Adriana Beramendi es salteña, tiene 24 años y, tras recibir un diagnóstico de lupus, púrpura y trombofilia, pensó que nunca podría ser mamá, pese a que era lo que había soñado desde pequeña. Perdió dos embarazos y, en el tercer intento, los médicos le dijeron que iba a ser difícil que sus cuartrillizos pudieran nacer todos vivos. Pero ella estaba convencida, “van a nacer, y van a nacer los cuatro”, se repetía, y así fue.

El 7 de mayo, en el Hospital Materno Infantil Ramón Sardá de la Ciudad de Buenos Aires, dio a luz a sus bebés: Zoe Fiorela, Jeziel Mauricio, Adriel Shamil y Gabriel Ulises. Pasó tres meses sola con el personal del hospital porque, en medio del aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO), su marido, Ulises, de 22 años, no pudo viajar y su mamá, Martha, que había arribado al territorio porteño con ella, tampoco podía acercarse porque podría representar un riesgo frente a la pandemia de coronavirus.

Pese a estas adversidades, Adriana se mostró muy agradecida con médicos, enfermeros y personal del Sardá, por el acompañamiento y la contención que recibió. “Siempre estuve bien atendida, bien monitoreada, desde el momento que ingresé”, remarcó en diálogo con Todo Noticias. A su vez, recordó especialmente a la psicóloga, que la ayudó a entender su embarazo y la enfermedad que ella tiene.

“Dios me mandó en un solo milagro a mi familia”, admitió esta mamá, que en este momento tan fuerte se refugió en la fe, empezó a rezar más y a pedir por la salud de su familia.

La primera en nacer fue Zoe, que pesó 1,300 kilogramos. “Era una cosa bien chiquitita y no puedo creer que haya salido de mí”, reconoció. Luego, llegó Jeziel, con 990 gramos, “fue el más pequeño de todos”; le siguió Adriel, con 1,080 kilos; y, el último, que fue el más grande, Ulises Gabriel, que pesó 1,460 kilos.

Adriana eligió cada uno de los nombres de sus hijos por sus profundos significados: “Zoe quiere decir llena de vida y Fiorella, pequeña flor; Adriel es pastor de Dios y Yamil significa comprensivo; Ulises es Dios y Gabriel, de carácter fuerte; por último Jeziel significa Dios une y Mauricio buena persona”.

Los cuatro bebés permanecieron internados por tres meses, hasta el 3 de agosto, cuando fueron dados de alta. Como Adriana, su mamá y sus hijos no podían regresar aún a Salta, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires les prestó un departamento para alojarse temporalmente.

Con las flexibilizaciones de la cuarentena, el 16 de agosto pudo llegar Ulises, el flamante papá de los cuatrillizos. Sin embargo, fue recién 14 días después que pudo conocerlos, porque antes tuvo que cumplir con la cuarentena obligatoria por si estaba contagiado. “Fue muy emocionante, lloramos todos”, recordó Adriana sobre aquel momento en el que volvió a abrazar a su marido y le presentó a sus hijos, después de casi cinco meses de estar lejos de él y de haber parido sola, a 1700 kilómetros de su casa.

En noviembre: estudios a los cuatrillizos y viaje a Salta

Ahora la familia espera ansiosa a los primeros días de noviembre, cuando los cuatrillizos van a tener un nuevo control general tras el cual les van a decir si están en condiciones de viajar hasta Salta. “Por el momento va todo bien. Depende de lo que me digan estamos queriendo poder irnos”, señaló Adriana. Aunque aclaró: “Tienen que habilitar los viajes a nivel nacional, sino no podemos”.

Según explicó, al ser prematuros sus bebés requieren de más controles y decidieron esperar un poco más en la Ciudad de Buenos Aires porque, cuando regresen a Salvador Mazza, deberán realizar los controles generales cada tres meses en Salta capital, lo que implica un viaje de ocho horas. “Por cada bebé tiene que viajar una persona”, contó la mamá de los cuatrillizos.

La pareja no ve la hora de poder regresar. Hoy, les hace falta, al menos, un integrante más en el equipo Beramendi. “Los bebés tienen cinco meses y medio, y ya no podemos los tres con los cuatro. Nos falta una mano para poder cuidarlos”, resaltó Adriana, y explicó que deben organizarse para cumplir con cada rutina.

