“Biocenosis” plantea la animalidad del hombre en tiempos de pandemia

Hasta el 30 de noviembre en El Palacio Galerías (Mitre 37 y Caseros 662) estará expuesta “Biocenosis”, del Colectivo Artístico 3.0, formado por Luis Colque, Sergio Díaz, Emanuel Dondiz, Juan Carlos Flores, Jorge González, Luis Guerrero, Esteban Quiroga, Pablo Salva y Javier Torres. 
Cuatro de estos artistas recorrieron la exposición con el equipo de El Tribuno para detallar el proceso de producción de esta miscelánea de contenidos y técnicas que se teje a partir del leitmotiv biocenosis. Si esta última da nombre al “sistema biológico formado por el conjunto de poblaciones de seres vivos que habitan en un lugar, en unas condiciones del medio y en un momento determinado”, con certeza no podía escapar a la magnitud física de la pandemia. 
En palabras de Emanuel Dondiz: “No era un concepto al que tuviéramos tan claro. En primera instancia uno lo asociaba más a los biomas o algún aspecto geográfico, pero está relacionado con la biología. Entonces, aunque podíamos trabajar tanto con fauna como con flora predominó la fauna, porque es un concepto más interesante de plasmar a nivel plástico. Es menos desafiante quizá comunicarla, pero nosotros trabajamos con esta metáfora visual de la imagen que dice otra cosa”. 
Para la muestra presentó “Etología mundana”, dos dibujos a lápiz que retratan una misma escena en doble perspectiva. Así también se desdobla la etología, tanto “parte de la biología que estudia el comportamiento de los animales” como “estudio científico del carácter y modos de comportamiento del ser humano”, según la Real Academia Española. 

Emanuel Dondiz se volcó a los constructos sociales animales en el hombre.

Un hombre de negocios con máscara de oso viaja en un ascensor con un grupo de osos de anteojos y de espaldas a la puerta del aparato que los trasladará entre pisos. Llegan a destino y ganan protagonismo sus acompañantes, preparados para salir atropelladamente. 
Dondiz señaló que buscó huir de las imágenes e ideas de animales aceptadas comúnmente por la sociedad casi con un carácter de representación inmutable. Así llegó al oso de anteojos, una especie de la que afirmó saber, luego de haber visto un programa televisivo al respecto, que fue el único plantígrado que vivió en el Norte argentino. “Durante investigaciones encontraron huesos y huellas que dan indicios de que habitó aquí. Además, se cree que el mito del Ucumar está relacionado con el avistamiento del oso de anteojos”, aportó Dondiz. Sus obras sin duda proponen un singular viraje. Allí la condición salvaje vaga libre dentro de la dimensión humano-ambiental sin temor de ser objeto de apropiación o caza, mientras que el “amansador” recurre a un camuflaje protector. “Si uno puede ver los parámetros de la etología como el comportamiento de manada vemos que el ser humano tiene constructos sociales animales. En mi obra retraté el esfuerzo por encajar, por disimular la diferencia para ser parte del grupo y la ironía de llevar al extremo el tratar de ocultar la identidad, es decir, la presencia humana”, expresó. 

“Cynos”

Pablo Salva se orientó hacia los perros en situación de calle y su anonimato en la vida del hombre.

Por su parte el artista Pablo Salva relató que decidió conectar con la propuesta dibujos que venía elaborando. Perros flotando en diferentes torciones, captados en pleno movimiento, en caída o salto, de acuerdo con la mirada del espectador, conforman la serie “Cynos”. “Son instantáneas justo en un momento en que intentaba despegarme un poco de las pantallas. Durante el encierro tuve a mano celular y computadora, pero cuando nos liberaron de la cuarentena durante las caminatas que hacía para ejercitarme veía perros en la calle. Me interesaba mantener una relación directa con ellos como otro modo de vida”, señaló Salva. Fue entonces cuando cobró significado la conexión con la constelación del perro, que, según su reflexión, “permite percibir e imaginar a perros callejeros en los cielos, que nos guían y acompañan en forma de espectros en la noche, se transparentan, esfuman, evaporan y pierden su identidad en lo fugaz del paso apresurado. En un movimiento violento dejan paso al no-ser y al olvido de sus existencias”. De esta manera se explica el anonimato que les hace ganar el borrón en sus rostros. 
Como soporte de dos de sus pinturas empleó maderas irregulares de quebracho colorado, cuyo aspecto en sí mismo es de naufragio. “Quería intervenir esa materia prima, porque me parecía que le daba una textura interesante, algo más orgánico, porque se trataba de trabajar sobre material que no era propio del arte plástico como un lienzo”, señaló Salva. 
También presentó otra serie, “Puma... litio”, en la que un compuesto azulado va apropiándose de un felino salvaje de gran porte, indefenso ante el avance del “hombre moderno/colonizador”. 

Detrás de Juan Carlos Flores su serie “Asalto a campo abierto”. 

