40 días después, el Bermejo devolvió el cuerpo de Tomás Mitre

Tras 40 días de búsqueda y misterio creados tal vez por la angustia el Bermejo devolvió el cuerpo de Tomás Mitre, el niño de 11 años que se hallaba desaparecido desde el 8 de noviembre pasado.
El operativo estuvo a cargo de efectivos de la División Lacustre y Fluvial, quienes desde esa fecha iniciaron la búsqueda del pequeño de 11 años de edad, quien habría ingresado junto a otro niño a bañarse en el río Bermejo, altura del paraje La Quena, y no lograron salir.
Uno de los niños fue encontrado sin vida al día siguiente, a 7 kilómetros de donde fue visto por última vez.
Mientras que la búsqueda del pequeño se extendió hasta ayer en la mañana cerca de las 10.30, cuando hallaron su cuerpo a una distancia de 9 kilómetros de donde se sumergió y a dos de donde hallaron a su amigo y compañero.
Intervine la Fiscalía Penal de Embarcación.
Tras la desaparición de Tomás, mil conjeturas surgieron en estos tiempos luego de que el río Bermejo, que marca el inicio del departamento de San Martín en el norte de la provincia, se cobrara otras dos vidas, esta vez de dos niños originarios de 11 años, pertenecientes a la comunidad toba que reside en cercanías al cauce.
Los policías y bomberos trabajaron desde entonces, en jornadas de calor agobiante que rondan los 45 grados, junto a los aborígenes de la comunidad toba y los wichis como también personal de bomberos voluntarios de las localidades cercanas.
El Bermejo luce en el verano toda su inmensidad y su belleza pero no hay año que no se cobre las vidas de quienes confiados en saber cómo se comporta se aventuran dentro de sus aguas, en ocasiones para no salir más.

</SUBTITULO>Misterio de Tomás
Enzo Cardozo, un exbombero voluntario de la localidad de Pichanal, se encontró con una fotografía que un policía que estaba abocado a las tareas de rastrillajes tomó en el río, muy cerca del lugar donde Tomás había desaparecido junto a un amiguito de su misma edad.
Sucedió que diez días después de la desaparición de los chicos él estaba al lado del río sobre los gaviones con su perrito. El animal que siempre lo acompaña se metió en las aguas del Bermejo al ladito de un sauce que creció en la orilla y él se puso a tomarle fotos. Cuando en su casa revisó el celular vio esa imagen que lo sorprendió y me pasó las fotos, relató el exbombero y conocedor del Bermejo.
En la foto a la que Cardozo hace referencia se ve al perro, al árbol y en medio del escaso follaje la imagen como si fuera un niño, con una contextura muy similar a la de Tomás, el chiquito que hace dos semanas permanece desaparecido.
Pero lo extraño es que no hay posibilidades de que el niño siga con vida y por eso la sorpresa del policía y de quienes accedieron a ver esa imagen.
La gente decía que cuando cae la tarde, se queda sobre el puente carretero y nos asegura que ven a un niño salir del agua y sentarse sobre los gaviones.

Pedidos al dueño del río

A unos cinco kilómetros de distancia del lugar donde los niños se ahogaron los papás encontraron el cuerpo del primer changuito frente al lugar que llaman la bomba de Trujillo.
El pozo donde el chico se ahogó se conoce como pozo el ahogado porque allí hace muchos años se ahogaron varios pescadores que iban en una lancha. Cuando los buzos ingresaron a la profundidad para buscar sus cuerpos se encontraron con cosas que no tenían ninguna lógica en un río como el Bermejo.
Pasó mucho tiempo hasta que estos buzos pudieron hablar porque quedaron muy impresionados; hace algunos años en ese mismo pozo se ahogó Rosa Sardina y como dice la gente lugareña y los aborígenes, siempre ven a una persona de gran estatura que se sienta en los gaviones a contemplar el Bermejo y ellos a esa sombra la llaman el “Dueño del Río”.
Una creencia muy firme
Tan arraigada está la creencia “que el papá del chiquito cuyo cuerpo apareció antes que Tomás, con toda humildad le habló al dueño del río y le pidió que se lo devuelva porque quería darle cristiana sepultura”.
Piraguas, lanchas y gomones se usaron para recorrer el Bermejo de costa a costa pidiendo cada día por Tomás Mitre. mientras las conjeturas se sumaban día tras día. 
Todas las creencias de wichis y tobas estuvieron presentes durante la ausencia de Tomás, afianzando su cultura y sus temores hacia los dueños de la naturaleza.
También por esos días surgió entre los lugareños el viejo mito de los abipones, habitantes de la ribera norte del río Bermejo. “En el nolmet (toldería) del cacique Aluá, Nichaj (jabalí) y Aialay se encaminaron hacia la montaña, para juntar leña. Estaban en la tarea cuando, de pronto, el sol dejó de alumbrar, tapado por negros nubarrones. Los muchachos se ocultaron en una cueva. El río desbordó y comenzó a arrastrarlo todo. La fuerza del agua era tal que la gran mole de piedra donde estaban los hermanos se desprendió y comenzó a flotar por el torrente embravecido...”.
Y nunca más se supo de ellos. El Bermejo escuchó quizá tantas plegarias por este niño pobre y devolvió a Tomás, milagrosamente antes de las grandes crecientes.

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