Las columnas políticas y económicas de Rovega, una "lectura obligada” en los 70 y 80

Cuando Salta contaba con una sola señal de aire, Canal 11, el noticiero central acaparaba la atención del gran público. Era el único medio televisivo que permitía estar al tanto de los últimos acontecimientos de la jornada ocurridos en la provincia y en el país y era, además, el preludio de las series más impactantes de principios de los 80, que de lunes a viernes solían comenzar a las 22, como lo fueron Brigada A y “V, Invasión Extraterrestre”, entre otras. Es decir, la gente estaba atenta al “Mundo en la Noticia” por múltiples motivos.

Programación de los sábado de Canal 11, en la década del 70

El noticiero cerraba con la columna política y económica del periodista Julio César Rodríguez de la Vega, más conocido como Rovega. Su análisis de la realidad era de “lectura” obligada para los salteños ávido de actualidad, estuvieran o no de acuerdo con su óptica.

Rovega fue una figura destacada en la historia de los medios locales y nacionales, tanto gráficos como televisivos. Si bien era catamarqueño de cuna, hizo de Salta y luego de Cerrillos sus lugares en el mundo. En la vecina provincia ya había tenido un amplio recorrido en la actividad periodística, que acrecentó y profundizó en tierras del General Martín Miguel de Güemes. Trabajó en El Tribuno, donde llegó a ser jefe de Redacción; en Canal 11 de Salta y también fue corresponsal de los diarios La Nación y La Gaceta.
Eran tiempos en los que el oficio del periodista comenzaba a profesionalizarse, al menos en el interior de la Argentina. Es así que Rovega fue impulsor, fundador y director de la Escuela Superior de Periodismo y docente en la carrera de Comunicaciones Sociales de la Universidad Católica de Salta (Ucasal). 

Inquieto y emprendedor

Sin dudas, Rodríguez de la Vega era un hombre inquieto y emprendedor, que lo llevó a publicar una revista política a la que llamó “El otro país”. El conocimiento profundo que alcanzó de Salta, de su gente y sus problemáticas lo llevó a ocupar, además, la Dirección de Prensa de la Municipalidad capitalina durante la gestión del exintendente Víctor Abelardo Montoya. A esto sumó una activa participación gremial, que rápidamente lo llevó encabezar el Sindicato Argentino de Prensa, filial Salta. 

Pese a su riguroso traje, corbata, lentes y cabello engominado, quienes lo conocieron de cerca aseguran que tenía un espíritu jovial y un humor picaresco. Se jubiló en 1992.

“Una de sus características más sobresalientes era su sólida cultura. Era un intelectual, con una personalidad destacada para la época. Hay que tener en cuenta que las comunicaciones en los 70 y 80 eran muy limitadas, sin embargo tenía un profundo conocimiento de economía y estaba al tanto de la actualidad financiera, que solía volcar en sus columnas televisivas”, recordó el periodista Luis Borelli, quien conoció a Rovega en El Tribuno a fines de los 60. 
Un amigo personal y colega, Andrés Mendieta, lo recordó lo recordó hace algunos años atrás en una semblanza: “Rovega con quien me unía una férrea amistad por más de 40 años, cuando juntos pateábamos la calle en la búsqueda de la noticia- tenía por lema que para ser un buen periodista era necesario ser limpio de cuerpo y alma, llevar consigo la luz de un ideal, poner carácter de temple toledano y contar con una voluntad inflexible que haya gustado el amargo sabor del infortunio, de la vicisitud, del sacrificio, del fracaso, de la ingratitud y de la injusticia”.
Rovega, sin duda, escribió un capítulo destacado en la historia del periodismo norteño.
 

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