Chino Darín: “En ‘El Ángel’ hay una permanente transgresión, un vértigo tentador”

El pasado martes se presentó la avant premiere en Buenos Aires con la presencia del director y del elenco conformado por Lorenzo “Toto” Ferro que se puso en la piel de Robledo Puch, Chino Darín, Cecilia Roth, Peter Lanzani, Luis Gnecco y Daniel Fanego.
El Tribuno dialogó con Chino Darín (Ricardo Mario, para los que no saben su nombre, y 29 años de edad) sobre su papel en este esperado filme, además de conocer la relación con su padre y su vida dividida entre la Argentina y España, donde vive su novia, la actriz Úrsula Corberó.
En este filme, que ya pasó por el Festival de Cannes, el Chino le da vida al gran amigo del “ángel negro”. 
“No me basé en nada de la historia real para componer a mi personaje, Ramón. Es una creación nuestra que reúne características de algunos personajes reales ligados a la vida de Carlos Robledo Puch. Hay elementos que son reales, su aparición en la televisión es real, la inserción de Carlitos en su familia es algo que sucedió. Pero a la hora de componer el personaje, su personalidad y la forma de moverse, nos basamos pura y exclusivamente en las necesidades del guión”, dice.
¿Cómo fue meterse en ese aterrador mundo delictivo?
El abordaje de los universos delictivos y el interés del público tienen que ver con que son historias que de alguna forma trascienden límites morales y éticos impuestos socialmente. Cuando hay asesinatos, da la sensación de que se está traicionando a la humanidad. Me parece que más allá de lo condenable que pueda ser, según nuestras reglas y normas de convivencia, no dejan de ser ejemplos de transgresión, de alguna forma. Es como en la definición de vértigo, que es el miedo al vacío. Cuando uno tiene vértigo se supone que es porque no confía en su propia voluntad de mantenerse a salvo ante ese vacío, hay algo de esa oscuridad que te atrae, que te tienta. Si hacemos esa dualidad entre Dios y el Diablo, lo bueno y lo malo, siempre estamos caminando en esa línea. Por momentos nos vemos tentados ante la oscuridad, a renunciar a lo socialmente aceptado. Hay algo adrenalínico y tentador en todo eso.
Se sugiere una historia de amor entre tu personaje y Carlitos. 
En 2014, en “Muerte en Buenos Aires”, fuiste Guzmán, un policía gay, ¿encontrás similitudes entre ese rol y este?
Tanto Guzmán, de “Muerte en Buenos Aires”, como Ramón en “El Ángel”, son fácilmente etiquetados dentro del universo gay u homoerótico. Yo siempre dejo el beneficio de la duda, sobre todo en estos dos personajes que da la sensación de que, más allá de que juegan y coquetean con un universo homosexual y también con el heterosexual, el límite es difuso. Me parece que son personajes que tienen objetivos muy concretos y que parte de lo que hacen tiene que ver con conseguirlos. Y no necesariamente con pulsiones reales amorosas. En ese sentido, me parece que es delicado, no creo que estén ni de un lado ni del otro, que juegan con su sexualidad de una forma muy libre y con ciertos objetivos.
En “El Ángel” integrás una familia disfuncional, con un padre bastante oscuro. ¿Cómo elaboraron esas escenas?
Fue muy divertido y fascinante construir la relación con mi padre en la ficción, Daniel Fanego. Es una familia delictiva y pareciera que todo está permitido, pero en realidad tiene sus propias normas. Es un padre autoritario y tóxico. Por otro lado, es una especie de terreno de juego para estos dos pibes, en ese contexto, en los 70, donde parece que tuvieran libertad para desarrollar la actividad criminal como si fuese la albañilería o cualquier otro oficio. Entonces fue interesante; se creó un ambiente de cierta ranciedad dentro de esa casa. Eso tiene que ver con que Daniel Fanego y Mercedes Morán son dos actores increíbles y que le ponen el espíritu a todo lo que pasa ahí dentro. En las etapas de ensayo estábamos más focalizados en las escenas con Carlitos, mientras que con Fanego tuvimos muy poco tiempo, pudimos probar algunas escenas, vimos que la cosa funcionaba y nos jugamos a que el resto se descubriera en rodaje.

Pasando de la ficción a la realidad, ¿cómo es el vínculo con tu padre, Ricardo Darín?
Con mi padre nos llevamos muy bien. Tenemos la fortuna de vernos bastante seguido. Hoy la tecnología también permite estar en contacto incluso en la distancia. Tenemos una relación muy fluida, y sostenemos los ritos y costumbres más allá de ponernos al día y compartir en familia, que es algo que hemos celebrado y practicado. La verdad es que el resto son cosas privadas y aleatorias, no tienen que ver con una rutina.