El sueño de volver a Salvador Mazza

“Para bañarlos, mi esposo los descambia, mi mamá los baña y yo les doy la vitamina, los seco y los cambio. Inmediatamente quieren tomar la leche, pero deben esperar media hora por el medicamento. Entonces tenemos que tenerlos a upa porque lloran”, ejemplificó la mamá.

También contó que siempre hay uno de los bebés que queda sin brazos, porque antes levantaban de a dos pero ahora ya no pueden hacerlo, porque pesan más. Por eso, están ansiosos y sueñan con volver a Salvador Mazza, donde sus dos hermanas los están esperando para ayudarlos.

Los familiares de Ulises deberán esperar un poco más para conocer a los cuatrillizos, ya que viven del lado de Bolivia y las fronteras internacionales permanecen cerradas. “Esperamos poder estar allá para pasar las fiestas todos juntos”, exclamó Adriana.

La historia contada y captada por un reportero gráfico

Durante su estadía en el Sardá, el reportero gráfico Hernán Churba realizó una producción audiovisual en la que decidió contar la historia de esta mamá y su odisea para traer a sus hijos al mundo en medio de la pandemia. Sobre este video, el autor contó: “El objetivo del mismo es visibilizar su trabajo (en referencia al personal del hospital), como así también conocer algunos ejemplos de las historias que suceden y se pueden encontrar en estos lugares”.

Ya desde el sanatorio, y con la ayuda de las personas que se acercaron a acompañarla, Adriana lanzó una campaña solidaria para pedir ayuda de la sociedad para poder mantenerse junto a su familia en Buenos Aires hasta que puedan regresar a Salta.

En este momento, está necesitando ropa de verano, un ventilador, pañales y leche. También dinero en efectivo para ayudarla a comprar los pasajes hacia su provincia, ya que deben viajar en avión y no reciben asistencia del Estado para poder costearlos.

Pensaba tenerlos en el Hospital Materno Infantil de Salta

Adriana pensaba tener a sus bebés en un hospital de la capital salteña, donde los médicos de Salvador Mazza le explicaron que iban a recibir una mejor atención, ya que cuentan con mayor infraestructura. Pero, cuando llegaron, se dieron cuenta de que ella tenía el DNI vencido y el personal de salud les dijo que, por este motivo, “iban a tener acceso limitado a los medicamentos”.

“Necesitaba renovarlo y me pedían la partida de nacimiento, que tardaba de uno a tres meses”, detalló Adriana. Como ella nació en Moreno, en la provincia de Buenos Aires, decidió sacar los pasajes y viajar para tramitarlo personalmente.

Fueron dos días a bordo de un micro junto a su mamá: algo que sería agotador para cualquier persona, para ella con un embarazo de riesgo, se convirtió en un desafío enorme. Llegaron un viernes y pensaban que el lunes, podrían buscar la partida de nacimiento y regresar a su provincia.

Era 16 de marzo y ninguna de las dos se imaginó que al viernes siguiente el presidente Alberto Fernández decretaría el aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO), dejándolas de forma obligada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Adriana y Martha durmieron los dos primeros días en un alojamiento. “Me sentía fatigada, estuvimos sábado y domingo en un lugar pago. Mi mamá me tuvo que comprar dos ampollas de heparina por la trombofilia y no pensamos que era tan cara. Nos quedamos sin plata”, recordó.

Martha fue a una Iglesia de Retiro a pedir ayuda y el cura llamó a un parador para personas que no tienen a dónde dormir. Al día siguiente, la llevaron a hacerse atender a la maternidad Sardá. “Me internaron para hacerme el control general. Iba a ser una semana y algo, pero me prohibieron viajar con la panza”, recordó.

Dos de los cuatrillizos estaban delicados y Adriana no se sentía bien. “Mi cuerpo ya no podía aguantar más. El 7 de mayo me hicieron la cesárea a las 16.30. Tenía mucho miedo de que me pasara algo a mí o a mis bebés. En el momento en el que los escuché llorar y los doctores me los mostraron me sentí muy feliz, muy emocionada, le daba gracias a Dios porque estaban bien”, aseguró.

Contra todo pronóstico médico, esta joven mamá acababa de dar a luz a sus bebés y todos estaban vivos. Sin embargo, estaba sola en el hospital, no tenía a nadie de su familia con ella por los protocolos impuestos por la pandemia. “Pasé tres meses sin poder ver a mi mamá porque el virus estaba complicado y no quería exponerla a ella ni a los bebés”, remarcó.

