Las historias y las leyendas de nuestro arbolito de Navidad

Según una vieja costumbre, hoy, 8 de diciembre, los cristianos deben comenzar a armar sus árboles de Navidad.

El hábito de armar el árbol en el día de la Inmaculada Concepción nos llegó de Italia a través de las distintas corrientes migratoria que arribaron a la Argentina, después de la segunda mitad del siglo XIX. Fue después de que el Papa Pío IX (Nono) declarara el Dogma de la Inmaculada Concepción de María. A partir de entonces, los itálicos tomaron la costumbre de armar el árbol de Navidad para esa fecha, hábito que luego se difundió por casi todo el mundo.

Antecedentes

Pero el árbol de Navidad tiene antecedentes más remotos. En la antigedad no existía como tal, pero los babilonios en el invierno ya solían cortar un árbol para adornarlo y dejar regalos a sus pies. Tertuliano, un cristiano que vivió entre los siglos II y III d.C., criticaba los cultos romanos paganos, imitados por algunos de sus correligionarios, y que consistían en colgar laureles en las puertas de las casas y encender luminarias en los festivales de invierno. Los romanos adornaban las calles durante las Saturnales, pero fueron sobre todo los celtas quienes decoraban los robles con frutas y velas durante los solsticios de invierno. Era una forma de reanimar el árbol y asegurar el regreso del sol y de la vegetación. Es decir, que desde tiempos inmemoriales, el árbol fue símbolo de la fertilidad y de la regeneración. Siglos después, el cristianismo adoptó y transformó estas costumbres relacionadas con el culto a los árboles sagrados y así nació el árbol de Navidad.

Tallin o Riga

El cristianismo, ante la imposibilidad de erradicar costumbres paganas, siempre optó por adoptarlas o transformarlas. Y así fue que la leyenda cuenta que en el siglo VIII había un roble consagrado a Thor en la región de Hesse, en el centro de Alemania. Y cada año, en el solsticio de invierno, se le ofrecía un sacrificio. Un día, el misionero (San) Bonifacio taló el árbol ante la mirada atónita de los lugareños y, tras leer el Evangelio, les ofreció un abeto, un árbol de paz que "representa la vida eterna -dijo- porque sus hojas siempre están verdes" y porque su copa "señala al cielo". Y a partir de entonces se comenzó a adornar los abetospara las navidades.

Se cuenta que fue Lutero quien puso unas velas sobre las ramas de un árbol de Navidad porque centelleaban como las estrellas de la noche invernal.

Hoy dos ciudades bálticas se disputan el mérito de haber sido las primeras en plantar un abeto en la plaza pública: (Estonia) en 1441 y (Letonia) en 1510. Unos comerciantes lugareños plantaron un abeto en la plaza del mercado de Riga, lo decoraron con flores artificiales, bailaron a su alrededor y finalmente le prendieron fuego. Hoy se realiza en la plaza de la Ciudad Vieja, la ceremonia de encendido que atrae cada año a miles de personas.

La decoración

La decoración del árbol de Navidad también tiene varios orígenes. La mayoría asegura que esa tradición proviene de Alemania. Según algunos historiadores, los cristianos que comenzaron la tradición de decorar árboles perennes fueron los creyentes germanos de la región de Alsacia (hoy bajo dominio francés). En tanto se reconoce que habría sido Martín Lutero en el siglo XVI, quién por primera vez le puso luces (velas). En cuanto a los adornos, que originalmente eran manzanas (fruto muy abundante en la región de Alsacia), representaban el pecado original y las tentaciones, en tanto las velas, eran la luz de Jesucristo.

Los significados

La versión más aceptada es que el árbol simboliza la vida, el universo y el amor de Dios.

En cuanto a las manzanas, estas fueron reemplazadas por el cristianismo en esferas de vidrio o bolas de colores y les dio nuevos significados. Cada una de ellas representa una oración: las rojas son para las peticiones; las blancas para los agradecimientos; las azules representan los arrepentimientos; y las doradas, significan alabanzas.

El Adviento

Tradicionalmente, las esferas de colores iban de 24 a 28, según el número de días que tenga el Adviento, que es el período que señala el comienzo del año litúrgico cristiano y comprende las cuatro semanas anteriores a la Navidad de ese año. De ahí viene la corona de Adviento, tan común en la mesa cotidiana del cristiano europeo, realizada con una rama de abeto y con cuatro velas que se van encendiendo una por semana.

Finalmente, en lo alto del árbol se coloca la estrella, símbolo de la fe que debe guiar la vida del cristiano y que según una vieja costumbre, debe ser colocada por la persona de mayor edad de la familia. Según esta tradición, el árbol de Navidad se termina de armar en Nochebuena y debe ser retirado doce noches más tarde, para la Epifanía (noche de Reyes).

Desde la Bavaria al cerro San Bernardo 

Según una tradición oral que llegó hasta nuestros días, la costumbre sajona de colocar un árbol de pino o similar, para la celebrar la Navidad, fue introducida en nuestra españolísima ciudad, por el ingeniero alemán Josep Heinrich Theodor Rauch. Este joven, nacido en 1845 en Bissinger, Bavaria (Alemania), arribó a nuestro país en el año 1874. Vino contratado por gobierno del presidente Nicolás Avellaneda para que trabajara en el diseño de la creciente red ferroviaria nacional. Y así fue que con la misión de estudiar el futuro trazado del Trasandino del Norte, llegó a Salta en 1882. Pero se ve que aquí, el hombre no solo se dedicó a estudiar con gran empeño la accidentada topografía de los Andes. A poco, también se introdujo en la vida social de la ciudad y así fue que conoció a doña Celina Rudecinda Zorriguieta Hernández, con quien contrajo matrimonio en 1883. 

El hecho es que entre 1882 y 1884 -tiempo que duró el trabajo de campo en los Andes- el ingeniero Rauch erigió el primer árbol de Navidad que tuvo la ciudad de Salta. Al principio, los salteños imitaron muy tímidamente la iniciativa, pero de a poco cundió con entusiasmo entre los miembros de las sociedades Italiana y Española. 

Otros árboles

Hasta los años 50 del siglo XX, los árboles de Navidad, solo se armaban dentro del ámbito familiar. Recién a fines de 1950 la comuna capitalina perfiló en la ladera del San Bernardo, un árbol de Navidad iluminado con flamígeros tachos alimentados con gasoil y arpillera. Años después, la electricidad reemplazó los tachos y en los años 90, lo último que se iluminó fue una estrella de Belén color celeste.

Otros árboles muy recordados fueron los de Agua y Energía, en Pje. Zorrilla y Las Heras, y en la zona sur, el de El Tribuno, en Limache.

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