Trabaja para que los perros abandonados en Salta sean adoptados

Camila Ortiz Barbato realiza un trabajo de voluntariado que se puede llegar a calificar como uno de los más lindos del mundo. Es una joven de 24 años, estudiante del último año de la licenciatura de Diseño de Interior de la Universidad Católica, que se organiza con sus tiempos para trabajar por una remuneración salarial en un comercio de venta de productos dietético y que además realiza su compromiso por una satisfacción personal en el Centro de Adopciones Salta “Matías Nicolás Mancilla” que entrega perros y perras a las familias que quieran hacerse cargo y cuidarlas como mascotas.

El centro está ubicado al final de la calle Gato y Mancha, por detrás del barrio Don Emilio, en la zona sur de la ciudad de Salta.

Ella sale desde hace más de dos años desde el centro de la ciudad, donde vive con su familia, en colectivo, hasta el punto en donde se pierde el pavimento citadino y tiene que recorrer a pie por un sendero de ripio, escombros, basuras varias y peligros hasta llegar al centro en donde viven en la actualidad alrededor de 90 canes. Perros que esperan que alguna familia salteña llegue para salir a pasear o para que los lleven a un hogar.

A pie, en ese camino de serenos, moras y misterios transita los mediodías hasta que llega y desde una increíble distancia los perros comienzan a sentir que Camila regresa siempre para compartir ese espacio y su tiempo con ellos.

“Yo como voluntaria ayudo al centro a promover las adopciones y además buscamos a más voluntarios para sacar a dar paseos a los perros. Ellos están en los caniles y necesitan descargar energías por lo que siempre estamos convocando a los vecinos a que se acerquen al centro para salir a caminar. La que siempre queremos hacer es sacar a todos los animales juntos”, dijo Camila.

En cada una de las actividades que realiza tiene todo en contra. En las adopciones son siempre los cachorros los que se van; quedan siempre los viejos.

“Yo les hago una entrevista previa en donde se averigua lo que más podemos de la composición familiar a donde van nuestros perritos. Preguntamos para qué quieren un animal, si hay niños pequeños, cómo son las viviendas. De ahí nosotros proponemos qué nos parece mejor para que adopten y si todo coincide se llevan a un nuevo integrante de la familia”, explicó la voluntaria. 

Todos los animalitos que están en condiciones de ser adoptados es porque ya están castrados, vacunados y adiestrados. Son perritos rescatados de sus condiciones de vida como callejeros y puestos “en condiciones” para que una familia los adopte sin ningún tipo de problemas.

Camila conoce a todos perros los que están en espera y tiene bien identificado cada una de sus características. Sabe cuál es más cuidador para una casa de campo, el ideal para los niños, el compañero para una persona mayor. No es que cualquiera va y ve a uno más o menos lindo, lo pide y se lo lleva. La adopción es todo un proceso en donde dos universos se tienen que imbricar; y para eso está Camila.

Ella le dio la impronta “millennial” de una generación marcada por el mayor uso y familiaridad con las comunicaciones, los medios de comunicación y las tecnologías digitales. Así fue que creo el sitio “Centro de Adopciones Salta” en una cuenta en Instagram, espacio donde socializa las fotos de quienes esperan por un lugarcito en el corazón de una familia.

“La cuenta en Instagram le dio otro movimiento al Centro. Ahí publicamos las fotos de los que esperan, la información de las colectas que realizamos y algunos de los horarios de los paseos. Hoy no tenemos un grupo fijo de voluntarios paseadores, pero la idea es mantener un número constante para salir a caminar con los perritos. Esta tarea de venir, tomar una correa y salir con alguno es lo que más recomiendo. Es una actividad que, además de ser beneficiosa para la salud, te completa el alma, que te llena de energías y te brinda una paz interior total”, dijo Camila emocionada.

Toda la información sobre los paseos está publicada en las fotos sociales. Generalmente se realizan luego del mediodía y para las vacaciones es ideal. Son al menos 30 minutos por el camino que bordea el predio municipal y se realiza en grupo. El ambiente y la amistad con personas y animales hacen el resto.

Con la cuenta en Internet también se consiguieron varias donaciones para el Centro. Lo importante es saber que hay animalitos con necesidades varias. Camila misma llegó por una donación que realizó hace más de 2 años y que de alguna manera fueron el acceso a ese trabajo mágico que realiza hoy.

“Yo tenía 90 alfombras y me enteré que en el Centro las necesitaban porque los perros dormían en los caniles sin nada en el piso. Entonces los molesté a mis padres para que me ayuden a traer todo y cuando llegamos acá ya nunca más quise dejar este lugar. No sé hasta cuándo seguiré acá, pero estoy convencida que este voluntariado es uno de los trabajos más hermosos que existen”, dijo la joven.

En lo que también se emociona es cuando nombra a su familia. Sin dudas que sus papá Daniel y su mamá “Nony” son totalmente cómplices. No se olvida nunca de Federico, su hermano mayor.

Los viejos también esperan y casi nunca son los escogidos

Las familias se llevan a los cachorros y los más viejos quedan tristes.

Don Flores, tal cual una Penélope, es el símbolo de la eterna espera. Es de raza callejero alemán, tiene 17 años y goza del beneficio de la inimputabilidad por la edad, por lo que duerme con las puertas abiertas de su canil. Saben que ese viejo perro con caderas aturdidas no se irá más nunca, que ya tiene su destino asegurado. Puede demorar 5 minutos para caminar 10 metros en busca de una caricia. 

Camila dice, por su experiencia, que las familias solo se llevan a los cachorros; que los más viejos siempre se quedan mirando.

Elena es una de las más viejitas y también goza de la estadía de puertas abiertas. Es una perrita negra de patas cortas que tiene dibujada la sonrisa en su hocico y la cola inquieta; es puro amor.

Quizás sea Germán, un enorme perro de 9 años, mezcla de gris y negro, que fue rescatado de las manifestaciones de la plaza 9 de Julio, quien más quiere una familia. Camila dijo que Germán es el perro ideal para los niños, protector, cariñoso, le encanta jugar en el agua y es apto para todo tipo de travesuras de los más pequeños.

Adoptar un perro grande también tiene sus beneficios, pues ellos ya tuvieron muchos años de adiestramiento con los instructores del Centro. Pero si no lo puede llevar a casa puede darse una vuelta por el Centro y acceder al enorme beneficio de acompañarlos en un paseo, en una simbiosis en donde se disfruta del aire libre y la buena compañía. 

Los paseos se realizan a partir de las 16, pero lo mismo es recomendable antes visitar la cuenta de Instagram “centrodeadopcionessalta” en donde se pueden ver a los perros, los horarios de paseos y toda la información sobre las campañas de donaciones que necesitan los animalitos.

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