Si Ud. circula por algunas oficinas (especialmente del sector público) y advierte que un empleado juega un solitario en la computadora, que otra empleada se arregla obsesivamente las uñas, más allá otro chatea en el celular, mientras otra escucha un rap con sus audífonos; no es que sean vagos. No señor. Sufren, sí, sufren seguramente del síndrome del Boreout que es uno de los últimos descubrimientos de la ciencia para justificar a los vagos, a los vagos padecimientos que perturban a los trabajadores (trabajadores es una forma de decir). También puede ser que sufra de “Aburrimiento Crónico”, que según los expertos es parecido, pero no lo mismo. En cualquiera de los casos, señor empleado, le recomendamos que si su patrón le pregunta cómo se siente, responda: “sufro el síndrome de Boreout”, porque si responde que está crónicamente aburrido, encontrará que su empleador maneja múltiples recursos para sacarlo de su tedioso estado... 

Elogio del aburrimiento 

Pero ante esa injusta crítica patronal Ud. puede argumentar que grandes ideas la produjeron hombres aburridos: Newton paseaba por su jardín con las manos en los bolsillos y descubrió la Ley de la Gravedad. Descartes escribió El discurso del método tras verse aislado por la nieve. Adam Smith concibió La riqueza de las naciones, pilar de la economía moderna, simplemente para pasar el tiempo mientras acompañaba a un noble fuera de su país. Walter Benjamin, en un exceso de lirismo, declaró que el aburrimiento es “el pájaro de ensueño que incuba el huevo de la experiencia”. 

También puede argumentarle que autores tan diversos como Kierkegaard, Moravia, Kant o Nisbet afirmaron, cada uno a su manera, que Adán y Eva dejaron de aburrirse cuando Dios los expulsó del Paraíso, porque ¿qué hay más aburrido que un lugar donde todas las preguntas y necesidades están ya resueltas y el futuro se ve como un horizonte infinito de monótona felicidad? En su ensayo “Andar, una filosofía”, Frédéric Gros cuenta cómo Rousseau declaraba sentir hastío ante la visión de la mesa de trabajo de su gabinete, y para combatirlo daba largos paseos, durante los cuales acudían a su mente la inspiración y las mejores ideas. 

¡Algunas empresas han quedado tan convencidas con estas argumentaciones que procuran que sus empleados se atiborren de aburrimiento, esperando que con eso se les despierte alguna genial idea! Se descubrió que una de las formas más exitosas de aburrimiento es hacerles escuchar a los empleados la emocionante transmisión de una partida de ajedrez por la radio u obligarles a leer una de estas columnas de actualidad laboral. 

Aburridos en serio 

En el 2007, los psiquiatras suizos Philippe Rothlin y Peter R. Werder publicaron un libro con el que bautizaron esta enfermedad como “boreout” (en inglés “bore” es aburrido), diferenciándola del “burnout”, síndrome del quemado. El Burnout se asocia con la presencia de estrés, el afectado se sacrifica hasta el agotamiento por su labor. En cambio, en los aquejados por el Boreout, difícilmente haya estrés y por el contrario se advierte la ausencia de exigencia por la labor que realizan. Dan Malachowski, un investigador de la Universidad de Chicago advirtió que el 33% de sus 10.000 encuestados confesó que su trabajo los aburría. 

Aburrirse estimula la creatividad. Y estar siempre ocupados la aniquila. Es la conclusión de un estudio realizado recientemente por Teresa Belton y Esther Priyadharshini, de la Universidad de East Anglia (Reino Unido). Según concluyen las investigadoras, es imprescindible permanecer “ociosos” durante un tiempo. 

Consejo final: la próxima vez que vea algún aburrido por ahí, ¡no lo distraiga! Se puede estar gestando un nuevo genio. Pero si el que tiene enfrente es un candidato que se autoperciba aburrido ¡que Dios nos ayude!

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