países a veces hacia la esperanza y otras, como en esta época, hacia la desgracia y el cataclismo. Es hermoso ser latinoamericano porque es el mismo diálogo, la misma gente, la misma emoción, la misma memoria, el mismo amor”. Sobre este último punto, añadió: “Mis poemas de amor se esconden en cada una de las damas que me lo han concedido. Yo soy pudoroso. El amor me gusta gozarlo, pero no pregonarlo”.
“A veces pareciera que es pura duración de la infancia la poesía” comentó y en un tránsito por ese pasado vívido, detalló: “Mi madre era una mujer de un espíritu muy refinado. Cuando yo era chico, me llevaba a la terraza de mi casa, tendía una manta, se acostaba conmigo y me hacía escuchar música clásica mirando las estrellas”, rememoró el hombre, hacedor de versos vinculados al cosmos.

Premios y otra vez de viaje 
Entre los aplausos del auditorio, Teuco se despidió con sus libros y su sonrisa a cuestas. Pronto partirá a Europa para presentar una antología personal, traducida al italiano por Emilio Cocco. Por si fuera poco, en la noche del jueves obtuvo el Gran premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía, y lo dedicó. “A Salta y a los poetas de Salta. Sin saber todavía si lo que he escrito tantos años no sea más que la pequeña cosmogonía de un niño que se dio a perseguir infructuosamente las palabras, soñando todo, antes que la muerte termine de bajar la escalera . Haciendo lo que nunca pudo para no volverá ver jamás el fin del mundo”, remarcó en la Untref en un momento en el que sin dudas- la poesía fue pura celebración.

De María Negroni
En diálogo con El Tribuno, la poeta María Negroni, rememoró: “Escuché leer al Teuco Castilla por primera vez en los 90. En ese momento, él presentaba su libro ‘Teorema natural’. Y quedé absolutamente fascinada. Esa fascinación persiste hasta hoy, incluso ha aumentado. Se trata de un poeta extraordinario. Es un poeta verdadero, genuino, con un mundo interno y una capacidad de lenguaje impresionante. Estoy muy feliz de que haya participado en la serie Frost”.
 

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