“Hay un prejuicio fundado contra nosotros los piqueteros por lo que hacen muchos dirigentes”

Silvia Saravia es docente y militante de Barrios de Pie- Libres del Sur, una de las facciones que resultó de la división de la organización piquetera. Una parte se encolumnó detrás del kichnerismo mientras el grupo que Saravia representa hace un año decidió apoyar la fórmula Lavagna-Urtubey.

Su cara comenzó a rodar por los canales de televisión cuando las organizaciones sociales coparon las calles de la capital pidiendo la ampliación de la ayuda social. Las presiones derivaron en la posterior Ley de Emergencia Alimentaria, aunque criticó esa ley. Con más de 900 merenderos y comedores en el país, la representante asegura que solo aumentó presupuestos pero nadie habla de la calidad de la comida que brinda el Estado y que ellos mismos recomiendan no consumir. En este sentido guarda expectativas en el próximo gobierno, ya que recientemente Alberto Fernández levantó ese guante.

Su crítica llega al punto de reconocer que los prejuicios contra los movimientos piqueteros están fundados por la forma en que se utilizó y aún utiliza los planes sociales. Prejuicios que observó de cerca en las nuevas personas que llegaron a los comedores como “jubilados que dejan de comprar medicamentos para comprar comida”. Entre las situaciones nuevas que observa, resaltó que hay “niños que piden comida” para llevarle al adulto que queda en casa, limitado por “la vergüenza de pedir”.

¿Quiénes van a los comedores y merenderos? 

En los comedores que tienen más tiempo vienen chicos de familias que cobran un plan o que tienen changas y el comedor garantiza la comida fuerte diaria. Esa es la forma de poder tener el dinero que les ingresa para otras cosas, como la garrafa. Lo que está sucediendo ahora es que, como a los grandes les cuesta pedir, los chicos piden llevarse la comida para la casa, para la familia. También aparecieron abuelos y abuelas que vienen a contar que dejan de comprar medicación para comprar comida. Se acercó también una parte de la población que tenía trabajo formal hasta hace poco tiempo y que tenía un prejuicio contra nosotros, los piqueteros. Pero no es un prejuicio infundado, porque efectivamente muchos dirigentes han utilizado el plan como una forma de que la persona reciba algo que tiene que agradecer, como que no le termina de corresponder y que disciplina. Además, porque en muchos casos no se utiliza como herramienta para que la familia haga un trabajo. 

¿Los planes sociales van acompañados de contraprestaciones?  

A nuestra organización si, el Ministerio viene a supervisarnos, pero solo a nosotros. Pero no nos parece mal, lo malo es que sea selectivo. Para nosotros es importante que nos vengan a supervisar porque tenemos mucho para mostrar del trabajo que hacemos. A veces hasta nos inventamos el trabajo, por ejemplo, desde algún emprendimiento productivo, que los compañeros aprendan un oficio, manualidades, una huerta. Tenemos también una red de salud que trabaja en un relevamiento real de que las familias tengan las vacunas. Digo real, porque el Estado lo hace formalmente pero no se hace el trabajo para ver por qué el niño no llegó a la vacunación o el de talla y peso y la mal nutrición.

Viviste también desde la militancia la crisis del 2001. ¿Por qué en esta no hubo un estallido social?

Hay varios aspectos. Uno de ellos es que hoy hay una red de contención que es la asignación universal, en ese momento el piso fue más bajo. Hay un montón de familias que hoy perciben un ingreso que es muy pequeño, pero antes no estaba. Pero es un piso diferente que en el 2001 que no había nada de nada. Es un piso de derecho que el macrismo no pudo terminar de destruir en función de que es una política social que tiene determinado consenso, más allá de que algunos intenten cascotearla. Esa es una parte que tiene que ver que no haya habido estallido. Otro aspecto es que se la pasó mal. El 2002 fue un año tremendo, con una devaluación muy fuerte. En ese momento el gobierno distribuyó “jefes y jefas de hogar”, pero que era menor a lo que está ahora. 
Hacés foco en la calidad de la comida que brinda el Estado para los comedores.

Nosotros ahora estamos haciendo un relevamiento basado en las guías alimentarias que publicó Salud de la Nación. La canasta básica alimentaria se mide sobre determinados alimentos y no sobre lo que dicen las guías alimentarias. Las guías recomiendan consumir frutas, verduras, lácteos, pescados, y eso hoy es inaccesible. Está quedando muy desfasado lo que se asigna a los comedores escolares.

