Primera audiencia con  mucho pesar y lágrimas

La primera audiencia por el crimen del cambista salteño Felipe Torres, de 57 años, asesinado el 5 de enero de 2017 en el microcentro de esta ciudad, sufrió media hora de demora por la tardanza de Micaela Tobío, imputada por "encubrimiento agravado". El otro acusado es Sebastián Lombardero Salas, quien esa mañana habría ultimado a la víctima con un martillo, varios golpes en la cabeza y certeras puñaladas. La primera audiencia contó con cinco testigos, entre ellos la esposa de Torres y uno de sus hijos, ambos rompieron en llanto. Hoy seguirá la audiencia de imputación desde las 8.30 en la Sala III del Tribunal de Juicio.

Luego de la lectura de la requisitoria fiscal de elevación a juicio, el reto público por parte de Norma Beatriz Vera, presidenta del Tribunal, contra Tobío por la tardanza y la negativa de los imputados a declarar, comenzaron a desfilar los testigos. Confundida en medio de la Sala, sin saber para dónde mirar, Máxima Orfelia Peralta, esposa de Felipe Torres, se sentó frente al Tribunal. "Ese día fueron a buscarme a las 11 para decirme que algo había pasado. Me llevaron al centro y estuve en la escalinatas sin que me dejaran pasar. A la tarde salió un señor, Pablo Rivero -fiscal-, y me dijo que lo habían matado".

Sin poder contener el llanto, la mujer dijo: "El tiempo que ha pasado y no pude superar el dolor, toda mi familia no pudo todavía salir de esta pesadilla". Ante las preguntas de las partes dijo que ella "nunca" se involucró en las "cosas de mi esposo", en alusión al trabajo del cambista. El día del crimen Orfelia acompañó a su esposo a la oficina de calle España 618 "para que limpiara el lugar", donde más tarde, cerca de las 11, apareció sin vida,.

Al igual que su madre, Daniel Félix Torres apuntó no conocer a los imputados. El joven expresó que él tuvo que "agarrar la mochila" que dejó su padre por "la familia", apuntó que justo esa trágica jornada no fue a trabajar porque era su cumpleaños. "Desde 2011 acompañaba a mi padre en el trabajo, ese día fue mi cumpleaños y la noche anterior le pregunté si podía no ir y mi padre me dijo que no hacía falta que fuera. Estuve en La Caldera con gente de taekwondo promocionando el gimnasio, recién a las cinco de la tarde me entere de lo que había pasado". El joven apuntó que ayudaba a su padre a "hacer algunas cuentas", rara vez manejaba algún que otro cheque, y que en la oficina manejaban entre 5 mil y 10 mil dólares diarios. Los clientes de Torres, dijo, eran conocidos, y para hacer un "negocio grande tenían que tener cierta confianza. No se hacían préstamos".

La pareja

Cerca del mediodía declararon Romina Cristal Ferreyra y Enrique Vargas, la pareja que trabajaba en el box -oficina- lindante al de Torres. Al igual que su novia, Vargas, amigo y compañero de trabajo de la víctima, no escuchó ni vio nada la mañana del crimen. Entre los volúmenes importantes de dinero que manejaban en ocasiones puntuales, señaló que podían superar los 60.000 dólares. Torres guardaba el dinero abajo de la silla, en uno de los cajones de su escritorio y también adentro de un portafoco ubicado en el techo.

El móvil del crimen

“Queda claro que el móvil del crimen fue sustraer dinero en efectivo, sorprendiendo a la víctima y causando un ataque mortal. Días posteriores el atacante realizó intercambio de moneda de manera excesiva”, leyó el secretario la requisitoria fiscal. Según la conducta homicida de Lombardero Salas, quien dispone de la defensa de Marcelo Arancibia, fue “desplegada en el orden de facilitar, consumar y ocultar otro delito en curso de ejecución, robo, sabiendo que Torres tenía la capacidad de detectarlo y delatarlo. El imputado se dispuso a quitarle la vida y apoderarse de elementos personales de la víctima”. La acusación que pesa sobre Salas es la del delito de “homicidio doblemente calificado criminis causa, con ensañamiento y alevosía”.    
En el caso de Micaela Tobío, defendida por Pablo Tobío, primero fue acusada como coautora y luego se descartó, dado que las cámaras de videovigilancia solo captaron la presencia de Sala, la novia del principal sospechoso “actuó encubriendo el hecho”. Según el fiscal, la mujer “colaboró directamente en la causa deshaciéndose de las prendas de vestir con sangre del acusado y se aseguró para sí un beneficio económico indebido”.    
 

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