Fue a “pescar” celulares y la engancharon

Según las estadísticas del Ente Nacional de Comunicaciones, la Policía Metropolitana y la Cámara de Agentes de Telecomunicaciones Móviles de Argentina, en el país se roban 5.000 celulares por día, lo que representan 200 millones de pesos por mes para quienes explotan esta actividad ilegal.

 Así como en el capítulo 8 del Evangelio, el apóstol Juan escribió la famosa frase de Jesucristo “el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”, en este caso bien valdría decir: “al que no le han robado un celular que difunda el primer mensaje”. Obviamente, Salta no es la excepción de lo que sucede a nivel país. En los últimos meses la Policía desbarató varias “cuevas” de reventa de celulares mal habidos. 

Hasta hace unos días a Lourdes Y., una voluptuosa joven de 23 años, las cosas le iban bastante bien en esto de apoderarse de celulares ajenos. Consciente de que podía pasar desapercibida en las noches de jarana, la chica descubrió un cardumen de especies de “alta gama” en los boliches bailables para saciar su sed de “pescadora furtiva”. Un viejo refrán dice que “la ocasión hace al ladrón” y Lourdes advirtió que la veta estaba en los guardarropas. Cuando días pasados ingresó a un local de la avenida Paraguay, todas las miradas de los muchachos se posaron en ella. Derrochando sensualidad se dirigió hasta el guardarropas para dejar su tapado. Un cartel decía: “la casa no se hace responsable de las pérdidas”. Ella se sintió a sus anchas, porque un cartel con esa leyenda es lisa y llanamente una invitación a robar. Mientras se divertía regresó varias veces hasta el guardarropas con la excusa de buscar algo de su tapado. Hasta ahí, su plan se había cumplido a la perfección, pero alrededor de las 3 la cosa pasó de castaño oscuro. Una señorita alertó que le habían sustraído el celular J7. Su preocupación fue advertida por una joven que hasta ese momento había hecho “plancha” en los sillones esperando a un consorte poco cumplidor con las citas bolicheras. Fue esta chica quien había observado los sospechosos movimientos de la voluptuosa Lourdes, y le “sopló” al oído de la damnificada lo que vio.

En seguida aparecieron tres mujeres de la Policía y una de ellas, con cara de sargentona y mirada de pocos amigos, fue directo a la pista donde Lourdes danzaba alegremente. La joven observó la situación con el rabillo del ojo y, como una tierna enamorada, se aferró a los brazos del joven que la acompañaba. La enérgica “sabuesa” que no estaba para presenciar escenas novelescas le pidió que la acompañara hasta el guardarropas. En el bolsillo de su saco estaba el celular extraviado. Ya en la comisaría, Lourdes fue sometida a una nueva requisa y para sorpresa de las policías descubrieron que tenía otros dos aparatos de alta gama: uno entre los senos y otro en la cintura. La tuvieron que obligar a que se desvistiera completamente ante la sospecha de que más celulares pudieran estar ocultos en otros “rincones” de su cuerpo. En esa tarea estaban cuando dos muchachos llegaron asesando. “Nos robaron el celular en el boliche”, expresaron al unísono. Ambos reconocieron que eran los mismos que la audaz Lourdes había ocultado entre sus ropas. Uno comentó que bailó con ella y atando cabos cayó en la cuenta de que le sacó el celular cuando la chica lo obnubiló al ritmo contagiante de una sensual banchata. El fiscal Troyano la imputó por “hurto reiterado” y le impuso el pago de $ 500 a los damnificados en concepto de resarcimiento por el daño ocasionado. 

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