Luciana Peker: "El verdadero enemigo del feminismo es el fascismo"

En “La revolución de las hijas” Luciana Peker compone una radiografía generacional que puede leerse como marca de época, porque repasa el impacto político y masivo del feminismo en la Argentina desde la fuerza pujante de las más jóvenes y enlaza históricamente el presente para hablar de lo que creció entre ellas (autonomía, interpelación, sororidad) sin olvidar los peligros de un machismo que recrudece.
Cuando pronunció la frase “la revolución de las hijas”, durante las reuniones por la interrupción voluntaria del embarazo en 2018, Peker, periodista especializada en género, puso nombre a lo que ocurre en las casas y en las calles: adolescentes, preadolescentes y jóvenes que en el feminismo encuentran una potencia política transformadora para interpelar a su alrededor.
En “La revolución de las hijas” (Paidós), la autora de “Putita golosa” parte del disparador que fueron las jóvenes en las calles durante el reclamo por el aborto legal, y desde allí traza un panorama sobre la desigualdad de género laboral o la violencia.

Este libro puede leerse en diálogo con otro trabajo tuyo, “La revolución de las mujeres”

Es una continuidad, en el sentido de que “La revolución de las mujeres” cuenta la historia reciente de las mujeres en la democracia. Y en ese contexto, “la revolución de las hijas” sorprende. Por supuesto que está enlazado con la historia, desde las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, los Encuentros de Mujeres, los “Ni Una Menos”, las pioneras del feminismo hasta la ley de educación sexual integral. Así como hay diferencias de clase, etnia, territorio, hay diferencias de edad y me interesaba contarlo, porque es un fenómeno único el de las hijas. Sin embargo no es un libro que idealiza a las jóvenes: las chicas son las jóvenes, pero el feminismo no es adolescente ni tiene que serlo.

¿Cómo apareció esta idea?
El periodismo feminista no es una moda, quienes lo ejercemos tenemos muchos años de contar historias, pero sobre todo de escuchar y mirar. Yo lo llamo el “singlazo” feminista: así como los grupos de cumbia recorren el país, nosotras también. Nuestro trabajo tiene mucho que ver con el abrazo, con ir a escuelas, capacitaciones, charlas. Tenemos la mirada curiosa del periodismo y de la narrativa, pero también la trascendemos para pasar a ver. Cuando me preguntan por qué no la revolución de las pibas, como si hablar de hijas fuera minimizarlas como sujetos políticos, yo reivindico el lugar político de hija. No todas vamos a ser madres pero sí todas somos hijas. Me gusta algo que dice Remo Carlotto: que Laura Carlotto parió a Estela. Quiero decir, hay un fenómeno de las hijas que trasciende su propia existencia como lazo. Contrario a ese prejuicio futbolero de “hijos nuestros”.

¿Qué diferencia a estas hijas de sus madres?
Desde el punto de vista clásico, la maternidad es vista como un lazo conservador, autoritario y competitivo. El feminismo viene a revertir eso: las hijas tienen una revalorización de las tareas de sus madres, entendieron que no era amor, era trabajo. Ahora hay una idea de la maternidad menos opresiva y más libertaria, que las quiere gozosas, libres, que acompaña a sus hijas a las marchas. Y de padres capaces de escuchar a sus hijas mucho más que a otras mujeres como sujetos sociales.

Algo que destacás mucho es que el feminismo crece desde abajo y por eso es popular y revolucionario
En el sentido contrario a lo que en los 90 se llamó “los hijos del poder”, hago una cronología entre las marchas del silencio, que fueron muy estratégicas cuando todavía no existía la palabra ni el delito tipificado como femicidio, con el “ahora que sí nos ven”. Pasamos del silencio al glitter, de formas de lucha opresivas, ligadas con el duelo, a formas festivas pero no por frívolas, sino que tienen que ver con el goce y el deseo como estrategia y lucha. Hay una diferencia entre los hijos del poder y las hijas al poder: la decisión de interpelación generacional. Antes había un feminismo más de la casa para afuera, ahora las hijas cuestionan a sus padres en las mesas, en las reuniones familiares, en las fiestas. La masividad genera un cimbronazo en la política nacional.

Así como te referís a la conquistas, también te referís al ataque y a la avanzada de los sectores antiderechos sobre las mujeres. ¿Esto qué implica?
En muchos lugares de América Latina es una avanzada fascista que comete femicidios, amenazas y debe ser tenida en cuenta. Con su diferencias y pluralidades el feminismo debe estar unido, porque el verdadero enemigo es el fascismo. No se deben minimizar esos peligros, sino que tiene que haber redes de cuidado, lo que no significa dejar de movilizar, pero sí tener estrategias para proteger a quienes se exponen, denuncian, luchan.


 

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