La devaluación se siente en  las librerías  con subas de  hasta 30%

A los problemas para comprar alimentos, vestirse o la falta de trabajo; la situación económica también hace que los bienes culturales sean inaccesibles para un enorme sector de la sociedad que está golpeado por la inflación, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, la desocupación y la devaluación del peso.

Los precios de los libros importados se vieron afectados por la fuerte suba del dólar de agosto. En una semana aumentaron entre un 25 y 30 por ciento y aún esperan que suban más.

Hoy comprar un libro, para muchos, se volvió una práctica privilegiada. Es por eso que en Salta las librerías están prácticamente vacías. No hay nada más triste que ver cómo se pierden lectores.

"En libros de editoriales extranjeras, como la Urano, aumentaron un 30 por ciento entre los últimos días de agosto y la primera semana de septiembre. En consecuencia nos bajaron un 25 por ciento las ventas", aseguró a este medio Ignacio Toconás, de la Feria del Libro.

Compras de extranjeros

"Nos salvan los turistas. Son los bolivianos y chilenos los que vienen y se llevan todo porque al cambio les conviene. Vienen por los autores salteños, pero también se llevan de variados autores", concluyó Toconás.

Para tener una idea, el flamante libro de Andrés Oppenheimer "­Sálvese quien pueda!", cuesta 599 pesos que al cambio de la última cotización de ayer, a 39 pesos, cuesta 15 dólares y algunos centavos. La cuestión es que los turistas no están siempre. Los salteños tienen tradición lectora y no están comprando.

"Si nos siguen bajando las ventas vamos a tener que bajar las persianas. Esta es la peor crisis que experimentamos desde el 84. Hemos sacado ofertas y nada; no se mueve", lamentó Gladys Barrios, propietaria de ese local.

Promociones

Entonces las librerías sacan de los depósitos ediciones viejas, combos, ofertas, algunos locales apagan las luces para ahorrar en los servicios que aumentaron considerablemente. Hacen de todo y lo más triste es ver una librería con poca luz, con poca gente, con muchos libros con indicios de estar suspendidos sin ser tocados.

"La gente mira y se va", dijo Liliana en un puesto de ventas de libros, revistas, diarios, mates de silicona y "soldaditos de plata". De tanto no vender se fue expandiendo como farmacia y compara: "El mismo libro de Isabel Allende costaba 149 pesos la semana pasada. Hoy se fue a 190. Todo subió entre el 30 y el 25 por ciento entonces ya muy pocos compran. Solo vienen los que se metieron con alguna colección y que no saben hasta cuándo van a seguir", expresó la mujer del "puesto del Rastro" que se arma en torno de la plaza 9 de Julio.

Otras de las causas que encuentran los vendedores está en las posibilidades de bajar los libros en el formato PDF, en la web. Ahora bien, todos aseguran que no hay nada como el papel.

Y el papel es un commodity por lo que está afectado a las idas y vueltas de la cotización del dólar. En consecuencia las editoriales nacionales también suben sus precios.

Panorama sombrío

"Bajó mucho la venta, pero yo tengo clientes fieles que siguen comprando. Antes se llevaban 4 o 5 libros, hoy se llevan uno. Esa es la proporción. Mis compradores saben que yo no pongo los precios, que ya vienen con los aumentos y muchos siguen haciendo un esfuerzo. Lo que sí se siguen vendiendo son los libros de autores salteños porque ya están impresos. No se sabe a cuánto estarán las nuevas ediciones, eso dependerá del precio del papel", señaló Luciano Benedetti, propietario de La Rayuela. Y dejó una frase inquietante: "Todavía hay movimiento".

 

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