“Con alguien que tiene pensado quitarse la vida, hay que hablar”

Martín Álvarez es licenciado en Educación, especialista en neuropsicología del aprendizaje y coautor de la Ley Nacional 27.130, de prevención del suicidio.
Publicó los libros “Suicidio en niños y jóvenes, un encuentro entre salud y educación” y “Prevención de los procesos suicidas en el sistema educativo”.
Es referente de la fundación Manos Unidas por la Paz y estuvo en Salta para dictar una capacitación organizada por el Colegio de Psicopedagogos para la prevención del suicidio.

¿Cómo se puede intervenir desde la escuela para prevenir un suicidio?
Lo primero que hay que tener en cuenta es que se trata de un trastorno del comportamiento multicausal. Hay que abordarlo desde la interdisciplina. Un psicólogo, psicopedagogo o docente pueden detectar el riesgo, pero debemos derivar sí o sí al área de salud mental. 
Una vez que lo detectamos tenemos que generar una red de ayuda y colaboración, porque a la persona que tiene trastorno del comportamiento suicida le cuesta muchísimo develar esto que le sucede, porque está sufriendo.
Y está sufriendo tanto que está pensando en quitarse la vida como una manera de resolución no saludable. Entonces, hay que acompañarlo, hay que estar con él para que haga una consulta y, a partir de ahí, un tratamiento. Cualquiera lo puede detectar, una familia también.

¿Cómo?
Lo que hay que enseñar son las señales. En primer lugar, los cambios de conducta. Los cambios de conducta repentinos son una señal de alerta. La no escolarización es un factor de riesgo.
Otra de las características de los suicidas es que expresan que se sienten mal, que no quieren seguir viviendo, que su vida no tiene sentido, que no hay un proyecto de vida. Y muchas veces no lo expresan diciendo “me quiero morir”. Pero dicen, por ejemplo, “no se preocupen, cuando yo desaparezca, va a estar todo más tranquilo”, “no se preocupen, yo voy a resolver esto pronto y se van a olvidar de mí” o “no se preocupen, olvídense de mí que dentro de poco me van a recordar de otra manera”. 
Cuando dicen estas cosas tenemos que prestar atención. El suicida o la persona que se autolesiona, que es otro trastorno primo del comportamiento suicida, lo que está queriendo es pedir ayuda. 
Si alguien dice “se incendia algo”, salimos todos corriendo. Muchas veces cuando alguien dice que se quiere matar decimos “está llamando la atención”. Si está llamando la atención, le prestemos la atención.

¿Cualquier persona puede estar en riesgo?
El trastorno del comportamiento suicida es un trastorno puro. Lo que sí puede aparecer es el suicidio como síntoma de otros trastornos de salud mental. Un depresivo puede tener síntomas del suicidio. El psicótico también puede escuchar voces y decir que se tiene que matar, pero es un síntoma. Ahí necesito tratar la depresión y la psicosis. Pero cualquier persona puede construir un trastorno del comportamiento suicida porque tiene problemas y no los sabe enfrentar. Por lo general, aparece una crisis y nos damos cuenta de que algo le pasa a esta persona. A partir de ahí empieza a cambiar su pensamiento. Le empieza a seducir lograr una resolución general, rápida y concreta. Piensa “si desaparezco, es posible que todo esto desaparezca conmigo”. De lo que no se da cuenta es que no resuelve nada. 
Empieza a pensar cómo, donde y cuándo. Cuando alguien dice que se va a matar, hay que preguntarle cómo y dónde. Si tiene el método y el lugar, está más cerca de quitarse la vida. Pero si tiene un cuándo, ahí tenemos una fecha de vencimiento y hay que actuar rapidísimo.
Si a un suicida le preguntamos cómo, donde y cuándo se quiere matar, no es que sale corriendo y se mata. Le estamos dando la posibilidad de que se exprese. Los suicidas necesitan ser escuchados sin ser juzgados. Hay que prestarles atención y entender el sufrimiento. Darle al dolor la dimensión que el otro le puede dar, no la que yo le puedo dar.
Hay que pensar que puede haber muchas causas: genéticas, sociales y personales. La conjunción hace que esta persona se quiera suicidar. No hay una sola. No es que lo dejó la novia o se sacó una mala nota. Puede tener problemas con la pareja, pero seguro tiene dificultades con las emociones. Se van sumando factores. Y por ahí es un problema genético porque transgeneracionalmente apareció el suicidio como una forma de resolución. 

El entorno no sabe cómo actuar cuando una persona está en riesgo y tiende a pensar que no hay que hablar de la posibilidad del suicidio porque quizás están legitimando que se concrete.
Con una persona que ya tiene pensado quitarse la vida, hay que hablar. Hay que hablar de la vida, de la muerte, de los proyectos, de la posibilidad de solución.
Necesitan que el otro sea empático y lo entienda sin juzgarlo. Si a los 15 años a un adolescente lo dejó la novia, tiene dificultades para afrontar las emociones y resolver el conflicto, esas tres cosas hacen que construya el trastorno. 

¿Qué debería hacer el Estado?
El Estado tiene claro lo que debe hacer porque está la Ley nacional 27.130 y Salta tiene la Ley 7.909. Fue la primera en adherir a la ley nacional.
Tienen que generar políticas públicas para la prevención, que mucho no se está haciendo. Dar a conocer quá es un trastorno y cuáles son los indicadores. En segundo lugar, deben generar políticas para la atención especializada con espacios en salud mental. Los tratamientos son a largo plazo. Hay que pensar en dos años. 
Otra de las cosas de las que habla la ley es la formación. El Colegio de Psicopedagogos en Salta está tomando la iniciativa para la formación continua en estos temas.
El Estado debería procurar que las obras sociales cumplan con lo que dice la ley, que es hacerse cargo del tratamiento de las personas que tienen un intento de suicidio y de sus familias.
 

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