Bajó el dólar, pero los precios no cedieron ni un céntimo

En tiempos de incertidumbre e inestabilidad cerró una semana con una noticia positiva, un tanto a medias. Si bien la moneda estadounidense cayó casi un 6% -tras una fuerte intervención del Banco Central- ubicándose en torno a los 38 pesos, los precios en el mejor de los casos siguen estampados en relación a una cotización superior a los 40 pesos. Y otros tantos, arrastrados por la inercia, siguen en alza. “Todavía estamos muy atrasados”, rezan desde algunos sectores energéticos. 
Si usted es de los argentinos que no operan en el “mercado”, no está pendiente del carry trade ni del crawling peg, de las ventajas que le ofrecen las Letes o las Lebac, la fluctuación para abajo poco le impacta. 
Seguramente el almacenero de su barrio, el kiosco más cercano o la estación de servicio no modificarán ni un céntimo los precios.  Es que la economía local sufre de una profunda esquizofrenia. Su conducta es impredecible. Suele decirse que se encuentra atada a la moneda estadounidense, pero solo cuando ésta se encuentra en escalada ascendente. Sin embargo, si la curva va hacia abajo, sufre de amnesia. 
La mejor vidriera son los surtidores de las estaciones de servicio y el precio de los materiales de construcción. Aunque hoy por hoy, hasta las bolsas de harina elaboradas y comercializadas localmente también cotizan en dólares.
Parece haber una sola variable divorciada del dólar o que al menos no goza de sus mieles: los salarios


 

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