VIDEO. Atocha, la “República Lírica”, cumple 71 años: allí se encuentra el primer cementerio de pájaros del mundo

El Cementerio de los Pájaros es un lugar enigmático, que nació casi con el pueblo de Atocha hace 71 años. Fue soñado y diseñado por José Solís Pizarro, periodista, poeta y “fundador” del lugar. Con tan solo 16 años, el joven salteño destinó un lugarcito de la finca familiar para enterrar a las aves que encontraba muertas en su diario trajinar. Era una forma de expresar su amor por la naturaleza de manera sencilla, pero impregnada de un alto valor simbólico y espiritual.


El ritual, cuentan sus descendientes, era simple: José cavaba un pocito, enterraba el animalito que encontraba sin vida y ponía una piedra como lápida, cuya superficie era la hoja en la comenzaba a dar rienda suelta al escritor. 
La ceremonia se repite hasta nuestros días. La gente, especialmente los niños de la zona, llevan los cuerpitos de sus animalitos, los entierran y dejan una lápida o una cruz. “En el cementerio hay lápidas que nosotros escribimos y otras que la gente deja de recuerdo, con el nombre del pajarito que tenían, cuyo recuerdo para ellos es muy importante. Con el tiempo todo se degrada y se hace tierra, continuando así el ciclo de la vida”, explica Marcela Maruyama, nieta del poeta y custodia del campo santo.


En la entrada al Cementerio de los Pájaros, un cartel advierte: “Recuérdame por mi canto, no por mi silencio”. 
El Cementerio de los Pájaros está dentro del predio conocido como el Salón de los Laureles, que en realidad es la galería de la sala de la finca. Se trata de un espacio donde se reunían personalidades de la cultura provincial y recibió visitas de nacionales e internacionales. Allí disfrutaban del silencio, la tranquilidad, de largas charlas, pasaban el día, almorzaban y se sentían agasajados. Visitaron Atocha personalidades como Atahualpa Yupanqui, Alfredo De Angelis, Libertad Lamarque, Manuel J. Castilla, el expresidente Pedro Ramírez, Juan Carlos Dávalos, monseñor Roberto José Tavella, entre otros.    

“Atocha te quiero, por tu virgencita blanca, por tu capilla de piedras del río y la barranca”, resuena uno de los versos de Solis Pizarro.


Solis Pizarro, el gobernador

José Solís Pizarro quería ser gobernador, pero gobernador de un país imaginario al que llamó “República Lírica de Atocha”. Y de hecho lo fue. A ese pueblo del departamento Capital, que está entre la ciudad de Salta, San Lorenzo y Cerrillos, concurrían artistas, hombres de las letras y políticos de los años 50 y 60. “Tierra lírica y grata de emociones selectas. Atocha tierra mía, para todos los poetas”, reza una de las rocas que se destacan en el lugar. 
Solís Pizarro, para Atocha sigue siendo su espíritu, su historia y su raíz. 

Foto: Pablo Yapura


Los orígenes del pequeño poblado también están cargados de misterio. La zona, hasta las primeras décadas del siglo XX era conocida como El Prado, hasta que un día de 1925, José Solís (padre) mientras desbarejaba un potrero para cultivar encontró, tras desplomarse un algarrobo, una medalla.
Rápidamente la alzó, la lavó en una acequia cercana y pudo divisar una imagen con la inscripción: Virgen de Atocha. Fue entonces que le cambió el nombre a la finca, acuñándole el de Villa Atocha. Y así quedó. Bajo la protección de la Virgen, aseguran los lugareños, continúa desarrollándose el pueblo.
“En esos primeros tiempos, enterados del acontecimiento, los gauchos de las fincas vecinas comenzaron a acercarse para rezarle a la Virgen y, un año después, los obispos de Salta y Jujuy, Campero y Aráoz, bendijeron la imagen y bajo un toldo de campaña del Regimiento V de Caballería celebraron la primera misa ante diez campesinos”, cuentan los historiadores. El padre del poeta, tomó la decisión de que en sus tierras se fundara el pueblito de Atocha.

La piedra fundamental del pueblo se colocó dos años después, aunque pasaron un par de décadas hasta que fue oficializado el proyecto.
“Mi abuelo (José Solís Pizarro), todo lo que veía lo transformaba en poesía. Su espíritu sensible ponía de relieve, en valor a las cosas y los otros. Se detenía en lo sencillo, en lo cotidiano, describiendo el día a día, las tardes soleadas, el agua de la acequia, le escribía al sapo, a los pájaros”, cuenta Marcela.

Las callecitas de Atocha relatan a cada paso su historia. Es un lugar que invita a descansar, a conectarse con uno mismo y con la naturaleza. 

José Solis Pizarro fue creador y director del periódico “La Voz de Atocha” (1929) y autor de los libros folclóricos como Tradición Norteña, obra que se hizo acreedora de numerosos premios. También escribió Atocha Tierra Mía (1939), que tuvo siete ediciones; Cruz de Ceniza (1942) y Cencerro en la Noche, entre otros libros. A principios de los años 50, José fue electo concejal de San Lorenzo en representación de Atocha.

Los 71 años de Atocha

Si bien el pueblo nació oficialmente el 7 de agosto de 1948, fecha en que el Gobierno de la Provincia autorizó la demarcación de los solares donde hoy se encuentra el radio urbano, los festejos se realizan los primeros días de septiembre para no chocar con otras celebraciones del calendario.
En la década de 1920, solo había un puñado de casas alrededor de la finca El Prado que luego pasó a llamarse Villa Atocha, en honor a la Virgen homónima, originaria de Madrid, España, donde se encuentra la Real Basílica de Nuestra Señora de Atocha.

Este año, la fiesta central será el 8 de septiembre. Como es tradicional, habrá actividades de destreza gaucha y feria de gastronomía, entre otras propuestas.
 

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