Arte en plena calle: crecen los creadores que seducen a salteños y turistas

“Los artistas son de las personas más dinámicas y llenas de valor sobre la faz de la Tierra. Tienen que lidiar con más rechazos en un año que los que sufren la mayoría de las personas en toda su vida. Cada día tienen que ignorar la posibilidad de que esa visión a la que han dedicado toda su vida sea un sueño muy lejano”.

El jueves pasado en las calles en torno de la plaza 9 de Julio, tan íntimas y familiares que es imposible que algo ocurra en una de ellas sin que se enteren las otras, se entremezclaban -sin viento que medie- los ecos de las actuaciones de varios artistas callejeros con el clamor de la marcha contra el tarifazo.

En la plazoleta IV Siglos, al pie de la estatua de Hernando de Lerma, no había infante que no detuviera sus pies, se soltara de la mano de un adulto y corriera a abrazar a alguno de los personajes de Bebu Kids.

Impecables en detalles, Mickey y Minnie, Pluto y Donald, emblemas de la compañía Disney, se prestaban a las fotos que les requirieran, a “la gorra”. “Más que nada lo hacemos para divertirnos. Se divierten los chicos, se divierten los grandes. Los ancianos se emocionan recordando su niñez. Los chicos transpiran debajo de los trajes, pero les da gusto trabajar para chicos y grandes. Acá todos somos conocidos, somos amigos y cada uno respeta su espacio”, relató a El Tribuno Berta Elena Vilte (38), quien hace los trajes de Bebu Kids.

El grupo también está formado por héroes de Marvel Cómics como Iron Man, el Mark III (la tercera armadura que emplea Tony Stark y que supera a su antecesora Mark II porque consigue que a alturas elevadas con bajas temperaturas no se genere una capa de hielo que dañe los circuitos), Iron Patriot (una amalgama de la armadura de Iron Man y el patriotismo del Capitán América) y Spiderman.

Todos ellos actúan en reuniones sociales y eventos privados, pero aprovechan las vacaciones de verano para tomar contacto con las reacciones de un público que pone en marcha el programa automático de una agenda completa, pero que no puede impedir que una sonrisa le tire de las comisuras de la boca cuando ve las fantasías animadas al alcance de la cámara de un celular.

Los personajes de Bebu Kids, en la plazoleta IV Siglos. Pablo Yapura

Había una vez... un circo

Tal vez por aquello de que las calles sienten la urgencia de la creación palpitando en cada artista se presentan más igualitarias y acogedoras para todos que un espacio teatral. El espectáculo circense de Los Changos Brothers invitaba en un pasaje de su actuación, anunciado como “tres pelotas, una mano y el mismo tarado”, a la participación activa del público.

“¡Señores! Tiro una pelota al aire, cae en la mano y es un toque de palmas”, daba las reglas Charly. “Usted, señora, que tiene el bebé en sus brazos para aplaudir lance al bebé hacia arriba, pero vuélvalo a agarrar porque se si llega a caer de cara... ¡Pobrecito! Va a quedar igual a Charly si se cae de cara”, intervenía Toto. “¿Vos me estás diciendo que soy feo?”, se inquietaba Charly. “No, Charly, vos no sos feo, sos difícil de mirar no más”, aclaraba Toto.

Con elementos como monociclos, aros, bastones del diablo y pelotas el dúo despliega habilidad para la acrobacia y los malabares, pero su efecto es tan hipnótico que logran hacer volver al público para ver a una inexistente señora colgada de un farol para no perder una visión mejor del espectáculo. “¡Cómo va a haber una mujer ahí, pues!”, reta al público Charly, el personaje “con pocas pulgas” del dueto, aunque antes había retado a la asistente "fantasma": "¡Señora!, bájese del farol que se va a caer".

Entrelíneas del show, ambos dejan entrever los tragos amargos del artista callejero. Ante el vacío de unos espectadores que se fueron sin haber hecho su aporte de dinero, Toto pide que los que estaban detrás pasen más al frente. “Acercate, amigo, ¡sino voy y te doy un beso! Ver ese hueco me hace sentir que tengo el corazón con agujeritos”, exclama.

