Hay un feminismo paradójicamente machista que intenta sacar de quicio a la mujer y, desde una visión fundamentalista, presenta al hombre como enemigo de la misma. Por otro lado, un feminismo tierno e insulso pretende una mujer sometida y sumisa, educada para aguantar.

Ni que decir del arquetipo de la mujer objeto, promovida no solo por los hombres, sino también por las mismas mujeres que estando subvaluadas, pretenden un reconocimiento rentado.

Es necesario redescubrir la propia identidad del varón y de la mujer, de varón hijo de mujer, padre de mujer, hermano de mujer, amigo de mujer, y de la mujer con una serie de atributos, artista y sabia, amante y maternal, risueña y combativa, reina e indomable, y que no es madre por arte de magia, sino en la interacción con el varón, quien debe participar de la paternidad y de la planificación de la familia como alguien integrado.

Venimos de una cultura machista y matriarcal, donde el hombre es nómade, ave de paso, y la mujer es la que cría, educa y alimenta. El hombre lamentablemente, no pocas veces, es un simple sustentador de recursos materiales para el hogar.

Es necesario y urgente reconciliar los géneros y amigar a la familia. Ninguna sumisión es saludable para el amor.

El amor es libertad. El dominio no es amor, el insulto no es amor, la violencia verbal o física no es amor, la sexualidad no participada plenamente por ambos no es amor.

Celebrar el Día de la Mujer fue para mí recordar a aquellas mujeres que dieron sus vidas por defender los derechos de los trabajadores, sean varones o mujeres, sencillamente, seres humanos.

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