¿Estamos frente a una Primavera Latina?

¿Estamos frente a una Primavera Latina?. En la región, la velocidad de los acontecimientos es mucho mayor a la de los análisis. Sin embargo, algunas expresiones sociales “se veían venir”.
Al igual que las manifestaciones encabezadas por los jóvenes en Medio Oriente que intentaron derrocar en la última década regímenes autoritarios y las que occidente bautizó como la Primavera Arabe; en América Latina se suceden brotes de efervescencia que parecen apuntar a lo que llaman “abuso” del neoliberalismo tardío.
En contraste al “milagro peruano”, como denominan a una economía que en los últimos años mostró un notable crecimiento, las críticas y las protestas apuntan a la crisis política, judicial y de corrupción que vive el país y que lo mantiene con instituciones poco más que desdibujadas. No es nuevo ni es casual que gran parte de sus expresidentes terminaron mal. Desde Alberto Fujimori, Alejandro Toledo y Alan García, hasta Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski, por nombrar solo algunos. Perú no “estalla”, según algunos analistas, porque la economía aún ha logrado sortear los desaciertos de la política.
Casi simultáneamente los ecuatorianos tomaron las calles frente al intento del gobierno de eliminar el subsidio a los combustibles, que se otorga desde hace 40 años y que logra que los productos sean un poco más accesibles. Pero los reclamos no quedaron allí y se tradujeron en una de las peores crisis políticas, económicas y sociales de sus últimos tiempos, impulsada por un paquete de medidas anunciadas por el presidente Lenín Moreno que implicaron un fuerte ajuste al gasto público, por recomendación del FMI a cambio de otorgarles un crédito. Y se prendió el polvorín, hubo desmanes, toque de queda, muertos, heridos y miles de detenidos. Hasta hubo que cambiar la sede de los poderes públicos de Quito a la ciudad de Guayaquil. 
Hoy, la efervescencia se trasladó a Chile y a su “modelo económico de exportación”. Una frase sintetiza un malestar contenido: “No es por 30 pesos, es por 30 años”. De esta manera, los trasandinos hacen alusión que el incremento en el boleto del subte es solo la gota que rebalsó el vaso. Y las protestas apuntan a la desigualdad y a una situación que asfixia a gran parte de la población, a raíz de sistemas a los que califican “injustos e ineficientes” como el de “pensiones”, o jubilaciones, similar al de las AFJP aplicado en Argentina en los 90; a la desprotección en materia de salud, ya que solo alcanza de manera satisfactoria a un 20% de la población; a los problemas sin resolver del transporte público, a la privatización del servicio de agua, a la cada vez más inaccesible educación superior, a los abusos y la corrupción. 
Todo esto nos hace reflexionar acerca de que los temas macroeconómicos y las recetas foráneas no deben ser indolentes a la realidad cotidianda, a las necesidades de una gran mayoría que solo aspira a trabajar dignamente, a comer, vestirse, curarse y desarrollarse.

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