Pesebres, una tradición de 8 siglos se muestra a través del arte mundial

 Según las tradiciones populares, el primer pesebre del mundo fue modelado en arcilla por San Francisco de Asís en 1223. En una epifanía el santo, en vez de celebrar la Nochebuena en el interior de la iglesia, como lo hacía habitualmente, reprodujo el nacimiento de Jesús a cielo abierto en Greccio (Italia). Hasta allí pidió que le llevaran un pesebre, un burro y una vaca para representar mejor la escena fundacional del cristianismo. Cómo habrán sido las asombradas miradas de las personas pobres y analfabetas que acudieron a verlo -imposibilitadas de leer esta historia en los evangelios- que “el hombre de Dios (por San Francisco) estaba de pie ante el pesebre, lleno de devoción y piedad, bañado en lágrimas y radiante de alegría”, según refiere San Buenaventura, contemporáneo del hermano umbro. La costumbre se esparció por entre las principales catedrales, iglesias y monasterios de Europa durante la Edad Media y también se instaló en las residencias de monarcas y nobles. Recién en el siglo XVIII las casas de los trabajadores pudieron replicar la escena también con objetos de diversos materiales. La práctica de que el Niño Dios naciera en cada hogar y lo colmara de dicha cada 24 de diciembre sigue intacta hasta hoy. Por ello no es de extrañar el incesante flujo de concurrentes que recorre desde hace doce años la muestra de pesebres del mundo, de la coleccionista Marinés José. 


Apenas unos días antes de diciembre -la fecha indicada para armarlo y que coincide con una jornada muy significativa para la Iglesia, el día de la Inmaculada Concepción de María- Marinés selecciona un centenar de sus tesoros entre trescientos para que puedan ser apreciados por el público. 
Desde hace tres años estos objetos se exhiben en el Centro Cultural América (Mitre 23) con entrada libre y gratuita. Y pueden ser visitados hasta el 8 de enero de lunes a domingos, de 8 a 20. 

Diversidad de estilos

“Es un gusto para mí compartir con quien los quiera ver mi colección de pesebres. Pienso que en ellos se muestra tanto el espíritu religioso -con el nacimiento del mismo hijo de Dios- como el espíritu artístico que cada artesano plasmó según su cosmovisión, sus sentimientos y su pensamiento”, le comenta Marinés a El Tribuno.
Con ojos radiantes repasa pieza por pieza las figuras dispuestas en vitrinas y en sus pupilas se espejan “texturas, formas, colores en una diversidad de formas multivariadas, mostrándonos el maravilloso mundo de la representación”, según define.


Las figuras conmueven al alma sensible porque sin dudas permanecen vinculadas a un universo que halla pleno sentido más en los símbolos que en las palabras, tal como lo entendiera san Francisco de Asís. 
En el Centro Cultural América los hay panorámicos, es decir, que el observador puede rodear la representación cristiana admirándola en su entorno, o cerrados, para verlos solo de manera frontal. 
Entre las tipologías están los bíblicos, cuyo fin es representar, tanto en sus figuras como paisaje, el momento preciso del nacimiento de Jesús, resaltando los elementos históricos. También los modernos, con la utilización de materiales no convencionales. Pero los más admirados son los regionales. En ellos las manos del artista trabajaron guiadas por los paisajes y personas que existen en el lugar que habita y no en los que se cree había en Belén, al momento del nacimiento de Jesús.
“Los más diversos materiales están presentes en estos pesebres: alambre, arcilla, arpillera, cáscara de maní, crines de caballo, hojalata, huevos de avestruz, madera, mostacillas, naranja, paja, papel, porcelana, semillas de girasol, tejido al croché, vidrio”, enumera Marinés, para quien “regiones lejanas, próximas y la nuestra propia están presentes ostentando cómo manifiestan los seres humanos no solo en sus habilidades, sino su sentir situado en la tierra que les pertenece”. 


Ejemplifica con que el pesebre de Jordania está armado en una tienda del desierto, los animales del portal de Canadá son peces y en vez de la paja tradicional, José, María y el Niño se guarecen dentro de un iglú. 
Las familia del portal de Nueva York está formada por infantes todos morenos y el de Alemania, armado dentro de una pirámide giratoria, en tres niveles cuya cúspide ocupan los ángeles del Gloria. 
Las artesanías provienen de Alemania, Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Ecuador, España, Estados Unidos, Francia, Haití, Italia, Jordania, Kenia, México, Nueva Zelanda, Uruguay, El Salvador, Guatemala, Perú, Sudáfrica, entre otros países y regiones.
Entre los salteños hay uno elaborado en San Antonio de los Cobres sobre una piedra del lugar, fiel reflejo del entorno puneño en las vestimentas, los animales y hasta el observador puede sentir el viento helado rozarle el rostro desengañándolo de la radiante lumbre solar que preside el firmamento. 
Los rasgos andinos también se muestran en los portales de Embarcación y Cafayate. 


“Con mucho amor voy atesorando los pesebres que se incrementan cada año con los que adquiero y con los que me regalan”, confía Marinés, que en su casa expone los que más aprecia en vitrinas, mientras que el resto guarda un sueño profundo y anual hasta que reviven cada diciembre ante la mirada del público. 
Muchos no adivinan cuando los armas en sus hogares que cada personaje del pesebre es ante todo la encarnación de un símbolo, al que con el tiempo, se han asociado historias y leyendas que le han dado una vida “real”.
Según refiere el sitio Holyart.es, José y María son los arquetipos del Padre y de la Madre. 
“Él lleva un traje de colores oscuros y humildes para enfatizar su devoción y sumisión a la voluntad divina y, al mismo tiempo, se erige como una figura protectora para Jesús y María. Esta última, vestida de azul o celeste, expresa una espiritualidad etérea y delicada, una dulzura materna absoluta, en su adorar el fruto de su vientre como madre y al mismo tiempo como una fiel sierva”, explican.


En tanto al origen simbólico del buey y del asno hay que rastrearlo “en el Antiguo Testamento, o tal vez incluso en la tradición pagana. En el primer caso se debe recurrir a las palabras de Isaías acerca de las virtudes iluminadoras del Niño: el asno representaría los paganos, el buey los sabios y los eruditos, ambos incapaces de abarcar la fe porque estaban cegados por la falta o exceso de conocimiento”, refieren.
Los pastores mientras tanto “representan la humanidad que acoge el nacimiento de Jesús, la humanidad más pobre y miserable, como los más pobres y los miserables entre las gentes eran considerados los pastores. Y ellos, según Lucas y Marcos, fueron elegidos por Jesús como los primeros espectadores de su nacimiento”.


El pescador, uno de los personajes secundarios infaltables, está “tal vez relacionado con la figura de Pedro, a su ser ‘pescador de almas’, o en general a la simbología del pez utilizada por los primeros cristianos” y la lavandera es “símbolo de pureza, asimilable a la figura de la partera en la tradición oriental y cercana a la simbología de María, llamada a testimoniar y glorificar su virginidad”.
Por último, los tan esperados Reyes Magos, que arriban al pesebre cada 6 de enero, en coincidencia con la aparición que les atribuye la tradición popular, “tienen cada uno un significado diferente: Baltasar, símbolo de la noche, representa con el regalo del incienso la divinidad del Niño; Gaspar, símbolo del día, reconoce la realeza con el regalo del oro; Melchor, símbolo de la aurora, se consagra el dominio del Niño sobre el tiempo y la muerte dándole la mirra”.

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