Fraternidad y pandemia

"Ojalá que tanto dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros".

"Experimentar el mundo del otro, acercar mundos. Cuando uno conoce la realidad del otro se transforma. Debemos reconocer al otro, en la comunidad, en la región".

La primera frase está extraída de la Carta Encíclica "Fratelli Tutti" del Santo Padre Francisco sobre "la Fraternidad y la Amistad Social", recientemente dada a conocer a la humanidad, mientras que la segunda frase está tomada de la exposición del Pdre. Rodrigo Zarazaga SJ en el 56´ Coloquio IDEA, que tuvo lugar hace muy pocos días, mientras hablaba de una de las más grandes iniciativas público-privada de ayuda social de carácter nacional de los últimos años, dada en el marco de la pandemia.

Inspirado por las experiencias y los conceptos, en un caso y en otro, me llevaron a escribir estas simples líneas que no son más que enseñanzas de lo leído y escuchado, que me gustaría compartir.

Tomo como punto en común entre ambos a la pandemia, y la enorme cantidad de enseñanzas que nos trajo, así como todos aquellos aspectos que desnudó en la relación humana, y en esta geografía globalizada, interdependiente e hiperconectada, que devino en barreras de todo tipo, pero también de enormes oportunidades, frente a un aislamiento repentino y prolongado.

En línea con esto quisiera destacar algunas ideas que creo invitan a la reflexión en estos tiempos: "la pandemia no conoce de fronteras", "debemos reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad (universal) y de amistad social", "la sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos", "nos hemos empachado de conexiones y hemos perdido el sabor de la fraternidad", "necesitamos constituirnos en un "nosotros" que habita la casa común", "salir de la indiferencia cómoda, fría y globalizada, entendiendo que estamos todos en la misma barca, donde el mal de uno perjudica a todos", "nadie se salva solo", "el individualismo radical es el virus más difícil de vencer".

La pandemia reflejó diversas y múltiples desigualdades. Esto requirió entonces de rápidas reacciones y acciones conjuntas entre empresas (grandes y chicas), estados, ONG, etc. desde donde se llevaron adelante hechos concretos y, frente a la necesidad de autopreservación (esta idea de "mi" mundo) marcada por el aislamiento preventivo, el desafío estuvo y está, mirando hacia adelante en "salir de uno mismo" y trabajar por el otro, por quien necesita de esa mirada fraterna, cercana, y de amistad social a la que nos invita el Papa, en repensar nuestros estilos de vida, en generar más redes de trabajo en conjunto, etc.

A la vez que se potenció la digitalización de las cosas, en casos como el comentado por el sacerdote Rodrigo Zarazaga SJ ("#SeamosUno") se volvió también a la fuente, se pudo salir del "aislamiento" a través de gestos humanos gratuitos y de apertura, encuentros reales, simples y directos, a partir de la respuesta frente a la necesidad básica insatisfecha, la búsqueda del bien común, la preocupación por el otro, la mirada y la escucha, comunicación, el vínculo personal, reconocer al otro. Volvimos a valorar y a entender qué es lo verdaderamente importante.

También a entender quiénes son los verdaderos "héroes", los que nos interpelan diariamente frente a nuestro individualismo y nos invitan a pensar en un nosotros, y sus acciones nos hablan de amor por el otro, por encima de cualquier obligación o responsabilidad, y de una verdadera amistad social. Hay esperanza después de todo.

La transformación está en nosotros, la oportunidad de cambio la tenemos nosotros, no podemos esperar soluciones mágicas, somos responsables de nuestros destinos como sociedad, nuestro "destino de construcción común". La humanidad demostró su enorme capacidad de adaptación. Bajo esa consciencia tenemos que volcar todas nuestras habilidades al bien común.

Se nos presenta la necesidad de trabajar urgentemente en recomponer el tejido social, integrando a todos. Ser pueblo unido en búsqueda del bien común. Esa es la verdadera patria, y a esto estamos todos convocados. Debemos reencontrarnos ("salir al encuentro del otro"), redescubrirnos, valorarnos, respetarnos. Salgamos del aislamiento, pero no el de la pandemia, sino el que es consecuencia de estar encerrados en nosotros mismos. Por último, no puedo dejar de compartir en su totalidad lo expresado por el Papa, en una parte de la Encíclica, en donde señala: "Pasada la crisis sanitaria, la peor reacción sería la de caer aún más en una fiebre consumista y en nuevas formas de autopreservación egoísta. Ojalá que al final ya no estén "los otros", sino solo un "nosotros". Ojalá no se trate de otro episodio severo de la historia del que no hayamos sido capaces de aprender".

¿Es posible? Es imprescindible.

*Gerente de Relaciones Institucionales y Responsabilidad Social Empresarial

 

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