“Al que se va en este momento le damos una maldición de tres semanas de diarrea. Valoren los espectáculos callejeros porque ustedes son los verdaderos productores de este tipo de espectáculos. Les vamos a pedir un aplauso; pero el aplauso es para el arte callejero que resiste a pesar de la policía que nos corre”, advierte Charly.

Los Changos Brothers con su espectáculo de destreza circense hipnotizan al espectador. Pablo Yapura

Los cantores

Los artistas callejeros, expuestos a las inclemencias climáticas, dependen de los comercios amigos (como la tienda San Juan o el restaurante Mc Donalds), que les prestan la electricidad para iluminarse y enchufar instrumentos. Por ello trabajan en dos turnos de martes a sábados: de 10.30 a 13 y de 18.30 a 21.

Canto Torres hace covers. Las voces de sus cantores se acoplan sin esfuerzo y trepan naturalmente por los agudos del son huasteco “La Malagueña”. Los transeúntes se sientan en los canteros o se quedan de pie para presenciar tal portento.

El conjunto está conformado por los hermanos Jairo (33 años, primera voz) y Max Torres (30, tercera voz), Gabriel Miranda (20, baterista), Pablo Guzmán (28, primera viola) y Nicolás Colque (22, bajista). Su agente de prensa, Cintia Ricalde, cuenta a El Tribuno que Jairo y Max comenzaron hace tres años -junto a otro hermano, Franco (que ahora tiene un grupo de cumbia)- cantando sobre las unidades del transporte urbano de pasajeros.

“Como dependían del humor de los choferes decidieron ganar las peatonales, donde al principio la gente pasaba y ni los miraba, pero de a poco se empezaron a habituar a verlos. Los que siempre los acompañaron son los abuelos, que se sientan a escuchar cuando vienen a hacer trámites y nos dicen que el grupo les alegra la mañana. Eso llena el corazón de los chicos”, agrega Ricalde.

Los integrantes de Canto Torres, rodeados de su público. Pablo Yapura

De tierra adentro

Será la representación del juego amoroso por parte de los bailarines, a través del pañuelo, las miradas, los gestos y la cadencia de los movimientos. Será que la zamba es una de las danzas de galanteo más representativas del folclore argentino. Ningún turista queda indemne al baile de Ondas Norteñas y no son pocos los que inician una transmisión en vivo improvisada. Esta academia de baile tiene su sede en el comedor Amor y Fe (Juana Manuela Gorriti 1830), de Villa Floresta. Se inició en 2007 y actualmente la integran unos 30 alumnos. Ya hicieron giras por Jujuy, Tucumán y el interior de Salta, pero un objetivo cercano, participar del festival Mercedes Silvina, en Corrientes, los hizo turnarse para mostrar su destreza en la plaza 9 de Julio.

El 18 de febrero, el día que partirán, está marcado en rojo en su calendario. “La gente nos da propina y nos dice que no hay muchos adolescentes haciendo folclore. Para nosotros es un orgullo ser salteños y hacer una muestra para los salteños y también para los turistas nacionales e internacionales”, define Micaela Esther Mamaní (21), cuya mirada en las calles de su barrio se topa con vecinos, niños y adolescentes, perdidos en las sustancias estupefacientes, pero ella para sí misma decidió otro horizonte, y por eso se va de viaje.

“Los artistas están dispuestos a dar su vida entera a un momento -a aquella línea, risa, gesto, o a aquella interpretación que le robe el alma al público. Son seres que han probado el néctar de la vida en ese momento detenido en el tiempo, cuando entregaron su espíritu creativo y tocaron el corazón de alguien más”, dice David Ackert, y en Salta muestras de ello sobran. Dese una vuelta.

Ondas Norteñas siembra su danza en plena plaza 9 de Julio y recoge felicitaciones. Pablo Yapura

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