La crisis sanitaria ha expuesto muchas fragilidades en las economías y ha profundizado las desigualdades existentes. En estos tiempos no son pocos quienes advierten que el mundo ha entrado en una espiral de crisis económica, tensiones políticas y conflicto armado. Por ello, Juan Carlos Flores, con “Asalto a campo abierto” ha dotado de hondo simbolismo cada porción de sus obras. En este caso, gallos de riña representan a las potencias mundiales y su interés por el territorio y la supremacía en el manejo de los recursos naturales.
“Los gallos de riña llevan en sus genes la destrucción y la guerra y los dueños los preparan para la pelea, al punto de no poder ser controlados por ellos”, sintetizó Flores.
Una cabeza contemplativa de un gallo cavila en manchas que semejan campos de concentración, líneas marcan las estrategias de combate diseñadas como en los mapas antiguos. En otra obra los gallos se revuelcan despiadados. De fondo, restos, como el de un auto quemado, luego del paso destructor de las bombas y naves indefinidas que tanto pudieran ser bombarderos aéreos como submarinos. 

Contraofensiva 

Jorge González problematizó la reacción de los animales ante la depredación humana. 
 

Diversas entidades aseguran que la actividad humana ha alterado el 75% del medio ambiente, cercando la vida silvestre. A este y otros aspectos como la deforestación, la producción intensiva de alimentos y el tráfico ilegal de especies que fueron vinculados al aumento de las enfermedades zoonóticas como la COVID-19- alude “Biocenosis”. 
Lo hace Jorge González con “Los otros”, cuyos personajes antropomorfos o como procreados por individuos de distintas especies ponen a reflexionar en el binomio “animal humano/ animal no humano”. En su caso sus retinas guardaron las cruentas imágenes de los incendios de bosques nativos en Brasil y en Argentina. ¿Cómo hubieran desplegado los animales autóctonos una contraofensiva?
La intertextualidad con la serie española “La casa de papel” se hace presente en una armadilla que empuña una metralleta. O en la escena de un loro barranquero que semeja una foto tomada durante una guerra civil en Irak. En ambas, nos retrotraemos al “Flower power”, de Bernie Boston, o a los soldados de la portuguesa Revolución de los claveles, que colocaron esta flor en abril de 1974 en sus cañones y fusiles, como símbolo de que no deseaban disparar sus armas. 
“En nuestros diálogos previos para esta muestra surgió la temática del otro, el otro como amenaza quizá por desconocimiento. Con estas imágenes metafóricas he tratado que se revele una voz, un pedido de que se haga presente en forma directa lo que desconocemos. La naturaleza también puede venir con sus armas, que no llegan a funcionar como tales sino como una mera manifestación de lo que viene sucediendo y de lo que estamos apartados”, indicó González.
Y sin dudas toda “Biocenosis” proporciona al espectador el ímpetu para revisar su relación con el medio ambiente.

La mirada de especialistas

“Animales que escapan de las fábulas”*

“(...) Cuando repasamos el conjunto de obras del colectivo artístico 3.0, que integran la muestra Biocenosis, la demanda por una reflexión sobre estos días parece ser imperiosa. La operación más arriesgada de las obras es el propósito muy franco de rearmar el registro coral, sin solapar los aportes distintivos de cada artista, donde la estrategia común es pensar(nos) desde el registro biopolítico de la animalidad. Potente recurso el de decir una cosa mentando otra: decir al hombre bajo la metáfora permanente de la animalidad. La percepción de las imágenes vertiginosas que las obras van tramando, como un relato coherentemente dosificado, sobre la bestialidad de nuestros días, oscila entre la contundencia hiperbólica de lo armamentístico y la brutalidad del degüello vacuno, a la precarización de los polluelos -sobrevivientes al fin- anidando en un cráneo y la paisajística versión de crestas tornasoladas. (...) El conjunto de obras no solo increpa por estos aspectos, demanda aún más porque en el itinerario de sus imágenes va recuperando los sinsabores de la vida en comunidad. El capitalismo, la religión, el deporte, la alimentación, la guerra, la ecología aparecen indirectamente representados como las marcas discursivas sensibles de un escenario caótico, tan hondamente humano como el odio que lo habita (...)”. 

*Por Hernán Sosa, Dr. en Letras

“Laten los instintos del hombre”*

“Los integrantes del Colectivo Artístico 3.0 nos introducen en la problemática de la biocenosis. Ahora bien, con su simbología, el hombre forma parte de la naturaleza que compone estos ecosistemas. Aquella no ha perdido actualidad, ya que la mente del hombre retiene su historia y en su pensamiento ha conservado esas etapas de desarrollo. El mismo cosmos se convirtió en símbolo, una forma que desde sus inicios el hombre ya daba al espíritu de la piedra y del animal en las pinturas rupestres. Entonces, en esas matanzas simbólicas, la imagen duplicó a otras cacerías, otras búsquedas. Así también, el hombre se disfrazó de animal manifestando su naturaleza primitiva concentrada en el contenido psíquico del símbolo. Latía allí ese instinto, ese presentimiento, de que el hombre puede controlar a diferencia del animal que actúa como le ordena su propio origen. 
Se puede decir que en estas aproximaciones a la biocenosis se encontrarán múltiples aspectos y variables para definir el término ‘colectivo’. Cada serie, cada obra, a modo de mínima expresión de imágenes plásticas, coloca en situación la acción del hombre que modifica como unidades creadas por la naturaleza, perfecta en su esencia. Queda al espectador de esta muestra ser el intérprete de tal problemática”. 
* Por Leandro Mendoz, Prof. de Artes Visuales

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