Así, los médicos, enfermeros y personal del Sardá se volvieron su sostén y el de sus hijos. Al día de hoy, Adriana cree que Dios la guió hasta ese lugar, que sus hijos debían nacer allí y está infinitamente agradecida por la calidad de atención y la contención que le brindaron.

Trombofilia, púrpura y lupus: un pronóstico desalentador

A los 15 años, Adriana Beramendi comenzó a tener problemas de salud. Su cuerpo lucía amoretonado, le dolía la cabeza cuando estaba al sol y le sangraba la nariz. Los médicos pensaron que podía tener leucemia.

La internaron en un hospital de Santa Cruz, en Bolivia, muy cerca de su localidad, donde le diagnosticaron púrpura trombocitopénica idiopática (PTI), una enfermedad que ataca las plaquetas. En ese entonces, los médicos le recomendaron que no tuviera hijos.

Poco después, conoció a Ulises. Al año y medio de relación, sin planearlo, ella quedó embarazada, pero terminó perdiendo al bebé. Luego, volvió a sucederles lo mismo. Fue tras la pérdida del segundo embarazo que llegó un nuevo diagnóstico: lupus. Los médicos volvieron a recomendarle que no tuviera hijos. “Tengo lupus, púrpura y trombofilia”, detalló Adriana.

Sin planearlo, la pareja volvió a embarazarse. “El doctor miró la ecografía y se asustó, me dijo que no era un bebé. Imagínese si con un bebé estaba así cómo voy a estar con dos, le dije. Y el doctor me dijo son cuatro bebés. Tenía mucho miedo”, aseguró.

Cuando le contó a su marido, él se quedó callado, “en shock”, pero luego reaccionó y trató de tranquilizarla a ella. Estaban lejos, ya que él no había podido acompañarla, por lo que compartieron el momento por teléfono.

Tanto ella como su marido tenían antecedentes de embarazo gemelar. De parte de la familia del papá de Adriana hubo un caso de mellizos, y del lado de Ulises, de gemelos.

La familia había decidido tener a sus bebés en Bolivia, de donde es oriundo Ulises, pero una terrible noticia los hizo cambiar de decisión. ‘El médico me dijo que debía elegir a tres bebés y hacer morir a uno. Le dije que no, que si tenían que nacer, tenían que nacer los cuatro”.

Pese a su cuadro logró lo que tanto deseaba: Ser mamá

Afortunadamente, una sucesión de eventos desafortunados la llevó a trasladarse 1700 kilómetros y la dejó en manos de los especialistas de la maternidad Sardá y, pese a que su cuadro era realmente complicado, logró lo que deseaba, ser mamá.

“La probabilidad de tener cuatrillizos de manera espontánea, con cuatro óvulos diferentes, es de una en 600 mil, la probabilidad de tener púrpura es de 20 de cada 100 mil, y del lupus es de 10 cada 100 mil, osea que es una combinación de factores tremendamente infrecuentes”, resaltó el doctor Fernando Neuspiller, especialista en fertilidad, ginecólogo y director de IVI Buenos Aires.

Y dio detalles sobre los riesgos que estas patologías, a las cuales definió como “una combinación explosiva”, podrían haber traído para la mamá y sus bebés. “El lupus y la púrpura son enfermedades autoinmunes, eso quiere decir que tu cuerpo rechaza o reconoce a una parte de las plaquetas como un proceso extraño, entonces las ataca y, cuando lo hace, genera que vayan desapareciendo”, comenzó explicando.

Y agregó: “En el embarazo, también hay como una ‘plaquetopeña relativa’, que es una disminución de las mismas. Por lo cual, es una combinación un poco compleja el embarazo más púrpura trombótica idiopática, más aún teniendo cuatrillizos, porque a veces los anticuerpos que atacan a las plaquetas también se meten adentro de la placenta y podrían afectar al sistema plaquetario de los bebés”.

Además, el especialista resaltó que el lupus, en general, “no afecta a los bebés en sí, sino que puede afectar -no en todos los casos- a la mamá atacando ciertos órganos, como los riñones, y traer enfermedades asociadas como hipertensión, insuficiencia renal, cardíaca, hipertensión pulmonar”.

Por este motivo, Neuspiller consideró que Adriana “tuvo muchísima suerte” y advirtió “que debe haber estado muy bien tratada en la Sardá, que es una gran maternidad estatal, para poder llevar este embarazo adelante”.

Fuente: .Todo Noticias 

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