Rugbiers salteñas apuestan por un deporte visible  e igualitario

"El rugby, como la vida misma, es un deporte de búsqueda constante, de grandes esfuerzos para poder avanzar aunque sea un pequeño paso. Un juego en el que sabemos que contamos con el apoyo de personas que están incondicionalmente con nosotros, porque peleamos como equipo o morimos como individuos".

La sentencia, aparentemente anónima, es elocuente y aspiracional. Remite a la comunidad que todos quisiéramos conformar y cuya realidad es que las mujeres constituyen algo más del cincuenta por ciento del talento y el capital social disponibles. Sin embargo, la masculinidad hegemónica acciona y ve con beneplácito que en el deporte las ligas femeninas no sean profesionales, que existan pronunciadas desigualdades en el otorgamiento de salarios, becas y premios, y que los equipos de hombres se arroguen la representatividad de una nación cuya población se paraliza por una final, siempre y cuando jueguen "ellos".

Que allí donde se construye el "ser varón" también es el lugar donde se construye el "ser mujer" vienen a decir las rugbiers salteñas. Se formaron en clubes de desarrollo como el UNSa Rugby, Católica Vaqueros Rugby Club y Vallistos, porque no hay validación para ellas en instituciones como Universitario Rugby Club, Gimnasia y Tiro y el Jockey Club.

Guadalupe Soria (38), jugadora, entrenadora y réferi de Católica Vaqueros Rugby Club relata a El Tribuno que en la encrucijada de un divorcio le salió al cruce el rugby. "Estaba superdeprimida y empecé a hacer judo, porque ya había hecho deportes de contacto en un instituto militar donde me formé, la Armada Argentina, donde fui parte de la primera promoción de oficiales mixta. Pero el judo era muy personal, muy de uno a uno, y yo necesitaba integrar un equipo", comenta. Entonces vio en la televisión a una rugbier que junto con su entrenador promocionaba que en la Universidad Católica se realizaban prácticas de rugby. "Desde 2005 venía viendo ese cartel en la universidad y lo miraba y me decía "qué brutas estas'. Recuerdo hasta las palabras de Lula: "Vení a probar este deporte que te va a cambiar la vida'. Y yo sentía justamente eso, algo que me cambie la vida y que no sea un hombre", rememora. Añade que desde el primer ruck se sintió comprometida con este deporte.

María Guadalupe Cabaña (24) es estudiante de Arquitectura e integra la división femenina de la UNSa Rugby. En su caso en 2014 empezó a jugar y se capacitó para réferi con el propósito de conocer profundamente las reglas y técnicas.

"Conocí el deporte porque un amigo lo jugaba y como él vio que me gustaba ir al gimnasio y ejercitarme me propuso ir a una práctica, señalándome que no perdía nada con hacerlo. No pensé que me fuera a gustar porque nunca había hecho deporte de contacto", inicia. A su lado María Belén Ojeda (28), pastelera, juega de pilar en el Vallistos Rugby Club (Rosario de Lerma). "No hacía nada de ejercicio, buscaba ir, correr y bajar de peso. Veía que las chicas tenían más o menos mi contextura física. Estuve un mes entrenando y jugué el primer partido. No tenía mucha idea, pero lo único que sabía era que había que agarrar la pelota y correr hacia adelante. Desde ese primer juego me encantó", detalla.

Por último, Marianela Valentina Lescano (17) estudiante de cuarto año de la secundaria en la Escuela Benjamín Zorrilla y réferi de rugby relató que "en principio quería adquirir fortaleza, sobre todo para sostenerme ante mis compañeros de cuarto y quinto año, que venían medio pesados. Era delegada del curso y debía ejercitar mi liderazgo. Y una vez dentro me gustó el apoyo que recibe el réferi femenino de parte de los hombres. Era más callada, más niña, y fui adquiriendo fortaleza para dirigir a los M-14, que tienen sus cambios de hormonas y se alteran un poco entonces hay que imponérseles, ponerles cara de malo y frenarlos. Ellos dicen que como somos mujeres los retamos mucho".

Guadalupe Soria, Guadalupe Cabaña, Belén Ojeda y Marianela Lescano, rugbiers. Andrés Mansilla.