¿Te interesa el universo de la paternidad?
Me imagino como padre en algún momento. He fantaseado con cómo sería. Yo quería ser padre joven cuando era muy chico, ahora no estoy tan a tiempo y eso no quita que en realidad es algo que voy a descubrir cuando lo sea. Más allá de todo lo que pueda prever, hay que ver qué pasa cuando las papas queman.
“Fuera de juego” fue tu primer protagónico en cine. ¿Qué cambió y qué se mantuvo desde ese momento hasta hoy?
Cambiaron muchísimas cosas, desde lo externo hasta lo interno, más allá de cierta esencia que creo mantener y cierta intriga por este mundo de la cinematografía en general. El resto son más cambios que otra cosa. Físicamente he cambiado mucho, mentalmente también. La experiencia te da herramientas que, en el sentido práctico, son muy agradecibles porque te permiten resolver un montón de situaciones que antes te dejaban mal parado. Y ya ni siquiera hablo del set, sino incluso de cómo nos movemos en este ambiente en general. La exposición es algo que viene un poco de la mano con la carrera del actor, y uno aprende a gestionarla con el tiempo, con los pasos que va dando y con las paredes que se va encontrando también. Me parece que todo lo que ha pasado desde que hice en “Fuera de juego” hasta acá han sido aciertos y errores que construyen a la persona y al artista -por llamarlo con la misma definición de la pregunta- que soy hoy. Lo bueno es que no me arrepiento de nada de todo lo que fui haciendo. Mal o bien saqué una experiencia, un aprendizaje, un montón de reflexiones sobre las que aún no tendré respuesta, pero que están ahí, procesándose.
¿Qué te gusta hacer cuando no estás trabajando?
El ritmo de trabajo en mi vida se ha ido acelerando indefectiblemente. Es algo por momentos negativo y por momentos positivo. Positivo porque como actor tenés la oportunidad de formar parte de muchos proyectos, que te llamen, te convoquen, te hagan parte.
Eso es fantástico, no tengo más que palabras de agradecimiento para todo lo que me fue pasando y para toda la gente que me fue ayudando en este camino y convocándome. Por otro lado, también te deja menos tiempo para todo. Mi lectura hoy se focaliza en guiones, en obras de teatro, en cosas que tengan que ver con el trabajo. He perdido bastante el ritmo literario con el que venía, de leer cuentos y novelas cosa que siempre me gustaron y que pretendo recobrar en algún momento. Algo que no he dejado de hacer y que está muy vinculado con mi profesión es que veo muchas películas. Me gusta mucho el cine. Trato, de vez en cuando, de ir a ver a alguna banda, a alguna exposición, cosas que tienen que ver con el arte y que es lo que me llama en los ratos de ocio. Después, tener mi vida un poco partida entre España y Argentina hace que siempre me esté poniendo al día. Me siento siempre un poco en deuda con mis amistades y afectos, de un lado o del otro. Entonces trato de juntarme con mis amigos, de hacer algún asado, compartir con mi hermana, los perros... soy muy perruno. Tengo la familia como muy partida, entonces estoy siempre llegando con lo justo. Por otro lado, tengo parte de mi familia en San Nicolás y trato de visitarlos. Se está tornando un poco difícil mantener todos los globos en el aire. 
Decís que te atrae el cine, ¿conocés la obra de Lucrecia Martel?
Conozco parte de la obra de Lucrecia Martel. Aún no vi “Zama” porque cuando la estrenaron estaba en España. Confío en que en algún momento podré verla porque tengo muchas ganas. Sí he visto realizaciones anteriores de Lucrecia.
¿Visitaste Salta alguna vez?
Estuve en Salta con el programa de turismo que recorría todo el interior del país y que me tocó conducir, llamado Circuito argentino. A través de esta producción visitábamos y promovíamos destinos ideales para los fines de semana largos. Uno de ellos, por supuesto, era Salta, una provincia ineludible en materia turística. En esa oportunidad no pude recorrer mucho más porque los tiempos eran bastante tiranos, pero debo decir que me encantó. Salta es hermosa y disfrutaría mucho poder volver en un futuro no muy lejano, darme la oportunidad de recorrerla por puro disfrute y sin el compromiso de estar trabajando, sino con una mirada de turista, con todo el tiempo para conocer en detalle la ciudad y los lugares impactantes que tiene el interior.




 

 


 

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