Soy docente y veo que se les sirve arroz con granitos de carne o a veces hasta un sandwich con mucho pan y muy poquito queso. Tiene que ver que los alimentos están a un costo muy alto y no se tiene en cuenta eso al asignar los recursos. 

¿Qué expectativas tenés con el nuevo kirchnerismo?

Veremos si es nuevo kirchnerismo y si no es albertismo. Este es un país muy presidencialista. Habrá que ver cómo definitivamente termina de plantear su liderazgo Fernández. Creemos que por un lado hay un nivel de expectativa alto para algunos temas que son sensibles para nosotros. Como por ejemplo el programa contra el hambre, allí se plantearon cosas que nosotros habíamos hablado antes, como discutir la mal nutrición, plantear un relevamiento activo. No trabajar con números por encima, sino ir a la profundidad, a lo que nosotros llamamos pesquisaje activo. Son cosas importantes para trabajar. Con la última ley de emergencia alimentaria fuimos muy críticos desde el acampe. Esa ley quitó algunos aspectos que nosotros habíamos propuesto. Votaron solo presupuesto. El Ministerio de Desarrollo Social compra alimentos que su propia guía alimentaria dice que no hay que consumir. Hay que pensar en qué debe consumir la familia. Alberto los enunció a esos aspectos, veremos si eso se hace realidad. Eso nos genera expectativa, como la creación de puestos de trabajo. No se le puede pedir a las empresas, porque la tecnología reemplaza la mano de obra. Pero si hay que apostar a las economías regionales, populares y las pymes. 

Apoyaron a Urtubey como vicepresidente. En Salta hay muchos indicadores sociales negativos ¿Cómo ve usted la situación? 

Es un dirigente político que asumió un desafío en un momento en el que nosotros creemos que había que asumir ese desafío. Después no se terminó de concretar en ese tercer espacio entre Macri y Cristina. Pero para nosotros es muy valorable que los dirigentes asuman desafíos políticos y no se queden en la cómoda. 

Tomó una provincia en un estado muy complicado y algunos indicadores mejoraron, como la mortalidad infantil y materna. Es una de las primeras provincias que plantea un posgrado para los docentes en Educación Sexual Integral (ESI). 

La ESI tuvo oposición oficial y demora en la aplicación. Por otro lado padres llegaron a la Corte Suprema de Justicia para que no se dicte religión en las escuelas públicas. 

Pero hay que ver los puntos de partida. En nuestra valoración tiene que ver que a pesar de que hubo que llegar a determinadas instancias para que eso sucediera, la experiencia nacional nos muestra que en muchos casos los dirigentes nacionales, a pesar de tener ciertos condicionamientos, no asumen la situación y nuestra valoración tiene que ver con eso.

Como educadora ¿qué observa del sistema educativo actual?

Doy clases de secundario, en barrios muy humildes y conflictivos. Cuando empezamos el año siempre hacemos una encuesta de que quieren cambiar de la escuela, del barrio, el país o el mundo. Es sorprendente que los chicos hablen por ejemplo del gobierno. Este año esa encuesta fue particular.

La mitad de los chicos decían que querían cambiar al presidente. Los directivos de la escuela estábamos sorprendidos porque pensábamos que los chicos estaban en las redes. Eso es alentador. Es importante que los pibes puedan discutir qué pasa en lo cotidiano y quiénes tienen responsabilidad con eso. Ni hablar cuando tienen que evaluar la escuela, los profesores, la educación. Creo que hay un gran déficit de no escuchar a los jóvenes en un montón de inquietudes que ellos tienen. Hay una generación que viene con menos prejuicios a la hora de cuestionar la autoridad. Muchos adultos dicen que los pibes perdieron el respeto por todo. Puede ser de alguna manera, pero vienen con otras lógicas de cuestionamientos que son muy bienvenidas. Porque llegan a un mundo perverso e injusto. 

¿Este cuestionamiento está relacionado con algunas luchas públicas? 

Si, creo que el debate sobre los feminismos atravesó a los pibes y pibas de todas las clases sociales; y es uno de los temas que creo que cambia algunas lógicas de cómo plantarse frente a la vida. Lo considero muy bueno para que pensemos que es posible pensar una sociedad que puede ser diferente. 

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