Sentir (o sufrir) el superclásico

Por Ana Laura Varela

Licenciada en Comunicaciones Sociales

Los argentinos somos pasionales, es indiscutible. Esa característica que nos hace únicos también es la que nos destaca en la manera en que vivimos muchas de las tareas que otros pueden considerar cotidianas. Es quizás esa pasión la que se manifiesta de una forma extrema, extraordinaria, ilógica, en el deporte más popular del país: el fútbol.
El año pasado fuimos testigos de lo que despiertan esos 90 minutos en el campo de juego, donde entran en juego (valga la redundancia) valores, orgullo y el amor a la camiseta, y es llevado a su máxima expresión por los hinchas fanáticos.
Nos permitamos un momento para diferenciar al “hincha” del “barrabrava”. El hincha es aquel que sufre y festeja, que se emociona, pero no usa la violencia jamás. Solo es feliz con las satisfacciones que le da el club de sus amores y hasta colabora si le es posible. El barrabrava es todo lo contrario; usa al club de sus amores para robar, para liderar, para inflar su ego en nombre del amor a la camiseta. Estos personajes no nos interesan ahora; porque queremos hacer hincapié en el hincha, el que realmente “banca los trapos”.
Retomemos, el año pasado las circunstancias de la vida nos ofrecieron a los argentinos ser testigos de una de las finales de Copa Libertadores más emocionantes en infartantes de todos los tiempos; algo que quizás nunca más se repita. River - Boca frente a frente en la final, y más allá de todos los agregados violentos, legales y económicos que aparecieron; los que nunca dejaron de estar fueron ellos: los hinchas.
Este año, ya con esa final histórica en el recuerdo de todos; se da una situación un tanto similar y que se vive de una manera más intensa aún; por un lado los que se sienten triunfadores, por el otro los que exigen que esta vez el resultado final sea a su favor.
Los primeros 90 minutos ya fueron a favor del “millonario”, pero quedan 90 más y no todo está dicho, piensan los xeneixes. 
Hoy miles de argentinos se reunirán a ver este partido que pese a no ser la final oficial de la copa se vive, se siente y se disfruta como si lo fuera.
Aparecen las eternas cábalas, como “me voy a poner la misma camiseta”, “voy a verlo en casa, con la misma gente” o las promesas “me tatúo el escudo”, “me pelo”, “me voy caminando a Luján”.
Y también esa sana costumbre de armar una reunión para ver el partido. Día complicado al ser martes, algunos recién estarán saliendo de sus lugares de trabajos; pero algo es seguro, desde el momento en que abran los ojos el partido estará dando vueltas por sus cabezas. Un asado en la casa de algún amigo, un bar con alguna bebida para hacer más amena la espera o, por qué no, compartir la cena familiar. En estos tiempos modernos algunas costumbres no se cambian; seguramente el asado se realizará, solo que ahora se buscará la casa del amigo que tenga un led mucho más grande o en HD para tener mejor calidad de imagen. Y si por cuestiones laborales la reunión con previa debe postergarse, ahora se puede contar con las transmisiones en vivo que se realizan en redes sociales, donde si bien la calidad no es la más óptima, lo que vale, lo que cuenta, es ver el espectáculo deportivo que paraliza al país. El fútbol, en particular como lo vive el argentino, tiene esa cuota de grupo, reunión, amistad y familia; esta vez tampoco faltará. 
“Cerramos el negocio a las 21, por ende, nos quedaremos a ver el partido aquí a puertas cerradas. En otras oportunidades viajo, pero ahora por cuestiones personales no podrá ser. Estoy confiada en que pasamos así que voy preparando todo para la final”, nos dice Mariana, una fanática del millo que trabaja en un comercio céntrico.
“Lo veo muy difícil. Esta vez prefiero verlo solo, renegar solo. Aunque lo más seguro es que lo vea en casa, en familia. Todavía no está definido y creo que se puede revertir el resultado”, comentó Alejandro, un esperanzado hincha xeneize. 
Las alternativas para vivirlo son muchas y muchas las pasiones que se darán rienda suelta. Más allá del resultado, uno de los dos festejará y con ello ese grupo que nunca falta, ese que se funde en un abrazo y que entre todos será una única voz de aliento. Se espera una fiesta, ojalá sea “la fiesta” del hincha, del hincha del fútbol.

 

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