Micromachismos

Quien se inicia en el camino del rugby no puede hacerlo desconociendo la verdad de la mirada prejuiciosa. "Me pasó que cuando terminé de dirigir un M-16, es decir, un partido entre chicos menores de 16 años, tuve que frenar al entrenador, porque se metía mucho. Él es de Tucumán y estaba muy curioso, le parecía raro. Estuve en la mesa de entrenadores y réferis y él me preguntaba por qué había elegido esto y recuerdo que le dije que era lo mismo, que las mujeres recibíamos la pelota y nos daban ganas de salir corriendo y marcar un try, que se siente en la piel 

lo mismo que debe de sentir un hombre. El olor al pasto, la convivencia con el sudor propio y del compañero, el saber que este está detrás de vos, el abrazarte al final, cuando terminás todo embarrado como jugador es único. Y se quedó mudo", expresa. Guadalupe fue entrenadora de infantiles, de un equipo que solicitó que fuera mixto y que integran cinco niñas y quince varones, de 6 a 10 años.

Añade que cuando estuvo embarazada para no separarse del equipo ni del rugby pidió ser entrenadora e iba con sus hijas, entonces de 6 y 9 años. "Fueron a algún partido, las miraron raro por ser niñas y no quisieron seguir entrenando. A la menor le salen muy bien los tuckles", manifiesta. Puesta a analizar las condiciones propicias para desarrollarlo apunta que "es un deporte para cualquier edad, porque siempre hay una posición que te va a quedar bien. Esas miradas que incomodaron a mis hijas existen en todas las jerarquías de este deporte. Yo llegué tarde a este deporte y me hubiera gustado iniciarme mucho antes. Por eso sigo capacitándome para enfrentar los cuestionamientos".

Agrega que una de las desigualdades se genera porque los varones comienzan a entrenar cuando son niños y hay habilidades que tienen muy adquiridas. "A mí me ocurre con ciertas cuestiones que me sale enseñarlas, pero no hacerlas y mi entrenador me dice que esto ocurre porque empecé grande", sintetiza. Ella alía sus competencias como docente de Inglés para formar rugbiers y acciona para "que en algún momento no sea raro para los niños ver a una jugadora, entrenadora, réferi o dirigente femenina".

Para María Guadalupe Cabaña "siempre hay alguien que no lo entiende y va a preguntarse si somos capaces, si somos fuertes. No es cuestión de ir a lesionarse, cualquier deporte tiene sus riesgos. Una cosa no quita la otra. Podemos ser las dos personas. Salir a cenar y llevar tacos y estar pintadas y también salir a la cancha", bromea. Aunque alienta a las mujeres a no acompañar esa mirada social sesgada por el rugby.

"Lo más importante es darle una oportunidad porque nunca vas a entrar y salir diciendo que te pasaron cosas malísimas. Siempre vas a sacar algo positivo", sentencia.

La lucha por un rugby sin sexismo

Cabaña es la segunda réferi de Salta. "Estuve en los torneos de la UAR, en los Juegos Olímpicos de la Juventud. Llegué a ver el nivel altísimo que hay en otros países", comenta. Apunta que en el mundo hasta los 13 años entrenan en equipos mixtos. "A nivel nacional solo tenemos un equipo de seven, la modalidad que se desarrolla acá porque estamos lejos del 15 contra 15. Al seven los hombres lo juegan solo en verano", desliza. Soria aporta que en Salta se permite que se entrene y juegue rugby 15, pero faltan "fusión entre clubes y fomento". "De a poco vas adquiriendo el entrenamiento para aguantar todo el tiempo y esos choques en el partido. La UOL Rugby, que nuclea a todas las asociaciones del mundo, y el Sudamericano están dando pasos en pos de la igualdad. Por ejemplo, hay becas y todo un movimiento internacional que de a poco va llegando a Argentina y Salta", enumera esperanzada. Ella trabajó como intérprete cuando el Springboks y el Wallavy vinieron a Salta. "Pude tener mucha llegada con los presidentes de las uniones de rugby de Sudáfrica y Australia. Debo de ser como la loca del rugby, porque siempre estoy pidiendo una foto para que me ayuden. Me pusieron en contacto con jugadoras de España y Suiza y es increíble la fuerza que te dan estas conexiones", declara. Añade que el último hito de las rugbiers es que en Francia ya no se llama más "seleccionado de rugby" al masculino y "femenino 15" a las jugadoras, sino que ambos son el "equipo de 15" francés.

Como apunta Walter Bagehot "el mejor placer en la vida es hacer lo que la gente te dice que no puedes hacer" y ese es el viento en las alas, además de la pasión, de las rugbiers salte ñas.

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