Evelia, un paradigma de los educadores de Salta

El jueves se cumplieron cinco años del asesinato del que fue víctima la maestra Evelia Murillo. Una mujer joven, que era directora de la escuela albergue de El Bobadal, a 70 km de Tartagal. Hoy se la recuerda como paradigma del docente y como una víctima y mártir de la violencia de género. Sacrificó su vida por defender a una alumna, jovencita, de una comunidad wichi, frente a un vecino que intentaba abusar de ella.

Hoy, Evelia es evocada con el mejor de los recuerdos. Su madre, su hija Sofía y su hermano se ocupan en asociar su nombre con la generosidad de su vida más que con la aberración de su muerte.

La historia, a veces, es justa. Del criminal solo queda el oprobio y, casi en el olvido, carga con una condena de por vida. José Tomás Cortez es responsable de "homicidio calificado por violencia de género en concurso real con amenaza con arma de fuego en grado de autor". Si Evelia es una maestra paradigmática, Cortez es el paradigma de la violencia machista, como abusador de una menor, y asesino. No existen atenuantes para él. En una época donde se tiende a diluir las responsabilidades de los seres humanos en toda la sociedad, es bueno que se asuma que el delincuente es responsable de sus actos; es decir, que debe responder por ellos.

¿Por qué Evelia Murillo es el paradigma de maestra salteña? En primer lugar porque aparece como un símbolo del compromiso del educador con sus alumnos. Ella dio la vida por la joven acosada, pero antes, como todos los maestros y profesores con vocación, ponía vida en las aulas.

La educación es compromiso. Desde el ideal de la Paideia griega hasta la palabra liberadora de Paulo Freire, el maestro (en un sentido amplio) es aquel que escucha, comprende y construye empatía con los alumnos. Es el que encuentra en el niño o el adolescente a una persona, y cree en su futuro. El sacrificio de Evelia merece también reflexionar en la necesidad que tiene la Argentina de revalorizar el rol docente, jerarquizar la formación profesional, reconstruir el histórico respeto que tenía el maestro y sacar del sistema educativo todo resquicio de utilización política o manipulación burocrática. Es lo que se hace en los países que priorizan la educación pública (aunque sea de gestión privada) y hacen de la escuela un espacio de inclusión, pensamiento y socialización.

La memoria de Evelia honra especialmente a los maestros rurales, a quienes su función profesional los convierte en protagonistas de las comunidades donde viven.

Esos maestros merecen, además, que su presencia llame la atención de los gobernantes para llevar a esos parajes no solo lo servicios elementales de agua, electricidad, seguridad, salud, transporte y caminos accesibles, sino que creen las condiciones básicas para el desarrollo humano. Y merecen que se los escuche y se capitalice su experiencia para la construcción de un país federal en serio.

Finalmente, Evelia aparece como una mujer tan compenetrada con los derechos de su género, que no dudó poner el cuerpo entre el femicida y su alumna. Evelia Murillo honró aquella tradición de que "no hay amor más grande que dar la vida por los que se ama". Su testimonio describe las encrucijadas de la época en la provincia. Por eso, su heroísmo, espontáneo y genuino, ingresó a la historia grande de la educación salteña.

Los ecos del último disparo

Opinión de Cynthia Molinari, Psicóloga

Los ecos del único disparo se esparcieron por el monte chaqueño; en silencio los pobladores, desconcertados, se escondieron en los ranchos. Excepto una joven wichi, nadie más podía imaginar que aquel disparo fue directo al pecho de la maestra de una de las escuelas albergue más desoladas del país. Allí donde no hay agua, ni luz, ni teléfono, donde la escuela se yergue sobre un cuadrado de tierra seca y los pupitres son improvisados con tablones, allí donde no hay nada, la maestra Evelia Murillo era todo; la que alfabetizaba, la que alimentaba, la que brindaba escucha y consuelo, la que curaba también, era el alma de las fechas patrias y la vida de una pizarra negra que cuelga inerme sobre la pared de barro y paja. Pero aquel trágico 3 de octubre no sería uno más, ni parecido a las habituales fatigas de cada jornada. En medio de la nada, en el abismo de lo real sin ley, a Evelia Murillo le tocaría defender con su propia vida la integridad humana, moral y sexual de otra mujer. La de una adolescente que fue a pedirle refugio en la escuela, tras ser acosada y forzada por un hombre dispuesto a todo para someterla, como si la mujer fuese un objeto destinado a un uso sexual, es el mismo hombre que encontró en la maestra un obstáculo que le impedía satisfacer sus instintos y entonces la derribó, se deshizo de ella y la eliminó como si se tratara también de otro objeto: el objeto/estorbo. Ese hombre no soportó los límites y se convirtió en una bestia, y al descerrajarle un tiro, no solo destrozó el corazón de una heroína, también dejaron de latir el lenguaje, la civilización y la bondad en el corazón del monte chaqueño, más solo y huérfano que nunca, sin las Evelia Murillo que han muerto ha ciendo patria.

Evelia, en la línea de fuego 

Opinión de Tania Kiriaco, Directora del Observatorio de Violencia contra las Mujeres

La señorita Evelia fue asesinada en la puerta de la escuela. José Tomás Cortez fue condenado a prisión perpetua, por homicidio calificado por violencia de género y amenazas con arma de fuego.(Femicidio). Técnicamente, se trata de un tipo en particular de femicidio denominado “femicidio vinculado por interposición en línea de fuego: al intentar, evitar o interponerse entre el agresor y las mujeres que solicitaron su auxilio, en un contexto de desigualdad de poder en razón del genero”.
 La muerte de Evelia obliga a investigar las condiciones de vida de los maestros en zonas rurales donde existen situaciones de vulnerabilidad específicas y donde los establecimientos escolares son espacios de referencia para los habitantes del lugar. Ahí es donde concurren las víctimas pidiendo protección. La legislación Internacional de Derechos Humanos de las Mujeres y la ley nacional 26 485 legislan sobre la protección integral y obligan al Estado a brindar medios de protección para evitar la muerte de mujeres por razones de género. Asimismo ONU Mujeres exige a los estados parte una agenda política que involucre a los tres poderes en la prevención, protección y provisión de servicios y presupuesto. Recomienda poner fin a la impunidad, juzgar a los culpables de violencia contra las mujeres y las niñas, y otorgar reparaciones y soluciones a las mujeres por las violaciones de que fueron víctimas. Garantizar el acceso universal a los servicios esenciales como mínimo, las necesidades urgentes e inmediatas de las mujeres y de las niñas atendidas mediante líneas de emergencia gratuitas que trabajen las 24 horas, contando con intervenciones rápidas para su seguridad y protección, con viviendas y refugios seguros para ellas y sus hijos, con seguimiento y apoyo psicosocial. En El Bobadal, esa tarea la tuvo que asumir Evelia. 

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